sábado, 26 de enero de 2019

¿La curiosidad mató al gato?

El papel de la curiosidad en la autodeterminación. 


No puedes escapar fácilmente a la mirada curiosa de un bebé o al juego de un cachorro adorable. 


¿De qué sientes curiosidad?, ¿Cuál es el papel de la curiosidad en tu vida?, ¿Cómo cultivas tu curiosidad? 

La curiosidad es una disposición natural (K. Lorenz), compartida por animales no especializados que, como nosotros, tienen que adaptarse a una amplia variedad de condiciones ambientales; es disposición a conocer el entorno y vivir nuevas experiencias (Galimberti, 2002), probablemente orientada a encontrar condiciones favorables para la supervivencia. Se manifiesta como atención enfocada en objetos interesantes, llamativos o novedosos, a través del observar, oler, tocar, manipular o probar, tendientes a obtener información del mundo circundante. 


Desde este punto de vista, la curiosidad consiste en una exploración sensorial y una actividad motora (APA, 2010), puesto que tenemos acceso a las propiedades del mundo exterior a través de los órganos de los sentidos y de la actividad y el movimiento. 


En cuanto es una disposición natural, la conducta curiosa es autotélica porque resulta satisfactoria y conlleva sus propias recompensas; se desencadena o se mantiene por el propio placer que produce, sin necesidad de otros satisfactores ni recompensas externas (Cosacov, 2007). 


La conducta curiosa es muy evidente en la infancia, la niñez y la juventud, sobre todo en la manipulación de los objetos, la exploración del entorno material y conceptual, el juego y las preguntas. No obstante, la curiosidad puede perdurar durante toda la vida como deseo de conocer, aprender, viajar, descubrir, inventar e investigar. 


Desde el punto de vista educativo, la curiosidad puede ser estimulada y catalizada, con adecuadas dosis de reto, de desafío. Sin embargo, la curiosidad también puede ser sofocada por ciertas condiciones ambientales, culturales o educativas (Ryan & Deci, 2000). 

En todo caso, la curiosidad puede ser un motivo importante para construir y vivir nuestro propio proyecto de vida. 

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sábado, 19 de enero de 2019

Tu visión puede hacer la diferencia

¿Cómo optimizar tus aprendizajes y tu desempeño? 


Una atleta olímpica se concentra en el salto que hará unos segundos después. En este breve lapso de tiempo imagina su posición de arranque, su carrera y su salto, regula su respiración, siente la fuerza en sus piernas y el impulso en cada pisada; escucha en su mente las instrucciones de su entrenadora y se ve a sí misma realizando la secuencia de posiciones técnicas en las que consiste su salto y que ha repetido una y otra vez. 


¿Qué haces cuando enfrentas un desafío?, ¿Cómo te preparas para las actividades críticas?, ¡cómo aprovechas tu imaginación en los retos? 

Esos segundos de concentración y lo que sigue, determinan el éxito de su salto; sabe que este momento previo de verse saltando con toda la técnica es esencial para su buen desempeño. 

La visualización es una técnica que optimiza los aprendizajes previos, facilitando el desempeño de las actividades motrices, porque enfoca los sentidos y el pensamiento en la acción necesaria. 


Igualmente, la visualización puede integrar, en algunos casos, las condiciones biológicas, los aspectos psicológicos y el entorno social inmediato, de quien actúa. En el ejemplo de la atleta, esta integración se refiere a visualizar con los ojos de su imaginación, todo su cuerpo, su estado de salud, su autocontrol, sus conocimientos, sus emociones, sus movimientos y los aplausos del público presente. 

La visión integrada de todos los aspectos involucrados en un buen desempeño, se enfoca en las capacidades y habilidades presentes, pero también hace uso de la anticipación, gracias a las propiedades predictoras del funcionamiento cerebral. 


Sucede en el atletismo y todos los deportes; también puede suceder en tus proyectos personales y tu proyecto de vida. 

Si quieres sacarle provecho a la visualización (la técnica) y a la visión (el producto de aplicar la técnica), para mejorar tu desempeño y superar los retos inmediatos, te sugiero tener en cuenta estas consideraciones: 

1. Parte de tus aprendizajes previos. 
2. Enfoca el presente. 
3. “Escucha” lo que tu cuerpo te dice. 
4. Controla tus emociones. 
5. Visualiza la secuencia de tus acciones. 


Por ejemplo, si tu reto inmediato es presentar una entrevista de trabajo o de ingreso a la universidad, (1) identifica una o dos cosas que tú ya conoces o sabes hacer y que son importantes para tu aspiración, (2) repasa tus fortalezas actuales, (3) imagina los gestos y la postura que debes adoptar, (4) así como la tranquilidad, seguridad y empatía que te debe acompañar; por último, (5) visualízate, caminando con aplomo, saludando al entrevistador, escuchando sus instrucciones, sentándote con calma, mirando a la cara, sonriendo amablemente y hablando con serenidad. 


Una visión integrada puede ayudarte en muchas esferas de tu desempeño y de tu actividad social; personalmente, creo que este es el valor de la visión aplicada a las tareas del presente. 

La visión a largo plazo, como un componente de la estrategia organizacional es otra cosa; con frecuencia se expresa de manera abstracta, impersonal y retórica. Una visión así, es de dudosa efectividad, máxime en un contexto dinámico y de cambios acelerados. 

Si quieres que tu visión de futuro sea útil, asegúrate de que cada una de las personas involucradas la experimenten vívidamente.

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domingo, 13 de enero de 2019

Abraza tu misión personal

La misión personal no es la llave del éxito ni de la felicidad. 


Una declaración escrita de la Misión está exhibida en la página web de muchos negocios y en las paredes de las empresas que tienen una sede física abierta al público. 

¿Cuáles son tus fortalezas?, ¿Qué valoras en tu vida?, ¿Cuáles son tus criterios para decidir? 

La Misión, inicialmente un concepto asociado a la expansión de las iglesias, fue adoptada por la estrategia militar y, posteriormente, por la literatura gerencial, en el movimiento de la calidad total. Definir la Misión tiene el significado de enviar, mandar o destinar personas para cumplir con un objetivo importante o hacer una contribución significativa. 


Por ejemplo, “cuidar las fronteras”, “mantener la paz”, “ganar la guerra”, “desembarcar en Normandía”, requieren misiones en lo militar. “Empoderar a cada persona”, “hacer del trabajo algo más simple y productivo”, “construir, mover, impulsar y curar el mundo”, son extractos de misiones convocadas por algunas empresas globales. 

El significado original de misión, el encargo que alguien debe cumplir, se ha transformado en una generalización que pretende definir “aquello que hacemos” (léase, “debemos hacer”) en una organización o en nuestra propia vida personal. Como si las empresas recibieran una orden de los fundadores o de la sociedad, que las obliga a cumplir con eso; como si las personas también recibiéramos una tarea que define nuestras vidas. 

Un encargo de por vida es una noción abstracta que debe ser reinterpretada en el contexto cambiante del mundo, de las organizaciones y la interacción grupal. En lo individual, la Misión personal no existe como encargo (o destino) para toda la vida, pero sí tiene un valor en cuanto puede ser comprendida como un foco para la toma de decisiones particulares, en el día a día. 


Por ejemplo, si una persona define que su Misión es “ser feliz”, “fluir por la vida”, "comer saludable" o “ayudar a los demás”, necesitará definir cómo va a lograrla cada día y en cada circunstancia concreta. No es una pérdida de tiempo que haya definido su Misión porque le sirve como criterio de referencia para las decisiones cotidianas. 


En todo caso, la Misión es un producto del proceso de toma de decisiones, tanto a nivel organizacional como individual; esto significa que si queremos adoptar una Misión para nuestra vida, debemos aceptar que estamos descartando algunas opciones diferentes o contrarias. La Misión, vista así, es una limitación o una restricción que nos imponemos voluntariamente. 


Si queremos definir nuestra Misión personal, nos conviene hacerlo con base en nuestros valores, intereses y competencias; a través de éstos, podemos formular una Misión que nos guste cumplir y que disfrutemos, aún en los momentos difíciles. Si logramos definirla así, estaremos conectando nuestra Misión con nuestra motivación intrínseca

Sin embargo, en muchas ocasiones, lo que debemos hacer no es sólo lo que disfrutamos sino lo que “nos toca hacer”, debido a las circunstancias en las que nos encontramos, las negligencias de los demás o las limitaciones, propias y ajenas. Siempre hay algo doloroso en el cumplimiento de una Misión, particularmente cuando queremos asumir la vida con integridad y coherencia. 


Abracemos nuestra Misión personal con valentía. Hagámoslo sin sacrificar nuestra conciencia del “aquí y del ahora” y la apertura plena a lo que la vida nos dice, nos brinda y nos exige

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sábado, 5 de enero de 2019

¿Tienen sentido el aburrimiento, la frustración o el dolor?

Tips para vivir con sentido este año. 


Hay una historia muy bella: 

“Desde la distancia, alguien observaba a un joven que se agachaba y saltaba; lo hacía muchas veces y sin detenerse. La persona que observaba se acercó y pudo darse cuenta que el joven en realidad recogía algo en la playa y lo lanzaba al mar; con mucha curiosidad, se acercó aún más y se dio cuenta que lanzaba una estrella de mar. Sorprendido por la dedicación del joven, le preguntó: “Si hay millares de estrellas de mar sobre la playa, ¿Qué sentido tiene que salves unas cuantas?”. El joven sin inmutarse, volvió a agacharse, tomó otra estrella de mar y la lanzó mar adentro, lo más lejos que pudo; sonriendo, miró al observador y le contestó: “Para ella, tuvo sentido…”, y siguió con su labor.” 


¿Qué cosas no tienen sentido en tu vida?, ¿Qué tiene sentido para ti?, ¿Cómo das sentido a tu vida? 

La mayoría de los seres humanos podemos soportar el aburrimiento, la frustración, la monotonía o el dolor, siempre y cuando sean ocasionales; sin embargo, nos pueden resultar insoportables cuando tales sentimientos son muy fuertes o los experimentamos repetidamente y por largo tiempo. 


En estos casos, puede ser que nos preguntemos por el sentido de lo que nos sucede; la pregunta puede llegar a ser tan intensa que encontrarle una respuesta, puede ser nuestra tarea existencial más importante. 

Cuando encontramos el sentido de una experiencia podemos encontrar alivio para nuestras penas y llenarnos de energía para afrontar las circunstancias de un modo más eficaz. 


A veces, somos muy buenos consejeros de otras personas, animándolas a encontrar el sentido de sus obstáculos y problemas, con el argumento de que tales cosas “suceden” por algo o para algo. Pero no siempre nos resulta fácil encontrar el sentido de las pruebas que afrontamos en nuestro vivir; más aún, nos resulta muy difícil encontrar el sentido de las carencias, dificultades e incertidumbres que afrontamos. 


No obstante, nos interesamos por hallar el sentido de las situaciones que vivimos e, incluso, de nuestra vida. Tal vez, nos anima la esperanza de encontrar algo de motivación para poder superar los momentos más difíciles. 


Sin embargo, encontrar el sentido de los acontecimientos o de la vida no es algo natural. A lo largo de la historia humana muchos se han preguntado por el sentido de la existencia y, al día de hoy, no hay un consenso acerca de una respuesta que satisfaga a todos. 

No es natural, porque una pregunta por el sentido de la vida empaqueta las más variadas experiencias y circunstancias de nuestra vida en un concepto abstracto: “la vida”, muy distante de la naturaleza sensorial, emocional y vivencial de nuestra experiencia cotidiana. 

¿Cómo podemos encontrar el sentido a nuestra vida? 


Como no es fácil ni natural encontrar el sentido de la vida, debemos asumir la pregunta por el sentido de nuestras circunstancias y de nuestra vida, no haciendo un ejercicio “filosófico” sino de otra manera: 

Seamos concretos 


No nos hagamos preguntas generales que sólo admiten respuestas generales; más bien identifiquemos las circunstancias “objetivas” de tiempo, modo y lugar, cuando estemos atravesando momentos de aburrimiento, frustración, monotonía o dolor. 


Preguntémonos: 

¿Cómo nos sentimos?, ¿Qué estamos pensando?, ¿Cómo actuamos o reaccionamos?, ¿En qué momento(s) y lugar(es) nos sentimos así?, ¿Qué está sucediendo con nosotros?, ¿Qué está sucediendo “afuera”? 

Para no ahogarnos en nuestros sentimientos, describamos las circunstancias que estamos viviendo, de tal manera que un observador externo pudiera estar de acuerdo con nuestra descripción. 

Seamos responsables 


No le pidamos a la vida ni a un tercero que nos responda la pregunta por el sentido de nuestra vida; al contrario, asumamos que las diferentes situaciones por las que atravesamos pueden ser muy problemáticas y que la vida, más que respuestas, nos formula interrogantes. 


Con nuestra descripción de lo que estamos viviendo, de acuerdo con las preguntas de más arriba, demos un paso más y preguntémonos: 

¿Qué retos debo superar?, ¿Qué oportunidades se me presentan?, ¿En qué debo mejorar?, ¿Qué puedo aprender respecto de mi autonomía, competencias y relaciones?, ¿Qué necesitan de mí? 

Interpretar nuestras circunstancias y darnos nuestras propias respuestas es responder por nosotros mismos a los interrogantes que la vida nos brinda. 

Si dotamos de sentido cada uno de los momentos más difíciles e inciertos de nuestro vivir, es muy probable que descubramos una fuente de auténtica motivación y autodeterminación. 


Tal vez, así, esos sentimientos de incertidumbre, aburrimiento, frustración, monotonía o dolor, sean más llevaderos y, quizás, nos conduzcan a ser mejores y a descubrir nuevas y esperanzadoras realidades. 

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