sábado, 28 de marzo de 2020

Cómo cuidarte con el trabajo en casa

Por tu propio bien.


(Al final,hay un video de esta publicación)


En los últimos años se nos ha insistido en que no hay que llevar el trabajo a la casa, pero la pandemia cambió nuestra manera de trabajar. 

¿Qué está pasando con tu trabajo en casa?, ¿Qué cosas no están funcionando bien hasta ahora?, ¿Qué puedes hacer para trabajar mejor? 

Por estos días de distanciamiento social, para evitar el contacto físico con clientes, colegas o proveedores tuvimos que llevarnos todo el trabajo a casa… Incluso, las gestiones laborales o personales que hacemos en diferentes lugares de la ciudad. 

Ahora nos toca ser capaces de continuar con nuestra vida personal y familiar, mientras hacemos bien nuestro trabajo, logramos oportunamente los objetivos desde casa, aportamos nuestro propio sello personal al trabajo de los demás y estamos en contacto con los interesados en nuestras funciones, productos o resultados. 

Hace tres semanas, a Luis Alberto también le tocó llevarse sus dos trabajos a casa: el de continuar siendo su propio jefe en un emprendimiento personal y el de responder por las tareas a cargo en un proyecto de una prestigiosa firma. 

Con esos dos trabajos, Luis Alberto se ha sentido muy bien; ha aprendido mucho, ha desarrollado sus competencias, tiene muchos retos y oportunidades de logro, ha cultivado sus relaciones sociales y ha hecho buenos amigos. 

Pero en los primeros días de trabajar en casa, Luis Alberto sintió que no tenía algunos recursos y elementos habituales para hacer bien su trabajo, que no fue tenido en cuenta en algunas decisiones del gerente del proyecto y que la comunicación con clientes, proveedores o colegas no estaba siendo muy efectiva. 

“Te estoy viendo muy estresado y eso no es bueno para tu salud, con mayor razón en este momento”, le dijo su esposa una mañana. 

Luis Alberto le contó rápidamente sus dificultades y ella le contestó: “Tienes que organizarte por tu propio bien; eso te lo va a agradecer tu propia salud”

Ese día, Luis Alberto hizo una lista de cosas por hacer para poder trabajar en casa, cuidando su equilibrio, tranquilidad y bienestar. Mientras lo hacía, pensó “Ahora soy responsable de tener las condiciones más favorables para trabajar desde acá; al fin y al cabo son mis propias necesidades”

Cogió tres hojas de papel y en cada una escribió una frase: 

En la primera, escribió: “Para poder sentirme efectivo en mi trabajo, hacer mis tareas y cumplir con mis objetivos, voy a:” 

En la segunda, escribió: “Para poder trabajar a mi propio ritmo y poner mi sello personal en todo lo que haga, voy a:” 

Y en la tercera, escribió: “Para mantener una relación positiva con la gente de mi trabajo y aprovechar sus aportes, voy a:” 

Luis Alberto escribió algunas cosas como: organizar mi sitio de trabajo de otra manera, ponerme un horario de trabajo con pausas activas, mandar traer de la oficina algunas cosas, llamar todos los días al gerente del proyecto, llamar a mis clientes y preguntarles si están satisfechos con los productos, descargar la aplicación de chat en mi PC, comunicarme con mis compañeros por video llamada, pedir la opinión de mis colegas, Escribió cada frase en la hoja donde correspondía, de acuerdo con los tres propósitos que se había planteado. 

Este fin de semana, Luis Alberto me contó que haber hecho esas tres listas fue muy conveniente porque ahora siente que sus dos trabajos están avanzando razonablemente, para lo que se puede esperar en las actuales circunstancias, y que él está experimentando un sentido de renovada competencia, autonomía y relación desde casa. 

“Mi forma de trabajar se está ampliando”, fue su frase textual. 

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Basado en "Meeting Your Needs While Working From Home", visto en 

lunes, 23 de marzo de 2020

Yo me quedo en casa

De la obligación a la motivación.


(Al final, hay un video de esta publicación)

Disfrutar la magia de los parques de Disneyland en familia, donde las niñas se sienten princesas y los adolescentes experimentan el vértigo en las montañas rusas, ha sido una de las vacaciones soñadas para muchos.

¿Cómo asimilas la obligación de quedarte en casa?, ¿cómo te motivas en estos días?, ¿cómo motivas a los demás?

La familia García López había planeado, con seis meses de anticipación, hacer el viaje de dos horas desde Tijuana hasta los parques de Disneyland, en California, para celebrar el quinto cumpleaños de Valerie, ese 2009.

José Luis, Psicólogo, trabajaba en una refinería del nororiente de México; estaba casado con María Guadalupe, pedagog. A finales de 1992, tuvieron a Francisco, Margarita nació en 1997 y, por último, Valerie, en el 2002.

Para la Semana Santa del 2009, José Luis había pedido tres días compensados por haber trabajado durante una emergencia meses atrás; él volaría tres horas desde Cadereyta hasta Tijuana, donde su familia lo estaría esperando con todo listo para viajar a esas vacaciones soñadas.

La frustración


Lo que no esperaban los García López, es que tres días antes se detectaran los primeros casos de la gripa A-H1N1 en México y que, simultáneamente, los parques de Disneyland anunciaran un cierre temporal para prevenir el contagio de esa enfermedad que ya empezaba a dar señales de pandemia. De manera que José Luis le dijo a María Guadalupe que la cosa se estaba poniendo complicada, cuando la llamó desde el aeropuerto de Cadereyta, antes de abordar.

Cuando llegó a Tijuana, María Guadalupe ya había confirmado el cierre de los parques, que las autoridades fronterizas habían implementado controles adicionales para evitar el ingreso de enfermos a su territorio y que el alcalde había invitado a todos a quedarse en casa.

“Tocó quedarse en casa” fue el baldado de agua fría que cayó sobre toda la familia ese sábado.

“Tranquilos que vamos a hacer todo lo posible para ir tan pronto podamos, tal vez en las próximas vacaciones o a finales de este año”, fue la frase de esperanza que se dijo esa mañana de sábado. El momento, fue muy difícil para todos y cada uno reaccionó de diferente manera por el frustrado viaje.

El más molesto con la situación fue Francisco porque no estaba de acuerdo con no viajar, al menos, a otra parte; Margarita prefirió callar, para disimular su profunda tristeza y Valerie lloró varias veces por no poder abrazar a Blancanieves, Cenicienta, Ariel, Mulán ni Pocahontas.

José Luis y María Guadalupe sintieron que su corazón se les partía de dolor pero sabían que, quedándose en casa, estaban haciendo lo mejor para el bien de la familia. El sábado en la noche, estuvieron hablando de sus hijos y de qué podían hacer para motivarlos a pasar una semana agradable.

Entre el domingo y el lunes las cosas no estaban saliendo bien. Francisco le echaba la culpa a todo el mundo por su encierro, Margarita decía que se sentía aburrida y Valerie perdió su Barbie; María Guadalupe comenzó a sentirse desbordada por los llamados de todos y José Luis tampoco encontró su merecido descanso.

El martes, durante el desayuno, Francisco dijo: “yo les dije que era mejor haber ido a cualquier parte…”; “…que quedarnos aquí”, pensó María Guadalupe; “no hemos hecho nada”, comentó Margarita y “yo no tengo con quien jugar”, se quejó Valerie. Los esposos se miraron y comprendieron que tenían que hacer algo urgente.

La motivación


Por su trabajo, ambos eran expertos en motivación y sabían que las conductas de prevención se basan en la manera como las personas interiorizan las normas y los motivos. “Vamos a aplicar un programa de motivación con nuestros hijos o esto se nos vuelve invivible”, acordaron.

“Lo primero que tenemos que hacer es facilitar que cada uno de ellos, comprenda esta quedada en casa como algo buenos para sus intereses individuales y pasatiempos”, dijo Francisco.

“Y que cada uno se sienta aceptado en nuestra familia, a pesar de que estén molestos o nerviosos”, agregó María Guadalupe.

“En el caso de Francisco, creo que lo mejor es que aproveche estas vacaciones para hacer esos ejercicios que aprendió en el gimnasio. A propósito, ¿al fin le compramos las pesas?”, preguntó José Luis. “Sí, precisamente llegaron la semana pasada, pero no se las he dado”, contestó María Guadalupe.

Y continuó diciendo: “Con Margarita, la cosa tal vez es más fácil; ella ha querido aprender a tejer lana con dos agujas; mi mamá me regaló unas que ya no usaba mucho y se las podemos dar”

“¿Y cómo motivamos a Valerie?”, preguntó José Luis. “Voy a sacarle toda la colección de muñecas y esa casita que le regalamos cuando tenía tres años. Todavía podrá meterse a jugar con las Barbies que es lo que tanto le gusta”.

“Este es un buen comienzo: que los niños comprendan que estar en casa es una oportunidad para hacer lo que más les gusta… ¡Motivación intrínseca pura!”, exclamó José Luis.

Francisco recibió con gusto las pesas, se cambió y se puso a entrenar. En menos de dos horas, Margarita ya había alistado las agujas y lana de diferentes colores; vió tres videos por Youtube. Y Valerie recibió las muñecas y la casita con mucha emoción, como si fuera un regalo nuevo. En fin, parecía que la motivación de los tres brotaba desde muy adentro.

En la tarde, José Luis le preguntó a su esposa: “Corazón, ¿cómo crees que debemos motivarlos cuando no estén haciendo ejercicio, tejiendo o jugando?”.

La ruta de la autodeterminación


“Mira, como el objetivo es motivarlos para estar en casa y que se sientan bien, nos toca seguir la ruta de la autodeterminación”. Para ambos esa ruta era clara y consistía en motivar a cada uno de sus hijos, aprovechando sus propios motivos o reglas, en cuanto fuera posible.

Resumamos rápidamente lo que ellos resolvieron:

Paso 1:


“Todos los días, estando en casa encontrarán momentos para hacer lo que más disfrutan; lo importante es que lo hagan cuando quieran y el tiempo que quieran”, fue la manera como describieron el primer paso de la ruta: motivación intrínseca, donde predomina el interés personal, el gozo y la satisfacción inherente en la realización de la actividad o la aceptación de las restricciones.

Paso 2:


“Vamos a ayudarles a interpretar de manera positiva el hecho de quedarse en casa: Francisco que lo vea como la oportunidad para entrenarse y otra forma de cuidarse; Margarita, que es tan creativa, como oportunidad para desarrollar ese talento y Valerie, como oportunidad para jugar más tiempo e hacerlo también con nosotros”, así aplicaron el segundo paso motivación integrada, donde predomina el sentido de integridad y congruencia de la conducta con la identidad consciente.

Paso 3:


“Vamos a guiarlos para que puedan descubrir otras razones importantes o valiosas, para ellos mismos, de quedarse en casa”, fue la descripción del tercer paso motivación identificada, donde predomina el criterio personal y la percepción del valor o importancia de la conducta específica. 

Paso 4:


“Cuando sea necesario, vamos a recordarle que deben quedarse tranquilos en casa; que esa es nuestra obligación en estos días y que si lo hacen, vamos a encontrar la oportunidad de viajar a Disney”, como una definición del cuarto paso motivación introyectada, donde predomina la invitación al autocontrol o al “asumir tu responsabilidad”, con la expectativa de obtener recompensas externas o evitar castigos de terceros.

Paso 5:


“Finalmente, podemos recurrir a la autoridad del alcalde y a la nuestra, para dejarles muy en claro que todos tenemos que respetar la norma de quedarnos en casa”; así formularon el quinto paso motivación externa, donde predomina el sentido de la obediencia a una figura significativa, también con la expectativa de obtener recompensas externas o evitar castigos de terceros.

Lo cierto es que el resto de la semana fue muy distinta; se respiró un ambiente más relajado y hubo una actitud más positiva en todos. Francisco se ofreció a cortar el césped, Margarita también estuvo pintando con acuarelas, José Luis se encargó de jugar con Valerie y María Guadalupe pudo leer el libro que tenía sobre la mesita de noche.

En fin, cada uno se motivó de manera distinta y el domingo, estuvieron de acuerdo en que haberse quedado en casa no había sido tan malo como parecía al principio, colaboraron con los oficios en casa, jugaron en familia y se sintieron más unidos.


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(Los personajes y los hechos originales de esta narración han sido modificados para preservar la identidad de las personas y contribuir al propósito educativo) 

domingo, 15 de marzo de 2020

¿La música cómo contribuye a nuestro bienestar?

Disfrutar la música nutre tus necesidades psicológicas. 

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Esta es la historia de cinco amigos que estuvieron en la Academia Infantil de Música hace unos 20 años. 

¿Cuáles fueron las canciones que aprendiste de pequeño?, ¿Cuáles eran los ritmos musicales que te gustaban?, ¿Cuál es tu historia con la música? 

Luciana, fue la más pequeña del grupo; aunque tenía sólo 5 años de edad, su mamá quería que aprendiera a tocar guitarra acústica desde pequeña. 

Isabella, tenía 7 años, cuando fue matriculada por su padre, integrante de una orquesta profesional, para que aprendiera el violín. 

Santiago, que también tenía 7 años, llegó a la Academia sin mucho entusiasmo y por eso la profesora le recomendó la flauta porque “parecía más sencilla de tocar”

Juan José, de 6 años, siempre había mostrado interés por la guitarra eléctrica. 

Y Sofía que, con sus 8 años, cargaba para todas partes su acordeón…, porque su mamá siempre se lo recordaba. 

Resulta que las clases eran 3 días a la semana y, como duraban 2 horas, siempre había un recreo para descansar y comer algo. 

Aunque los cinco niños venían de colegios distintos y sus clases eran en grupos diferentes, por casualidades de la vida, se fueron haciendo amigos durante el recreo y esa amistad se fortaleció en su segundo y tercer año en la Academia, entre risas, juegos y bromas, que aliviaban ese ambiente de disciplina y exigencia en las clases. 

La Academia de Música tuvo que cerrar y estos cinco amigos hicieron el pacto de seguir cultivando la música y reencontrarse 20 años después. 

Pues bien, a medida de que los años transcurrían, los amigos fueron cogiendo caminos diferentes y muy pronto se perdieron la pista. 

El año pasado, Luciana se puso en la tarea de explorar redes sociales para localizar a sus cuatro amigos y preguntarles si todavía querían encontrarse de nuevo. 

No vamos a entrar en detalles, pero Luciana se citó con sus amigos para tomar un café. 

Ese domingo, fueron llegando uno a uno, con curiosidad por ver cómo se veía cada uno y que estaban haciendo en su vida. 

La maravillosa sonrisa de Luciana, que le dio la bienvenida a todos, la cara de sorpresa de Isabella, la emoción de Santiago, la alegría de Juan José y la expresividad de Sofía, pronto inundaron el salón y los demás clientes supieron que algo muy especial estaba ocurriendo en esa mesa. 

Su encuentro ya era suficiente para probar que ese pacto infantil había sido hecho con la fortaleza de una amistad sincera y la intuición de que valdría la pena reencontrarse al cabo de un tiempo. 

Transcurridos los primeros saludos y las preguntas de reconocimiento, Isabella les recordó a todos que se habían comprometido a seguir cultivando la música. 

“Yo me hice musicoterapeuta y creo, sinceramente, que estoy ayudando a las personas a encontrar sosiego y resolver sus problemas, a través de la música”, dijo Isabella para impulsar el tema. 

Juan José compartió. “Yo estudié Administración de Empresas y en mi tiempo libre tengo una banda donde sigo tocando la guitarra eléctrica”

“Soy Ingeniera de Sistemas, con Maestría en inteligencia Artificial”, dijo Sofía y continuó: “Dejé ese bendito acordeón, ya no toco ningún instrumento pero voy todos los miércoles al concierto de la Biblioteca Central”

“¿Y tú qué haces Luciana?”, preguntó Isabella. “Pues les cuento que soy profesora de música en un colegio”

Santiago se unió a la conversación diciendo que él había entrado a la filarmónica donde tocaba saxofón y, algunas veces, la flauta traversa y la trompeta. 

Bueno, la charla de los amigos fluyó de un tema a otro, con el alegre desorden y la empatía de niños; fue cómo si en todo este tiempo, no se hubiera perdido ese lazo auténtico. 

“En últimas, lo que interesa es que todos estamos bien”, comentó Luciana. “Ya ven que todo no fue sufrimiento en esa academia”, dijo Santiago y todos rieron. 

Isabella agregó: “Me estoy dando cuenta que la música ha contribuido a nuestro bienestar, de diferentes maneras” y explicó: 

“Tú, Luciana, nos mostraste lo bien que te hace sentir la música, el cariño que le tienes y el valor que le das en la formación de tus estudiantes; nos mostraste cuán importante es para ti esa capacidad que has desarrollado y la posibilidad de construir tu propio proyecto de vida”. 

“Tú Santiago, nos has hecho sentir que la música es una fuerza poderosa que puede unir a muchas personas y una muestra es que, ahí en la filarmónica, encontraste al amor de tu vida. 

“Sofía: tú nos comentaste que la música te recupera en los momentos de estrés y que te da una sensación muy íntima de autonomía en la vida, levantándote el ánimo y ayudándote a superar los momentos más difíciles”. 

“Y tal vez, así como Juan José nos ha compartido, la música nos está ayudando a nuestro bienestar porque nos está acompañando en la realización de nuestros sueños y propósitos, es decir, en nuestro propio camino de autonomía”. 

Isabella terminó diciendo: “En mi caso yo estoy convencida de que la música me hace sentir muy bien; todo esto de estar investigando la manera como puedo usarla para las terapias y estar facilitando la mejora de mis clientes, me hace extremadamente feliz”

Ese domingo, el reencuentro de los amigos terminó con un nuevo pacto: se comprometieron a crear una escuela-tienda musical para niños y jóvenes que ofreciera oportunidades interesantes y desafiantes para iniciarse en la música y cultivarla, fomentando la libertad de los estudiantes para elegir los instrumentos, los ritmos y la intensidad de su formación, la conciencia del progreso en sus aprendizajes y dominio de la música, y en la construcción de relaciones de amistad y aceptación mutuas. Es decir, una academia centrada en apoyar las necesidades básicas de autonomía, competencia y relación de los estudiantes, como un camino para ayudarles a su bienestar. 

Seguramente, esos cinco amigos ya están cumpliendo su nuevo pacto, haciendo de la música un factor de bienestar. 

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Esta publicación está basada en una investigación que puedes consultar en:


sábado, 7 de marzo de 2020

La historia de María ¿Sabes qué necesitas?

Necesidades que (tal vez) no hemos descubierto. 


Te voy a contar la historia de cómo María descubrió algo que realmente necesitaba y no se le había pasado por la cabeza. 

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¿Cuáles son tus necesidades?, ¿Cuáles se relacionan con tu salud y tu bienestar?, ¿Qué no te podría faltar en la vida? 

María nació hace 25 años, en un hogar de clase media donde no faltaba lo necesario, aunque el dinero sólo alcanzaba para lo básico y uno que otro gusto. 

Sus padres trabajaban durante todo el día, de manera que María se crió con la compañía más cercana de su abuela materna; desde recién nacida, así como sus dos hermanitos, fue cuidada durante el día por su “abuelita Tere” como ella misma la llamaba. 

Cuando María tenía hambre o sed, su abuela le preparaba algo o le daba una fruta, mientras era la hora de almorzar o comer; cuando la veía cansada o hiperactiva, la recostaba para que durmiera un ratico o la “empiyamaba” para que estuviera lista, antes de que llegara la mamá y se durmiera más rápido. 

Su abuelita, le enseñó a lavarse las manos antes de comer, a ir al baño, a bañarse, a vestirse a peinarse; digamos que le enseñó todo lo que necesitaba hacer una niña pequeña. 

Cuando entró al colegio, su abuelita le enseñó a alistar el uniforme y los útiles, a hacer a las tareas tan pronto llegaba a la casa y a cuidar, en parte, a sus hermanitos menores. 



Sus padres, con la mejor voluntad, fueron llenando la habitación de María con muñecas, animalitos de peluche, adornos brillantes y juguetes, para que “su princesita” sintiera todo lo que la amaban. 

Siempre estuvieron atentos a comprarle el vestido que quería, los zapatos de moda, el kit de joyería infantil, el kit de experimentos y cualquier cosa de la que ella se antojara, siempre y cuando estuviera dentro de sus posibilidades económicas. 

La navidad y el cumpleaños eran los días preferidos de María, porque era cuando recibía una parte de su “lista de deseos”, que estaba pegada en la pared de su habitación. 

A los 8 o 9 años recibió su celular “para niños”, le compraron un computador y un escritorio, también “de princesa”. 

En fin, la infancia y la niñez de María transcurrieron entre su casa y el colegio, con la atención directa de su abuela, con el amor de sus padres y con lo que necesitaba para crecer, aprender, jugar y sentirse toda una princesa. 



La adolescencia de María, tal vez comenzó en serio como a los catorce años, cuando comenzó a ir a las fiestas de quince de sus amigas y de sus compañeras del colegio. En menos de dos o tres meses, así me lo contó, ella “descubrió que su habitación no era un palacio” y que “no había príncipes allá afuera”. 

Se dio cuenta que los bailes de quince eran “interesantes” porque conocía niñas y niños “muy raros”, con estilos y costumbres muy diferentes; en uno de esos bailes, se besó por primera vez, no en el salón sino en una terraza “porque estaba un poquito oscura”. 

Y digo, que su adolescencia comenzó “en serio”, porque se pareció al estallido súbito de una revolucionaria en su casa; la tan temida adolescencia, había llegado a su familia y pasaron cuatro o cinco años que sus padres y su abuela no sabían qué hacer, que la gritaron, la castigaron, le decomisaron por algunos días su celular, que la llevaron a la orientadora de su colegio y que hicieron todo lo posible, algunas veces por entenderla y otras, por corregirla. 

Para María, esa etapa fue “caótica” pero, también, una “bonita oportunidad para ser ella misma y volverse más independiente”. 

A los diecisiete años tuvo que elegir su carrera; entró a estudiar Administración, luego de un proceso de orientación profesional, guíado por un psicólogo amigo de su familia “porque lo que hacían en el colegio, sólo era charlas”. 

Para María, el ingreso a la universidad fue a un mundo “completamente distinto y diverso”. Sus mejores recuerdos tienen que ver con la posibilidad y el reto de guiarse por sí misma; experimentó “de todo lo que hay en esta vida”, según sus propias palabras. Pero también aprendió a decir no al licor en exceso, a las drogas, al cigarrillo, al acoso y al sexo sin protección. 



Al final de su carrera, como “regalo de grado”, sus papás le dieron un viaje a la India, organizado por una agencia en “turismo trascendental”. 

Si algo la impactó profundamente, fue haber ido a una región donde les contaron que vivían unos ermitaños en completo aislamiento y con lo mínimo para sobrevivir; incluso supo que algunos, sólo bebían agua y comían frutos o plantas silvestres, otros que vivían desnudos y otros que dormían en huecos o grutas cavadas por ellos en la montaña desértica. 

Eso hace unos tres años y María tuvo una especie de “crisis existencial”, como ella la llama, a su regreso. Mirando hacia atrás, sabía que en su infancia tuvo todas las necesidades fisiológicas y educativas satisfechas, que en su niñez, además, le dieron mucho gusto y que “todo eso que quería” se lo habían dado “porque creía que lo necesitaba”. 

Que en su adolescencia fue la etapa en la que hizo las amigas que ahora tiene, en la que tuvo sus “noviecitos” y en la que le dieron más libertad. Y en la vida universitaria, como la prueba para su autodeterminación; fue cuando experimentó las mayores satisfacciones por poder elegir y hacer lo que “verdaderamente” quería hacer, sentirse significativa para otros y desarrollar su talento. 

Pero esa “crisis existencial” se presentó porque sintió cansancio de una vida “tan acelerada y tan compleja” como la que creía que le tocaba y se preguntó si era la que realmente quería para vivir. 



Casualmente hace dos años, un fin de semana fue invitada por una amiga a construir una casa prefabricada para una familia pobre; desde ese fin de semana, casi todos los sábados y muchos domingos, participa activamente en un grupo de apoyo y educación a “comunidades vulnerables”. 

Cuando María se pregunta “¿Hasta cuándo seguiré ayudando?”, ella misma se contesta: “Hasta siempre”. En palabras textuales, ella me ha dicho que no podría vivir sin sentir que “soy una profesional que también necesita hacer el bien para disfrutar la vida y ser más feliz”. 

A María no se le había pasado por la cabeza que nuestras necesidades realmente son muy pocas; que necesitamos comer y dormir para cuidar nuestra salud, necesitamos autonomía, competencia y relación para nuestro desarrollo, equilibrio, motivación y bienestar, y, tal vez, necesitamos hacer el bien a los demás, para llenar de sentido nuestras vidas. 

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domingo, 1 de marzo de 2020

Una buena manera de educar

Cómo podemos apoyar las necesidades psicológicas. 



(Al final, hay un video de esta publicación)

Un niño pequeño y un adulto que quiere educarlo; un experto en robótica y unos adolescentes que no saben de electrónica; un exjugador de fútbol profesional y un equipo de jóvenes que inician su carrera. Muchas diferencias reunidas tras un mismo propósito. 

La educación es una labor que se realiza sin que haya simetría entre las partes involucradas: el educador y los educandos tienen edades, experiencias, conocimientos y habilidades diferentes. 

¿Cómo fortaleces la autonomía de los demás?, ¿Su competencia?, ¿Su relación contigo? 

En una publicación anterior explicamos que necesitamos encontrar la manera de apoyar efectivamente las necesidades de autonomía, competencia y relación de los estudiantes para fortalecer su motivación y facilitar sus logros académicos. 

Hoy nos vamos a enfocar, entonces, en la manera como los educadores podemos apoyar efectivamente las necesidades psicológicas de los estudiantes. 

Apoyo a la autonomía


Todas las personas sentimos la necesidad de autonomía que consiste en experimentar un sentimiento de voluntariedad y autoaprobación en nuestros actos. 

Los educadores apoyamos efectivamente la autonomía de nuestros hijos, estudiantes o aprendices, cuando: 
  • Ayudamos a relacionar los nuevos conceptos, comportamientos o habilidades con sus propias vidas.  
  • Mostramos cómo las nuevas palabras, acciones o formas de proceder se basan en lo que ya saben. 
  • Damos suficiente tiempo para que puedan pensar, sentir o actuar lo nuevo. 
  • Animamos a expresar su opinión personal sobre los textos, conductas o procedimientos. 

Apoyo a la competencia


Las personas también tenemos la necesidad de competencia que se satisface cuando interactuamos efectivamente con nuestro entorno y somos capaces de hacer lo que queremos hacer. 

Apoyamos efectivamente la competencia de niños y jóvenes, cuando: 
  • Explicamos de antemano lo que esperamos de ellos y cómo vamos a juzgar su trabajo. 
  • Preguntamos a cada uno si ha entendido cómo completar el trabajo o los ejercicios asignados. 
  • Verificamos que se enfoquen en lo nuevo mientras trabajan en los nuevos conceptos, comportamientos o habilidades. 
  • Hablamos de lo realizado después de que hayan terminado su trabajo o sus ejercicios. 
  • Les decimos qué tan bien hicieron el trabajo o los ejercicios inmediatamente después de realizado. 

Apoyo a la relación


Nuestra necesidad de relación se resuelve cuando nos sentimos conectados con quienes aprendemos, trabajamos o compartimos la vida. 

Apoyamos efectivamente la necesidad de una buena relación de niños y jóvenes, cuando: 
  • Escuchamos lo que tienen para decirnos y respondemos asertivamente. 
  • Estamos atentos a brindarles ayuda adicional cuando la necesiten. 
  • Los tratamos con justicia y de manera equitativa, de acuerdo con sus diferencias individuales. 
  • Decidimos, actuamos y nos relacionamos de manera empática con ellos. 
  • Nos interesamos por su bienestar. 

Hemos dado sólo algunos ejemplos de la manera como los educadores podemos apoyar efectivamente las necesidades psicológicas de nuestros hijos, estudiantes o aprendices. 

Los hemos adaptado de una publicación de los resultados de una investigación (Nalipay y otros, 2019) que evaluó si el apoyo a la autonomía, competencia y relación podría asociarse con el logro académico, tanto en sociedades occidentales como orientales. 

No obstante, cada educador, en sus circunstancias particulares, como padre, docente o entrenador de niños o jóvenes con nombre propio y características personales, podrá completar su propia lista de ejemplos. 

Lo más importante es que con sus decisiones, actuaciones y maneras de relacionarse con sus estudiantes, apoye las necesidades de autonomía, competencia y relación de los niños o jóvenes que tiene bajo su responsabilidad. 

Tal vez así, los educadores podremos fortalecer su motivación y facilitar sus logros académicos, morales y sociales. 

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Publicación basada en 
Autonomy is equally important across East and West: Testing the cross-cultural universality of self-determination theory, en 
https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0140197119302295?via%3Dihub