sábado, 18 de enero de 2020

El sentido de la autonomía

La experiencia subjetiva debe ratificar las condiciones sociales. 


(Al final, hay un video de esta publicación)

A pesar de que estén llegando a los cuarenta, algunos jóvenes adultos no se sienten preparados para salir de su casa y asumir su propia autonomía. Algo debe estar fallando en su situación. 

¿Cómo reconoces tu autonomía?, ¿cuándo se te facilita actuar con autonomía?, ¿en cuáles esferas de tu vida puedes desarrollar más autonomía? 

Diferentes estudios han demostrado que podemos promover la autodeterminación de las personas cuando facilitamos su autonomía: 
  • En un experimento de laboratorio, Deci, Eghrari, Patrick, y Leone (1994) demostraron que el mero hecho de explicar una conducta y apoyar la autonomía, era suficiente para facilitar su internalización e integración. 
  • Empleando entrevistas a los padres, Grolnick y Ryan (1989) encontraron que los padres cuando apoyaban la autonomía y el relacionarse, facilitaban una mayor internalización de los valores relacionados con la escuela entre sus hijos. 
  • Strahan (1995) identificó que los padres que apoyaban más la autonomía promovían una mayor identificación religiosa en sus hijos. 
  • En un diseño longitudinal, Williams y Deci (1996), observaron una mayor internalización de valores y practicas bio-psico-sociales entre estudiantes de medicina cuyos orientadores apoyaron más su autonomía. 

En resumen, promovemos la autodeterminación cuando actuamos en contextos sociales que facilitan la autonomía de las personas. 

¿Cómo podemos saber si estamos creando ambientes que favorezcan la autonomía? 

Así de sencillo: un ambiente es favorable para la autonomía cuando el individuo puede actuar con autonomía. 

Veámoslo desde la perspectiva de nuestra propia experiencia subjetiva: 

Poder actuar con autonomía implica que podemos tener una experiencia de libertad, voluntad y elección personal al realizar nuestras actividades y tareas. 

Esta experiencia ocurre dentro de nosotros mismos cuando comprendemos el significado de nuestras acciones y lo sintetizamos con nuestros propios valores, reglas o metas. 

Cuando esto sucede, decimos que ocurre una adecuada internalización de los motivos. 

Pero hay que tener en cuenta que la internalización de los motivos externos puede variar enormemente en cuanto su efectividad; en algunos circunstancias, podemos internalizarlos escasamente y en otras circunstancias podemos internalizarlos más efectivamente. 

Según los diferentes grados de internalización de las regulaciones y los valores asociados a las acciones, experimentaremos los diferentes tipos de motivación que ya hemos explicado en otras publicaciones: desde percibir sólo motivos externos hasta apreciar motivos auténticamente personales. 

En este sentido, los contextos sociales que promueven la autodeterminación son aquéllos que podemos representarlos como favorables para nuestra autonomía y donde nosotros mismos transformamos nuestros valores y nuestros horizontes de vida. 

Como educadores, no basta que declaremos el hecho de promover la autonomía de nuestros hijos, estudiantes o clientes; es necesario, impulsarlos a que verdaderamente ellos mismos se reconozcan pensando y actuando con autonomía en los diferentes escenarios de su vida. 

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Nota: Los estudios mencionados han sido citados por Ryan y Deci, 2000 y 2015.


sábado, 11 de enero de 2020

Sí se puede motivar a otros

"Nadie motiva a otros" es un mito sin fundamento científico. 



(Al final, hay un video de esta publicación)
Todos queremos que nuestros hijos sean responsables, que nuestros estudiantes progresen, que nuestros clientes se beneficien, que los empleados trabajen con calidad y que los ciudadanos muestren cultura. 

¿A quienes debes motivar?, ¿qué haces para motivar a otros?, ¿cómo sabes que los has motivado? 

Padres de familia, educadores, profesionales y líderes, nos enfrentamos todos los días al reto de motivar a otros para que hagan lo que es bueno para los demás. 

Por ejemplo debemos motivar:
  • A nuestros hijos para que sean responsables, respetuosos y creativos 
  • A los estudiantes para que desarrollen sus competencias y actúen con ética 
  • A nuestros clientes para que sigan nuestras recomendaciones 
  • A las personas para que contribuyan al bien común

El reto de motivar a otros equivale, ni más ni menos, a lograr que hijos, estudiantes, clientes, trabajadores y ciudadanos, se comprometan con acciones que son importantes para nosotros y por eso deseamos que ellos las realicen. 

Por ejemplo: 
  • Que nuestros hijos colaboren con algunos oficios en casa, como arreglar su habitación. 
  • Que nuestros estudiantes hagan silencio cuando otro habla. 
  • Que nuestros clientes asistan a las citas y cumplan sus tratamientos. 
  • Que los trabajadores den lo mejor de sí mismos en el desempeño de sus cargos. 
  • Que los ciudadanos participen activamente en los proyectos del gobierno local. 

Cuando las acciones son importantes para otros pero, inicialmente, no lo son para el individuo, decimos que se trata de “acciones extrínsecamente motivadas”, es decir, acciones motivadas “desde afuera” del individuo que las debe realizaar. 

Para que estas acciones extrínsecamente motivadas se vuelvan importantes para el individuo, es necesario un proceso de internalización de las regulaciones de tales acciones. 

Lo anterior significa que el individuo, por ejemplo, interioriza e integra a sus “motivos personales” las tareas y las reglas que corresponden a: 
  • Mantener la casa limpia y ordenada, en el caso de nuestros hijos. 
  • Escuchar a los demás, en el caso de los estudiantes. 
  • Realizar las terapias, tomarse los medicamentos o asistir a los controles, en el caso de los clientes. 
  • Trabajar con calidad y en equipo, en el caso de los empleados. 
  • Aportar ideas, fomentar la convivencia y respetar las normas, en el caso de los ciudadanos. 


Para que puedan internalizar tales acciones debemos crear un contexto que apoye las necesidades psicológicas básicas de nuestros hijos, estudiantes, clientes, trabajadores y ciudadanos.


No basta con palabras bonitas ni “palmadas en la espalda”; es necesario crear “sistemas” o ambientes donde se promueva la autonomía, la competencia y la afiliación de los individuos. 

Diferentes estudios han encontrado, por ejemplo, que el apoyo a las competencias del individuo facilita la internalización de las acciones en los otros (Vallerand, 1997), porque facilitan el desarrollo de la capacidad del individuo para realizar las acciones correspondientes. 

Esto es muy interesante porque ya sabemos cómo motivar a otros para que realicen las acciones “extrínsecamente motivadas” con compromiso, esfuerzo y desempeño de alta calidad (Ryan y Deci, 2000) contribuyendo a su propio bienestar y el de los demás. 

En resumen, si creamos ambientes favorables para las necesidades psicológicas básicas, incluyendo el desarrollo de competencias, facilitamos la internalización de las acciones “extrínsecamente motivadas” al punto de que los individuos podrán estar comprometidos y ser auténticos con tales acciones.

En esto consiste la educación y en ello radica el inmenso poder motivador de quienes debemos motivar a otros.

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