sábado, 30 de marzo de 2019

La interiorización de las reglas

Un reto para educadores, administradores, religiosos y políticos. 


Una persona que atropella a otros cuando ingresa al transporte masivo, las amigas que conversan o comentan en voz alta la película que estamos viendo, el fanático que riega su cerveza en nuestra espalda, el conductor que se hurga la nariz o el oído en la parada del semáforo, el ciclista que se cree dueño del andén, el comensal que habla porquerías cuando queremos disfrutar en nuestro restaurante favorito, son exasperantes y las calificamos como “mala educación” porque perturban la convivencia. 

¿Qué esperas de una persona bien educada?, ¿Cuáles normas hay en tu familia?, ¿Cuáles son las principales normas en tu vida personal? 


Somos más sensibles a percibir la “mala educación” de los demás que la nuestra, pero con seguridad, nuestros familiares y amigos también han observado conductas criticables en nosotros, por “bien educados” que nos creamos. 

La armonía, compatibilidad y convivencia entre las personas depende, muchas veces, de la observancia de reglas sociales acerca del comportamiento aceptable o deseable y de los que están prohibidos o no son bien recibidos. 


La calificación de un comportamiento como de “buena” o “mala” educación, aceptable o rechazable, se basa en un discurso social que establece reglas y expectativas, premios y castigos. 

Las instituciones más asociadas con la regulación social son la familia, la educación, la administración organizacional, la religión y los tres poderes políticos (ejecutivo, legislativo y judicial). Su denominador común es la regulación, es decir, el propósito de que las personas adoptemos reglas en las más diversas situaciones de nuestro diario vivir. 


Por supuesto que hay diversos estilos de regulación: desde los más autoritarios hasta los más persuasivos, desde los más impositivos hasta los más condescendientes. 

Dependiendo del estilo de regulación, y de otros factores sociales, quien asume la función regulatoria (sea padre o madre, docente, gerente, religioso o funcionario público) tendrá más o menos éxito en hacer que otros adopten las conductas regladas. 


Las reglas, como sucede con la digestión de los alimentos, pueden ser mal o bien masticadas, mal o bien digeridas y mal o bien asimiladas por nosotros, lo cual depende del contenido y el sentido de la regla, del estilo y la personalidad del regulador, y del proceso personal de cada uno de nosotros. 

Los estudios liderados por Deci y Ryan (2000) sugieren que los reguladores podrán ser más eficaces en la medida de que logren crear ambientes positivos que contribuyan a la satisfacción de nuestras necesidades de autonomía, relación y competencia. 

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sábado, 23 de marzo de 2019

Influencers en nuestra vida

Obedecer [aún] está de moda. 


Kylie Jenner, Selena Gómez y Cristiano Ronaldo ganan mucho dinero por sus publicaciones en las redes sociales, gracias a los millones de seguidores que tienen. 


¿Quiénes influencian tu vida?, ¿En qué asuntos te dejas influir?, ¿Cómo manejas esas influencias? 

Tener millones de seguidores en Facebook, YouTube, Instagram o Twitter, los convierte a ellos y a muchos otros, en influenciadores (influencers) en los sectores entretenimiento, turismo, gastronomía, belleza, tecnología, etc. 

“Un influencer es una persona que cuenta con cierta credibilidad sobre un tema concreto, y por su presencia e influencia en redes sociales puede llegar a convertirse en un prescriptor interesante para una marca.” (40defiebre.com) 


Que alguien se convierta en prescriptor de una marca o de un estilo de vida, no es algo nuevo; de hecho, la autoridad que reconocemos a nuestros padres, o a ciertos líderes o gobernantes para prescribir comportamientos, es un factor importante en la cohesión familiar y social. 

Cuando reconocemos la autoridad de alguien, bien porque la ostenta legalmente o le otorgamos cierto liderazgo para influenciar nuestras decisiones y acciones, estamos estableciendo una versión moderna del milenario vínculo de obediencia. 


La obediencia involucra dos momentos y puede definirse operativamente (Isaacs, 1988) como “aceptar decisiones de quien tiene autoridad” (primer momento) y “realizar lo decidido” (segundo momento). 

Nuestra obediencia a las prescripciones de nuestros padres, figuras de autoridad o influenciadores, puede ir desde el sometimiento irracional de nuestra voluntad a las decisiones de otro, hasta una sana apropiación de la experiencia y el conocimiento ajenos. En este sentido, la obediencia puede revelar una limitación personal o una verdadera fortaleza. 


Sin embargo, lo que hace de la obediencia una virtud social es el conjunto de atributos que están ligados a la “verdadera obediencia”: que las decisiones se acepten como propias, la prontitud para realizar los decidido, el empeño para interpretar fielmente la intención de la otra persona y su relación con otros valores. 


Es decir, podemos actuar solo “como si estuviéramos obedeciendo” (de manera exterior) o podemos “obedecer de modo auténtico, voluntario e inteligente” (con verdadero compromiso personal). 

Si acostumbramos obedecer solo de manera exterior es muy posible que estemos fortaleciendo un patrón de comportamiento basado en la obediencia pasiva y la regulación externa de nuestra vida; esta manera de vivir la obediencia está relacionada con lo que podemos llamar la conducta no motivada o, incluso, con la desmotivación (Deci y Ryan, 2000). 

En cambio, si obedecemos a otros en los términos de una virtud social (apropiación, prontitud, empeño y fidelidad), siempre y cuando el asunto no involucre ilegalidad o injusticia, estaremos más cerca de la auténtica motivación (Deci y Ryan, 2000). 


Revisemos a quiénes estamos obedeciendo, cómo lo estamos haciendo y en qué asunto estamos aceptando y ejecutando las decisiones de otros; dependiendo de las respuestas que podamos descubrir, podemos darnos cuenta si estamos cultivando nuestra propia motivación, o no. 

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sábado, 16 de marzo de 2019

Vitalidad, nuestra propia fuente de vida

Capacidad para vivir saludablemente.


Hay momentos en el día que nos sentimos con más energía y llenos de vitalidad; para algunos, puede ser las mañanas, para otros, las noches. Así como nuestra sensación de vitalidad cambia durante el día, también cambia con las circunstancias y con la edad. 


¿Qué revela la vitalidad de nosotros mismos?, ¿Cuándo te sientes más vivo?, ¿Como cuidas y cultivas tu vitalidad? 

Somos seres vivos; estamos constituidos por procesos biológicos que, a nivel molecular, tienen la capacidad de reproducirse y mantenerse de manera constante para preservar nuestra vida. Es el revolucionario concepto de autopoiesis (Maturana y Varela, 1973) de los sistemas vivos. 


La autopoiesis, o vitalidad, se manifiesta como una tendencia al crecimiento, al desarrollo y a la salud, de los seres vivos; como seres humanos no somos la excepción y nuestra vida también es una expresión de vitalidad autopoyética y de esa natural tendencia a vivir en cualquier contexto donde estemos. 

Hay muchos ejemplos de vitalidad: el niño pequeño que quiere estar jugando constantemente y que no quiere dormirse cuando estamos ya rendidos por el sueño, el adolescente que se recupera rápidamente de una cirugía o de una convalescencia, los jóvenes que son capaces de concluir una larga jornada de estudios en una noche de fiesta, hasta la madrugada, los atletas y deportistas en general que muestran gran flexibilidad, fuerza y velocidad en la competencia, las personas cuando se entregan diligentemente a la realización de sus deberes, de su trabajo o del cuidado de otros, los ancianos que sorprenden con su energía y entusiasmo, a pesar de la disminución de su fuerza física. 


Desde el punto de vista psicológico, la vitalidad se relaciona con una vivencia de “interés, excitación y confianza, lo cual a su vez se manifiesta (…) en una elevación de la vitalidad” (Nix, Ryan, Manly, & Deci, 1999). Por eso, es inevitable que asociemos la vitalidad como unos de los rasgos característicos de las personas automotivadas. 

Hay una clara relación entre conducta automotivada y autopoiesis vital. 

En resumen, la vitalidad hace parte de la naturaleza del ser humano, en cuanto somos seres vivos, una tendencia al crecimiento y al desarrollo; es una característica de nuestra capacidad para vivir plenamente y fluir saludablemente por las circunstancias de nuestra vida, aún en los peores momentos. 

Cuidemos y cultivemos, entonces, nuestra vitalidad. 


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sábado, 9 de marzo de 2019

Atrévete a vivir con creatividad

Todos podemos ser muy creativos. 


Los niños pequeños tienen una forma “única” de hacer sus dibujos, contar ocurrencias o imaginar mundos distintos; tú también tienes una forma “única” de pensar, hablar, sentir o relacionarte. 


¿Cómo es tu creatividad?, ¿En qué ocasiones eres creativo?, ¿Cómo cultivas tu creatividad? 

La transformación de servicios tradicionales en nuevas industrias, muchas veces, soportada en plataformas compartidas por proveedores y clientes: el taxi en Uber, la hotelería en Airbnb, la mensajería local en Rappi, es un ejemplo de creatividad humana. 

De manera general, la creatividad puede definirse como cualquier proceso adaptativo al entorno, caracterizado por la originalidad en la realización de algunas actividades o la producción de determinados resultados (Consuegra, 2010). 

Con frecuencia, no somos originales en nuestras actividades o resultados, cuando estudiamos, trabajamos, hacemos ejercicio, cultivamos un arte o participamos en la sociedad. Pero todas las personas podemos actuar con creatividad porque, más que una característica de personalidad, la creatividad es un proceso de pensamiento que puede aplicarse a determinados campos de nuestra vida. 

Entendida como un proceso de pensamiento, la creatividad consiste en establecer nuevas relaciones entre los conceptos o los objetos, que genera cambios significativos y transformaciones (Galimberti, 2002). 

Por ejemplo: 

El propietario de un automóvil particular está acostumbrado a transportar familiares, amigos y conocidos, pero alguien descubrió una relación entre los usuarios de transporte público y el automóvil estacionado en el garaje. 

Muchas personas suelen brindar alojamiento temporal a sus familiares o amigos, pero alguien descubrió una relación entre los viajeros con escaso presupuesto y una habitación disponible en tu vivienda. 

Algunos restaurantes despachan sus comidas a domicilio, pero alguien descubrió una relación entre los negocios que no atienden domicilios y jóvenes desempleados dispuestos a movilizarse en bicicleta. 

En este sentido, todos tenemos la capacidad y la posibilidad de encontrar nuevas relaciones entre los conceptos o los objetos que manejamos en el estudio, trabajo o tiempo libre, porque la creatividad es una tendencia natural en el ser humano y una expresión del vivir. 

De hecho, cada nuevo día tenemos la posibilidad de repetir las actividades, decisiones o relaciones de los días anteriores o la de empezar nuevas actividades, tomar decisiones distintas o cultivar otras relaciones. 

Tal vez, en el pasado, se insistió en la creatividad como un estilo de pensamiento privilegiado o una característica de personalidad de unos pocos; la verdad es que determinadas condiciones educativas o sociales pueden sofocar la natural creatividad de los seres humanos o pueden potenciarla. 

En el caso de los padres de familia, educadores, empresarios o dirigentes, es importante reconocer que la creatividad prospera y se libera en ambientes de autonomía, donde el individuo puede satisfacer sus necesidades psicológicas y tiene la oportunidad de realizar actividades que le interesan y motivan (Deci & Ryan, 1991). 

En cambio, los ambientes excesivamente controladores, dificultan el procesamiento conceptual y creativo en el aprendizaje (Sheldon, Ryan, Rawsthorne, & Ilardi, 1997). 

En conclusión, podemos decir que necesitamos tener una actitud positiva hacia nuestra propia creatividad, de manera que potenciemos la realización de nuestras tareas diarias y aprovechemos oportunidades que nos ofrece el diario vivir; igualmente, para que fomentemos en nuestros hijos, estudiantes o colaboradores, ese enorme capital humano llamado creatividad. 

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domingo, 3 de marzo de 2019

Ese poderoso factor llamado voluntad

La voluntad es una fuerza que se puede desarrollar. 



¿Recuerdas el día que llegaste hasta la cima y te sentiste pleno? Esa cima pudo haber sido la de una pequeña colina en una excursión de fin de semana o un pico nevado en tus vacaciones, aprobar un examen, entregar a tiempo una tarea, superar una entrevista laboral, terminar un proyecto, cumplir una promesa, alcanzar un objetivo, concluir  una dieta, desarrollar una habilidad, lograr una certificación, etc. Llegaste y te sentiste en la cima.

¿Cómo ha influido tu voluntad en tus logros?, ¿En qué necesitas poner más voluntad?, ¿Cómo cambiaría tu vida si tuvieras más voluntad? 

Hay un componente común en todas nuestras experiencias de “llegar hasta la cima”: el ejercicio de nuestra voluntad. 


La voluntad se relaciona con nuestra capacidad de elegir y dirigir nuestras propias acciones, incluso enfrentando obstáculos nuestros o del entorno. En este sentido, en cada una de nuestras decisiones o acciones, se reflejan diferentes grados o intensidades de nuestra voluntad. 

El trabajo que hacemos para “llegar hasta la cima” desarrolla nuestras aptitudes y competencias, así como fortalece nuestra personalidad y le da sentido a segmentos de nuestro vivir. 


Cuando aplicamos toda nuestra voluntad a un objetivo, nos ponemos más cerca de lograrlo porque la voluntad actúa como una fuerza, esto es, como verdadera fuente de energía para realizar lo que nos proponemos. Con verdadera voluntad, los retos se hacen más fáciles o, por lo menos, más probables de ser resueltos. 


El ejercicio de nuestra voluntad nos brinda un sentimiento de autonomía, porque implica integrar nuestras intenciones, motivos y acciones, para “llegar hasta la cima”. 

Por ejemplo, hacer nuestras tareas oportunamente y no a última hora -sean trabajos académicos, pago de servicios públicos, facturas o créditos personales, informes laborales, etc.-, implica que integremos lo que queremos (ser oportunos), con nuestros motivos (estar tranquilos, hacer las cosas bien, sentirnos responsables) y nuestras acciones (hacer nuestras tareas, pagar, entregar los informes). 

Nuestra capacidad para integrar nuestras intenciones, motivos y acciones, es lo que nos permite “llegar hasta la cima” y sentirnos como personas autónomas, con las siguientes ventajas: 

  • Experimentamos lo que hacemos como algo más interesante y agradable. 
  • Resolvemos necesidades específicamente relacionadas con lo que hacemos. 
  • Fortalecemos nuestros intereses y nuestros valores. 
  • Consolidamos nuestro sentido de identidad y conciencia de nosotros mismos. 
  • Sentimos un afecto positivo, alegre y esperanzador. 

La voluntad consciente y oportunamente ejercida en nuestras decisiones o acciones, nos brinda ese sentido de autonomía que no nos pueden brindar los demás, porque es una experiencia que depende sólo de nosotros. Podemos encontrar en nuestro entorno cierta libertad para elegir y actuar, pero la experiencia íntima de autonomía depende de cómo actuemos nuestra voluntad. 


En algunos casos, la voluntad de nuestras decisiones o acciones será lo único que haga la diferencia respecto de otros y en nuestra propia vida. 

¡Nuestra voluntad nos hace más humanos! 

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sábado, 23 de febrero de 2019

La libertad

Una experiencia humana más acá de las ideologías. 


Una de las cosas más hermosas que distinguen a los niños es su creciente libertad: aprenden a caminar, hablar, dibujar, decir “No”, jugar en el parque y, con ello, aprenden a ser libres. 

(Apreciado lector: este post no contiene más imágenes porque nuestra plataforma está funcionando incorrectamente. Discúlpanos por publicar sólo texto)
¿Cómo fomentas tu libertad?, ¿Cómo usas tu libertad?, ¿Cómo puedes hacerte más libre de verdad? 

Todos hemos tenido experiencia de la libertad; en algunos momentos o situaciones nos hemos sentido más libres y en otros, menos libres. Pero, es innegable que “sabemos” cuándo nos sentimos libres y cuando no. 

El regalo de la libertad es algo que acompaña, de manera dosificada, nuestro proceso de crecimiento y desarrollo. A medida de que transcurre nuestra vida, experimentamos más libertad, tal vez, porque más la necesitamos. 


Las libertades que requiere un niño o un adolescente son distintas a las exigidas por el joven o el adulto, tanto en calidad como en cantidad. La vida nos ofrece una experiencia dinámica de la libertad, de manera proporcional a nuestra propia transformación. 

En la madurez o la vejez, con la disminución de algunas libertades físicas, se fortalece el sentido de la libertad de conciencia, emocional, intelectual y social: pasos que nos atrevimos a dar antes o caminos que no quisimos recorrer, podrían ya no sernos tan ajenos. 

El proceso humano parece muy cercano a la vivencia innegable de la libertad y de las condiciones sociales que sofocan o permiten florecer la libertad. No tenemos duda de que la libertad existe, nos es dada o nos es restringida. 


Incluso, muchas de las religiones o filosofías han concebido la vida como un proceso de liberación y también interpretan la muerte como un evento de libertad, de liberación, de trascendencia. 

No obstante, la reflexión humana no es consistente ni suficiente para reflejar nuestro sentido de la libertad. Hay posturas filosóficas o científicas que niegan la libertad humana, mientras que otras la afirman y defienden; en la controversia intelectual acerca de la existencia o no de la libertad, pareciera que se manifiesta la insuficiencia de nuestra lógica para abarcar aquello tan cercano e inmenso que llamamos libertad. 


Tal vez, ello suceda porque la libertad es una abstracción de la mente humana para referirnos a la experiencia concreta y momentánea de valernos por nosotros mismos. 

El concepto libertad pretende agrupar momentos tan distintos como servirnos nuestro propio refresco, aspirar el aroma del bosque, nadar en un río, reír sin vergüenza, conocer nuevos amigos, expresar nuestras opiniones, viajar, hacer cosas nuevas, elegir qué comer o a dónde ir. 


Nuestra experiencia nos informa de nuestra libertad, precisamente porque vivimos momentos específicos, con los cuales hemos construido la noción de “libertad”. Son momentos y vivencias íntimos, que ilustran un concepto, pero que son aún más valiosos que su definición porque la vida misma está compuesta de momentos y no, tanto, de abstracciones. 

En el arte de vivir, disfrutar y hacernos conscientes de nuestros momentos de libertad, fortalece nuestra autonomía y reinventa nuestra humanidad. 


Estos momentos de libertad, a veces surgidos de decirle "no" a lo que nos ata, esclaviza o limita, refuerzan nuestra autonomía y motivación. 

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sábado, 16 de febrero de 2019

El poderoso efecto de elegir lo tuyo

No renuncies a elegir. 


El movimiento se asocia con la libertad; por ejemplo, un bailarín dando un salto, como si estuviera suspendido en el aire, un paracaidista en caída libre, disfrutando el vértigo del viento contra su cara, una surfista deslizándose con elegancia y audacia entre el túnel de una ola. 


¿En qué asuntos o campos te gusta elegir?, ¿Qué te motiva verdaderamente?, ¿Qué te brinda libertad?

Somos seres vivos que nos podemos mover y esto es una de las características más evidentes del ejercicio de nuestra libertad. 


No sólo podemos movernos sino que podemos elegir la dirección de nuestro movimiento, lo cual se nos manifiesta como un sentido de autodirección y de autonomía. En la raíz de nuestra libertad, está, precisamente, este acto de elegir una alternativa entre otras posibles, de acuerdo con las circunstancias de nuestra situación particular. 

La antítesis de la libertad, es la sofocación del movimiento, es reducir las alternativas de movimiento y ese sentido de autodirección. Una persona en una celda, con un espacio reducido para moverse, tal vez atada a una silla o encadenada con grilletes, representa lo contrario de la libertad, en la medida de que muy poco puede moverse y tiene muy pocas opciones de elección. 


Los seres humanos nos movemos con nuestro cuerpo en este espacio tridimensional que constituye nuestra realidad exterior, mediante gestos, posturas y conductas. 


También nos movemos con nuestra mente en nuestra en realidad interior: pensamientos, sentimientos, emociones, fantasías y sueños, representan movimientos en nuestra realidad interior que son proyectados, generalmente, como movimientos hacia nuestra realidad exterior. 


Bien sea que se trate de movimientos físicos o movimientos mentales, con frecuencia se asocian con ideas, fantasías, deseos y aspiraciones, que también manifiestan nuestra capacidad de autodirección y de elección. 


Aún en situaciones de reclusión, de discapacidad física o de sedentarismo, podemos ejercer nuestra libertad, o nuestra lucha por la libertad, a través de la imaginación, la meditación, el lenguaje y el trabajo intelectual. Estos estados mentales nos pueden generar ese sentido de autodirección y autonomía, con un impacto muy significativo en nuestra motivación. 

El punto central de la motivación humana, está en nuestra capacidad para elegir nuestro movimiento, sea físico o mental.


Las investigaciones de Deci y Ryan, desde la década de los 80, han mostrado que la libertad de elegir se relaciona empíricamente con la motivación intrínseca para actuar, en cuanto confiere un sentido de auto dirección y autonomía, es decir, de libertad auténtica. 


Si queremos fortalecer la motivación intrínseca en el aprendizaje, el trabajo y la convivencia, por parte de nuestros hijos, estudiantes o colaboradores, tenemos que fomentar espacios de elección consciente y libre, donde todos puedan abrazar significados coherentes con sus propias metas y valores. 


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sábado, 9 de febrero de 2019

¿Cómo es un ambiente favorable para aprender?

Mantener el maravilloso impulso por aprender. 


“Absorben todo como una esponja” es la expresión que utilizamos para describir el aprendizaje en los niños pequeños y en los cachorros. Si eres padre o madre, docente o entrenador, sin duda, sabes que la capacidad de aprender es innata y es una de las características de la motivación auténtica. 



¿Cuál ha sido tu mejor experiencia de aprendizaje?, ¿En qué ocasión has tenido que esforzarte por aprender?, ¿Qué estás aprendiendo actualmente? 

Y aunque no tengas hijos, estudiantes ni aprendices, sabes que aprender es una de las experiencias más satisfactorias que podemos vivir: aprender un idioma extranjero, a conducir un vehículo, a dominar las funciones de nuestro Smartphone, un videojuego, a escribir, a expresarnos en público, un deporte, minucias legales, historia, los secretos del cerebro, jardinería, cultivos hidropónicos, un arte o un oficio. 

El reto de aprender cualquier cosa es algo que le da sentido a nuestro vivir y hace parte de todos los procesos de crecimiento y desarrollo humano. 


Nuestra existencia sería impensable si nuestros ancestros, aún remontándonos millones de años, no hubieran tenido la capacidad de aprender en su interacción con el ambiente y con otros seres vivos; pero tampoco estaríamos aquí reflexionando sobre el aprender si no hubiéramos hecho gala de nuestra propia capacidad para hacerlo. 

Aunque aprender sea una experiencia reconfortante, no está exento de obstáculos, sacrificio y sufrimiento, en algunos casos, porque en la naturaleza de todo aprendizaje está el cambio de conducta y sabemos que cambiar no siempre es fácil. 


La paradoja de nuestra era es que algunos padres novatos, educadores, y ciertos profesionales de la salud, subrayan más las supuestas dificultades de aprendizaje en niños y jóvenes, con ritmos o estilos diferentes, que su capacidad innata de aprender. 

Puede explicarse este énfasis en la adopción precipitada de conceptos de la ciencia y en el deseo de definir prematuramente lo que sucede con los individuos que manifiestan más marcadamente las naturales dificultades en el aprender. 


La investigación de los últimos 20 años ha puesto en evidencia que si algo, de verdad, puede afectar la innata capacidad para aprender de las personas, es el ambiente excesivamente controlador o el desconocimiento de las necesidades psicológicas de los aprendices. 

Contrario a lo anterior, los ambientes flexibles que estimulan el uso responsable de la libertad, se tornan en ambientes muy favorables para el aprendizaje, cognitivo, emocional y social. Igual sucede con los adultos que atienden las necesidades psicológicas de autonomía, competencia y relación de sus aprendices. 


Todo ello aplica en el entorno de la familia, la escuela y la empresa, cuando entendemos que nuestro primer deber es mantener activo ese innato impulso por aprender, en nosotros mismos y en los demás. 

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viernes, 8 de febrero de 2019

¡Vive Tu Proyecto! Nuestro blog ha sido premiado

Un premio que reconoce el valor de todos nuestros visitantes.


¿A quién no le gusta el reconocimiento social, las recompensas y los premios obtenidos? Cuando premian nuestro esfuerzo, se activa en nosotros el circuito de recompensa en nuestro cerebro y se liberan neurotransmisores y otras moléculas que nos hacen sentir dichosos.


Les comparto con mucha satisfacción que la organización Premios Blogdeldía, una de las más importantes en la blogosfera, ha reconocido el significado de nuestra temática y de la comunidad de visitantes, pequeña pero inmensamente valiosa.

El reconocimiento que nos ha hecho Premios Blogdeldía consiste en brindarnos un lugar de privilegio en su página oficial, donde se publica una entrevista al creador de Proyecto de Vida y Otros Proyectos Personales.

En realidad, debemos aceptar que este reconocimiento es hacia quienes son nuestra razón de ser: cada uno de nuestros visitantes, que a diario luchan por sacar adelante sus proyectos personales, superando toda clase de obstáculos y mostrando lo mejor del ser humano.

Agradecemos este gesto generoso de Premios Blogdeldía y apoyamos su labor de promover y dignificar nuestras publicaciones. ¡Mil gracias!

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sábado, 2 de febrero de 2019

¿Desafíos? No hay nada qué temer

Crecemos en proporción a nuestros desafíos. 


El Super Bowl define el campeón anual de la Liga de Futbol Americano (NLF); es uno de los desafíos deportivos que mueve más espectadores en el mundo y billones de dólares. En la versión 2019, Los Angeles Rams desafían a los New England Patriots, en un juego que será emocionante. 


¿Cuáles desafíos estás enfrentando?, ¿Cuáles desafíos ya superaste con éxito?, ¿Cuál es el desafío que más te ha hecho crecer? 

Es natural que las personas, o los grupos, experimentemos cierta tensión ante las circunstancias del ambiente; nuestros recursos, habilidades y capacidades, en un momento dado, pueden ser insuficientes para las condiciones del entorno, los cambios o los peligros. 


Sin embargo, somos el resultado de un proceso evolutivo de millones de años, que nos ha dotado de las competencias para relacionarnos eficazmente con nuestro medio, aprender y crecer. 

Nuestra ventaja evolutiva puede manifestarse como una creciente capacidad para vivir nuevos desafíos, la que asusta a los padres cuando su pequeño hace cosas peligrosas en el parque o cuando el adolescente se expone a situaciones de riesgo, sin evaluar las potenciales consecuencias. 


Esta capacidad para aceptar, manejar y buscar nuevos desafíos, sin duda ha sido un factor muy importante en nuestra cultura: las artes, la filosofía, las ciencias, la tecnología y las diferentes disciplinas se han desarrollado gracias a la determinación de muchas personas para asumir los desafíos de su vida. 

De manera específica, el juego es una actividad que facilita la socialización, el aprendizaje, el desarrollo intelectual y emocional, porque genera constantes desafíos para las capacidades individuales y colectivas. 


Sin esos desafíos, tendríamos una capacidad mucho menor para adaptarnos al ambiente y para hacernos mejores en el arte de vivir. 

El deseo de buscar y enfrentar nuevos desafíos, aquéllos que nos exigen lo mejor de nosotros mismos, porque superan nuestras capacidades y nos sacan de nuestra zona de confort, es una tendencia natural en todos nosotros. 


Frente a las dificultades y los obstáculos:
1) Identifiquemos los desafíos que ya hemos superado con éxito (llenémonos de confianza).
2) Distingamos aquellos desafíos que nos invitan a crecer y a desarrollar nuestras habilidades (cultivemos nuestra esperanza). 

Estos últimos, son un regalo y un sazonador de la vida, para hacerla más sabrosa, si los acogemos con serenidad y autodeterminación. 

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sábado, 26 de enero de 2019

¿La curiosidad mató al gato?

El papel de la curiosidad en la autodeterminación. 


No puedes escapar fácilmente a la mirada curiosa de un bebé o al juego de un cachorro adorable. 


¿De qué sientes curiosidad?, ¿Cuál es el papel de la curiosidad en tu vida?, ¿Cómo cultivas tu curiosidad? 

La curiosidad es una disposición natural (K. Lorenz), compartida por animales no especializados que, como nosotros, tienen que adaptarse a una amplia variedad de condiciones ambientales; es disposición a conocer el entorno y vivir nuevas experiencias (Galimberti, 2002), probablemente orientada a encontrar condiciones favorables para la supervivencia. Se manifiesta como atención enfocada en objetos interesantes, llamativos o novedosos, a través del observar, oler, tocar, manipular o probar, tendientes a obtener información del mundo circundante. 


Desde este punto de vista, la curiosidad consiste en una exploración sensorial y una actividad motora (APA, 2010), puesto que tenemos acceso a las propiedades del mundo exterior a través de los órganos de los sentidos y de la actividad y el movimiento. 


En cuanto es una disposición natural, la conducta curiosa es autotélica porque resulta satisfactoria y conlleva sus propias recompensas; se desencadena o se mantiene por el propio placer que produce, sin necesidad de otros satisfactores ni recompensas externas (Cosacov, 2007). 


La conducta curiosa es muy evidente en la infancia, la niñez y la juventud, sobre todo en la manipulación de los objetos, la exploración del entorno material y conceptual, el juego y las preguntas. No obstante, la curiosidad puede perdurar durante toda la vida como deseo de conocer, aprender, viajar, descubrir, inventar e investigar. 


Desde el punto de vista educativo, la curiosidad puede ser estimulada y catalizada, con adecuadas dosis de reto, de desafío. Sin embargo, la curiosidad también puede ser sofocada por ciertas condiciones ambientales, culturales o educativas (Ryan & Deci, 2000). 

En todo caso, la curiosidad puede ser un motivo importante para construir y vivir nuestro propio proyecto de vida. 

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