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martes, 15 de mayo de 2018

¿Eres tu propia creación?

Una maravillosa explosión de vida 


Una diminuta planta, un perrito o un bebé tienen mucho en común. Tienen una capacidad innata para crearse a sí mismos, constantemente. 


¡Qué maravilloso es observar de cerca la germinación de la planta, el crecimiento del cachorro o el desarrollo del niño! 


¿Qué situaciones de tu vida actual te ayudan a crecer como persona?, ¿En qué aspectos estás creciendo?, ¿Cómo puedes cultivar tu crecimiento integral? 


Esta capacidad para crearte a ti mismo(a), es una extraordinaria capacidad de tu ser biopsicosocial: 
  • Eres un ser vivo 
  • Con emociones, sentimientos y pensamientos 
  • Necesitado de los demás 
Estas tres dimensiones, determinan tres maneras distintas de crearte a ti mismo(a) todos los días: 

En lo biológico: te creas a ti mismo alimentándote de manera balanceada, tomando agua y bebidas saludables, haciendo ejercicio, tomando pausas activas durante tu jornada de estudio o de trabajo, cuidando tu higiene y tu salud. 


En lo psicológico: te creas a ti mismo resolviendo los problemas del diario vivir, interpretando las experiencias como lecciones de vida, leyendo, siendo creativo, innovando, examinando tu manera de actuar y de comportarte, enfrentando tu propia lucha interior. 


En lo social: te creas a ti mismo relacionándote con los demás, sirviendo a otros, pidiendo la ayuda de los demás cuando lo necesitas, compartiendo el día a día con tu familia, amigos o compañeros, conversando o dialogando, cuidando a los más frágiles, resolviendo los problemas comunes. 


Cuando te creas a ti mismo(a), multiplicas tus capacidades y creas más opciones de bienestar y felicidad, que te benefician y benefician a los demás. 

¿Qué debes hacer hoy para crearte? 

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Feliz Día de la Familia y del Maestro

jueves, 22 de marzo de 2018

Definir tu identidad

Es una trampa que podría no gustarte. 


Hay cinco aspectos que liberan y ayudan a construir la identidad en niños, jóvenes y adultos. 


“Dime con quién andas y te diré quién eres”, es un refrán usado en algunos países para aconsejar a los niños y jóvenes respecto de la importancia de saber escoger sus amistades. 

Hay algo de sabiduría en esa frase, pero lo que promete es infundado: nadie puede decirte quién eres y, mucho menos, con base en otra persona con quien andas. 


¿Quién fuiste hace años?, ¿Quién eres?, ¿Quién quieres ser? 

Decir quién eres equivale a definir tu identidad. 

Si tienes el deseo de conocerte y responder a la pregunta de quién eres en este momento de tu vida, te invito a pensar en cinco aspectos que ayudan a construir la identidad: 

Palabras: lo que has escuchado sobre ti, dicho por tus padres, profesores, compañeros y otras personas que te aman; también lo que dices de ti mismo. 

Relaciones: los lazos que cultivas, así como las personas que te resultan ejemplares o influyen sobre ti. 

Decisiones: tus valores, preferencias y gustos; también las opciones que tomas para ti de la vida. 

Acciones: lo que haces, lo que te atreves a hacer y los resultados de tus acciones. 

Pensamientos: tus pensamientos sobre las palabras de los otros y las experiencias que vives. 


Como tu identidad no puede reducirse a definiciones, te invito mejor a construir tu identidad, en términos del sello personal o la huella que quieres dejar, cada día de tu vida. 

Si tienes hijos o alumnos, ayúdales a construir su identidad.


Construir identidad es elegir personalmente las palabras, relaciones, decisiones, acciones y pensamientos, que tienen cabida en tu vida.

Construir identidad es un proyecto de toda una vida, puede darte alas y llevarte a paisajes grandiosos. 

La identidad no es un traje prestado que tú te pones con palabras, relaciones, decisiones, acciones y pensamientos de otros.


Tampoco caigas en la trampa de intentar definir tu identidad: podrías quedar atrapado en aquello que digas de ti y podría ser que no te guste la situación. 

Construir cada día no es lo mismo que definir. 
¡Definir es morir!


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domingo, 11 de marzo de 2018

Tu acción no tiene que ser coherente

Pero tus pensamientos y palabras refuerzan tu acción.


Nadie puede obligarte a ser coherente con lo que piensas o dices. Sin embargo, hay un poder eficaz en los pensamientos y las palabras afines con tus acciones.



Esta semana mi hijo me comentó su intención de tener un negocio muy pronto y una situación muy gratificante que vivió. 

Hablamos al respecto y estuvimos reflexionando acerca de la alineación entre acciones, palabras y pensamientos. 

¿Tus acciones te llevan en la dirección que quieres?, ¿Cuáles son los pensamientos que apoyan tus acciones?, ¿Cuáles sentimientos están potenciando tus acciones? 

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La coherencia no es una obligación 


Tal vez, tú hayas escuchado que alguien se ufana de hacer lo que dice y de decir lo que piensa, como si fuera una norma que todos debiéramos aplicar en nuestra vida. 

Se habla de la coherencia entre lo que se piensa, se dice y se hace. Podría creerse, incluso, que debes hacer todo lo que dices y piensas. 

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No estoy de acuerdo con imponer esa coherencia como una fórmula para vivir mejor o para lograr nuestros proyectos. 

Hay pensamientos y palabras que no valen la pena 


Una gran parte de lo que pensamos es aleatorio, ilógico y fugaz. ¿Te has dado cuenta que a veces piensas algo y lo olvidas antes de que puedas decirlo?  

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Igualmente, muchos de nuestros pensamientos justifican o interpretan nuestras emociones y sentimientos. ¿Tomarías en serio todo lo que piensas cuando estás triste, con miedo o con ira?

¿Tendrías la obligación de expresar o actuar de acuerdo con pensamientos sombríos o con los que te sientes avergonzado? 

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Así mismo, muchas veces se dicen cosas bajo el efecto de las emociones, de la presión social o del alcohol. ¿Quisieras que todas tus palabras se convirtieran en obligaciones para ti?

Tú no tienes que actuar como piensas ni como dices. 

Tus acciones son más poderosas si tienes pensamientos y palabras afines 


Para hacer realidad tus sueños, deseos o proyectos, sólo tienes que actuar de la manera adecuada; es la ley natural de la causa y el efecto. 

Ahora bien, si tus acciones son adecuadas, es muy posible que tengas mejores resultados y logres los efectos deseados, cuando tienes la fuerza de pensamientos y palabras afines. 

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En los pasos decisivos de tu vida, elige primero las acciones y luego elije los pensamientos y las palabras que estén alineados con lo que deseas. 

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martes, 20 de febrero de 2018

¿Tienes valores y razones para vivir bien?

Tus pensamientos, sentimientos y actos puede ser anticuados. 


Discernir valores y nuevos significados en nuestro proyecto de vida. La cultura puede imponer maneras de pensar, sentir y actuar, que no son adecuadas para las circunstancias que vivimos. 


¿Qué tradiciones hay en tu familia?, ¿Cuáles manifestaciones culturales son importantes para ti?, ¿Cuáles son tus verdaderos valores? 

¿Quién no hizo esta tarea? “Poner una semilla de fríjol en una capa de algodón, sobre un frasco con agua casi hasta el borde; mantener el nivel del agua por varios días; dibujar en el cuaderno lo que ocurre con la semilla”. 

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En cierta manera, aprendimos a cultivar nuestras propias plantas de fríjol, alverja o cualquier otra legumbre, comprendiendo el proceso de la germinación. 

La capacidad para cultivar y producir alimentos, ha tenido una importancia inmensa en el desarrollo de la humanidad. 

Pero más allá de la agricultura, los seres humanos también hemos cultivado muchas características o quehaceres importantes para la vida: conocimientos, ideas, artes, literatura, artefactos, creencias, normas, tradiciones, costumbres, hábitos y habilidades. 

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Todo eso que conocemos como Cultura, es una manifestación valiosa de lo que ha ayudado a los diferentes grupos humanos en su integración y desarrollo, a través de la historia. 

Por su valor, la cultura se transmite de generación en generación, como si fuera “el [único] modo en que nosotros pensamos, sentimos o hacemos las cosas”. 

Sin embargo, sabemos que las manifestaciones culturales son distintas, según la ubicación geográfica o social del grupo, y que cambian con el tiempo. La cultura es dinámica y relativa a las circunstancias. 

Por ello, aunque todos los productos culturales tienen un enorme significado para conocer a un grupo social o pueblo, es necesario tener en cuenta que los conocimientos y técnicas subyacentes pueden estar obsoletos. 

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Somos un producto cultural, en la medida de que pensamos, sentimos y actuamos de manera muy similar a nuestros pares, porque lo hemos aprendido a través de la convivencia y la educación. 

Esto implica, que nuestros pensamientos, sentimientos y actos, también pueden ser obsoletos o inadecuados para las actuales circunstancias. 

Por ello, cada uno de nosotros tiene que ser capaz de discernir los valores que ha recibido a través de la cultura y darle nuevos significados en el contexto actual, de acuerdo con nuestro personal proyecto de vida. 

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Define tus propios valores y dales un nuevo significado en tu vida 

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jueves, 25 de enero de 2018

La clave de la inteligencia emocional

Aprende a traducir tus emociones.


Puedes controlar la tristeza, el miedo o la ira, transformando tus emociones en sentimientos positivos elegidos por ti. Aprende a hacerlo.

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¿Cómo sueles reaccionar emocionalmente?, ¿Cuál es la emoción destructiva que más te afecta?, ¿En qué momento te sientes presa de tus emociones?

Conozco una chica que cuando siente miedo, tristeza o ira, se deja arrastrar por un torrente de depresión y ansiedad.

Como sus emociones generalmente son la reacción “natural” ante alguna situación externa, ella cree que no puede hacer nada para cambiar la manera como se siente.

De lo que no se da cuenta, es que lanzarse al río de la depresión o la ansiedad, y dejarse llevar, es una elección inconsciente.

Si a ti te pasa algo parecido, a veces, te invito a crecer emocionalmente, ensayando poco a poco respuestas emocionales más saludables.

¿Cómo puedes ayudarte a crecer emocionalmente?


Para que tus emociones no te inunden ni se apoderen de ti, haciéndote creer que nada puedes hacer para estar mejor, te invito a procesar tus emociones y convertirlas en sentimientos positivos.

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Ayúdate del poder del pensamiento y descubre lo que acompaña a cada emoción que te perturbe:

Ideas: Expresa lo que se te ocurre bajo el efecto de esa emoción.

Hechos: Identifica el momento, el lugar y las circunstancias en donde se manifiesta la emoción.

Consecuencias: Señala efectos de la emoción en tu salud, en tus relaciones o en tus proyectos.

Alternativas: Elige un sentimiento positivo que, si lograras experimentarlo, podría ayudarte a estar mejor.

En otras palabras, traduce una emoción que te perturba en un sentimiento positivo o estimulante que te llene de fuerza: Por ejemplo, transita de la tristeza a la esperanza, de la ira al perdón, del miedo a la valentía.

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¿Crees que no puedes hacerlo sola? Apóyate en quienes te aman o busca ayuda profesional.

Cada vez que experimentes tristeza, miedo o ira, elige crecer con sentimientos positivos

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lunes, 22 de enero de 2018

Cuidado con lo que metes en tu cabeza

Elimina los pensamientos tóxicos y dañinos.


No tragues entero el pensamiento de los demás: mastícalo y conviértelo en reflexión personal.


¿A quienes sueles creerle lo que dicen?, ¿Qué haces cuando lees algo escandaloso?, ¿Cuáles pensamientos te ayudan a vivir mejor?

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Conozco personas que han tomado la decisión de no volver a ver, escuchar ni leer las noticias, por la angustia que les causaban.

Estoy en un grupo de WhatsApp que discute sobre la situación actual, el gobernante de turno, y la necesidad de cambios radicales; detrás de las opiniones de cada uno, se trasluce el deseo de que ese grupo político vuelva a tener poder.

Pertenezco a varios grupos en Facebook que alientan a sus miembros a realizar cambios en su estilo de vida; los argumentos o las noticias que se comparten son muy variadas, incluyendo algunas de evidente falsedad.

Hoy más que nunca, los productos del pensamiento de los demás están a nuestro alcance.

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Pero ten cuidado con las ideas que metes o mantienes en tu cabeza. No todas son de fiar:

Hay ideas con formato de información objetiva: ciencia, tecnología, cultura, educación académica, diarios, noticieros, están determinadas por el contexto en que se producen. Por lo tanto, verdad absoluta, verdades científicas o dogmas religiosos, también son productos volátiles del pensamiento.

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Hay ideas con formato de interpretación personal: narración de eventos, creencias, opiniones, filosofías, ideologías, blogs, caricaturas, memes, son aproximaciones parciales a la realidad en las que se que intercalan subjetividades.

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Hay ideas con formato de engaño: noticias falsas, chismes, críticas destructivas, disfrazan de información objetiva u opinión legítima, distorsiones acerca de la realidad, de las personas o sus intenciones.

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Elige las ideas que metes o mantienes en tu cabeza. 

Piensa sobre los pensamientos de los demás


Yo te invito a que conviertas las ideas de los demás en objetos de tu actividad pensante. 

Esto es, analiza, comprende y evalúa noticias u opiniones. Quédate sólo con aquellas que te brindan información valiosa para tu proyecto de vida.

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No tragues entero. Ten cuidado con las ideas que metes o mantienes en tu cabeza.

Elige tus propios pensamientos

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sábado, 20 de enero de 2018

¡Esa es la actitud!

Cómo hacerte dueño de tu vida.


La actitud apropiada ante cualquier situación es una pequeña lección de vida y es un paso gigante en nuestro proyecto de vida.


¿Cuál es la persona que más te ayuda con sus actitudes?, ¿Cómo reconoces lo que es una buena actitud?, ¿Cuándo tuviste una actitud admirable recientemente?

“¡Esa es la actitud!”. ¿Te lo han dicho? Seguramente lo has sentido como un elogio y un respaldo de la otra persona hacia tu comportamiento.

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¿Sabes por qué? Porque los seres humanos valoramos ciertas actitudes que son apropiadas para enfrentar los problemas o, simplemente, nuestros deberes. “Cuando toca, toca”.

Por eso, cada vez que alguien te dice “¡Esa es la actitud!” está reconociendo que tu comportamiento es apropiado ante una situación y te está empoderando, porque confía en tu actitud y también se siente empoderado.

Cada actitud tuya que merezca un “¡Esa es la actitud!”, es un acto de afirmación tuya y una lección de vida para los demás, porque así muestras una manera adecuada de enfrentar los hechos.

Una actitud apropiada te hace más dueño de tu vida. Las cosas no te suceden meramente, sino que te apropias de la situación y eliges la actitud correcta para hacer lo que es mejor para ti y para los demás.

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La actitud apropiada es como aprovechar el viento para elevar la cometa o para navegar en la dirección correcta. Te empodera, te saca de tu zona de confort y es un paso significativo para cumplir tus proyectos.

Elige esta clase de actitud cada vez que seas retado por una obligación o por un imprevisto; elige la reacción más apropiada y la que te estimule para salir adelante.

¿Cómo puedes asegurarte de tener la actitud? 


Elige una manera de actuar coherente con lo que eres y que responda a cada situación, como si fuera una oportunidad para sacar lo mejor de ti y de las personas que te acompañan.

Eso sí, toma conciencia que tu actitud será aplaudida cuando mezcle tres ingredientes:

Pensamiento: tienes tus buenas razones de aprobación o rechazo.

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Afecto: manifiestas sentimientos o emociones, acordes con tus ideas.

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Comportamiento: eres claro en lo que haces o estarías dispuesto a hacer.

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Cada vez que te enfrentes a una situación, ¡Elige tu actitud!

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viernes, 29 de diciembre de 2017

Cinco trucos para descubrir el engaño

No te engañes con la pregunta “¿Quién soy?”.


Eres auténtico, único e infinito en posibilidades, pero hay cinco moldes que pueden engañarte y bloquear tu proyecto de vida.


¿Quién eres?, ¿Quién quieres ser?, ¿Quién debes ser?

Cuando todavía estaba en el colegio, tuvimos una convivencia con las estudiantes de otro colegio; una de las dinámicas inició con la pregunta “¿Quién soy?”. Acostumbrados a presentarnos por nuestro nombre, edad y rol, el primero contestó algo así: “Soy Juan Pablo, tengo 15 años y estoy en cuarto de bachillerato (en ese tiempo, se decía así y equivale al 9° grado de ahora).

La coordinadora de la actividad lo cuestionó: “¿Eso eres?” y se dirigió a todo el grupo: “Yo no les he pedido que digan su nombre, ni su edad ni lo que hacen… Quiero que me digan quién son.” Y agregó: “Si sus papás les hubieran puesto otro nombre, ¿Serían otra persona distinta?, el año pasado que tenían un año menos, ¿Eran otro diferente?, o cuando vayan a la universidad, ¿Ya no serán ustedes?”.

Y finalizó: “Quiero que todos contesten la pregunta de ‘Quién soy’ pero desde el fondo de su corazón… Ahora sí, dinos Juan Pablo: ¿Quién eres?”.

No recuerdo lo que él contesto. Lo que sí recuerdo es que muchos no supimos qué responder o inventamos respuestas insólitas, filosóficas o rebuscadas para salir del apuro. Al final, cuando sonó la campana, así era de verdad, nos sentimos aliviados al dar por terminado el ejercicio.

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La pregunta más valiosa con respuestas insignificantes


Por siglos, la humanidad se ha preguntado en boca de filósofos, artistas, gobernantes, educadores y ciudadanos, común y corrientes, “¿Quién soy?”. Desde la antigua Grecia hasta nuestros días, pareciera ser la pregunta más repetida y más inquietante.

¿Cómo puede ser que durante tanto tiempo la pregunta “¿Quién soy?” se mantenga vigente y abierta para nuevas respuestas?

El hecho es que sí ha sido respondida, pero sólo parcialmente; cada persona, de alguna manera, la ha contestado de acuerdo con su contexto moral, normativo, político, filosófico, es decir, de acuerdo con sus circunstancias históricas. Pareciera que es muy difícil, si no imposible, responderla de manera “objetiva”, sin la distorsión de la situación en la que se vive.

Tal vez, los seres humanos somos todo lo que se ha predicado de nosotros durante siglos y lo que se diga en los venideros; es como si la respuesta correcta fuera el acumulado de todas las respuestas posibles, acotadas cada una por su contexto.

Entonces, nos enfrentamos a la paradoja de tener una pregunta, acaso la más valiosa que nos podamos hacer, con miles de respuestas sesgadas, parciales y de dudosa certeza.

Dicho de otra forma, la pregunta más valiosa la contestamos con opiniones muy poco significativas para todas las personas, independientemente de su época o circunstancias.

No obstante, la humanidad seguirá preguntándose “¿Quién soy?”.

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Y tú, ¿Quién eres?


Haz de cuenta que hoy estás entre los estudiantes de la convivencia y ya conoces la consigna de la facilitadora de la dinámica. ¿Tú quién eres?

Por favor, haz el ejercicio en este mismo momento antes de seguir leyendo; en tu mente o en un papel registra una respuesta sincera: que tú sepas que es cierta para ti, al menos por ahora.

¿Ya la pensaste?, ¿Ya la escribiste? 

No avances hasta tener mínimo una respuesta a la pregunta ¿Quién soy?

¿Listo?

Ahora que ya tienes por lo menos una respuesta, revísala con los siguientes criterios para que puedas identificar si es “Tu” respuesta o si sólo es “una” afirmación fabricada con algún molde preestablecido.

Cinco trucos para descubrir los moldes del engaño


Muchas veces cuando damos respuesta a las preguntas existenciales más importantes, usamos moldes, hormas o modelos que determinan la forma engañosa como las contestamos.

Como tú tienes al menos una respuesta a la pregunta “¿Quién soy?”, descubre si has utilizado alguno de estos moldes:

1. Creencias de otros: lo que tus padres, tus hermanos, tus amigos, tus profesores, tus guías espirituales, o cualquier otra persona, ya habían dicho de ti y tú lo repites ahora. 

Truco 1: las creencias de los otros sobre ti priman mucho más de lo que tú piensas de ti mismo, si tú puedes alargar tu respuesta con la frase “…, así como me lo dijo fulanito de tal” y descubres que así funciona. 

Por ejemplo: “Soy malo para el estudio o para la lectura, así como me lo dijo mi maestra de primer grado.”

2. Comparación con otros: descubres que tu opinión ha surgido como resultado de compararte con otra persona que tú conoces o con un personajes de la historia. 

Truco 2: tu respuesta es engañosa si tú puedes continuar tu respuesta con la frase “…, así como fulanito de tal” o “… distinto a fulanito de tal”. 

Por ejemplo: “Soy muy sincero y confiable, así como Benjamín Franklin.”, o “Soy normal y poco creativo, distinto a [tu amigo o distinto a] Steve Jobs”

3. Circunstancias: comprendes que tu respuesta está claramente ligada a una situación específica del entorno actual o reciente de tu vida. 

Truco 3: sospecha de tu respuesta si la puedes extender con la frase “…, de manera que [no] puedo aprovechar o resolver tal circunstancia”. 

Por ejemplo: “Tengo mucha iniciativa y soy un emprendedor, de manera que puedo aprovechar o resolver el reto de crear una nueva app.”, o “Soy muy temeroso, poco fuerte, yo diría débil, de manera que no puedo aprovechar o resolver mi relación con Laura”.

4. Emociones o pensamientos: tu afirmación está determinada por sentimientos intensos o por contenidos de tu pensamiento, que hacen parte de tu vida reciente o actual. 

Truco 4: caes en el engaño si puedes ampliar tu respuesta con la frase “…, así como me estoy sintiendo”, o “…, de acuerdo con lo que pienso ahora”. 

Por ejemplo: “Soy muy ansiosa, así como me estoy sintiendo.”, o “Soy un ser de luz, de acuerdo con lo que pienso ahora”.

5. Expectativas: tu declaración está fuertemente determinada por tus deseos, tus sueños, tus aspiraciones o tus expectativas actuales. 

Truco 5: tu respuesta no es del todo cierta si la puedes continuar de manera natural con la frase “…, porque necesito ser así para…”. 

Por ejemplo: “Soy muy disciplinada y fuerte de carácter, porque necesito ser así para enfrentar mi divorcio”.

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Si tu(s) respuesta(s) a la pregunta “¿Quién soy?” ha(n) sido moldeada(s) por alguna de estas variables, te invito a reconocer que hoy tal vez reconozcas como verdadera tu respuesta pero que se trata de “verdades a medias” porque tú eres mucho más que eso. 

Más allá de las creencias de otros sobre ti, de cómo te compares con los demás, de las circunstancias que estés viviendo, de tus emociones, pensamientos o expectativas, eres eso y mucho más que eso, porque eres único e infinito.

Ser único es tener una identidad sin igual, propia e irrepetible.

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Ser infinito significa que no puedes ser reducido a ninguna respuesta que te den o que tu formules respecto a “¿Quién soy?”, simplemente porque tu valor como persona es mayor que cualquier concepto o característica que te describa.

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Cambia la pregunta


De hecho tú puedes ser lo que tú te propongas ser, si desarrollas las habilidades necesarias y haces lo que corresponde. 

Por eso, te sugiero que cambies la pregunta de “¿Quién soy?” por la de “¿Quién estoy siendo?”, “¿Quién quiero ser?” o “¿Quién debo ser ahora?”. 

Si tu intuición es la protagonista de tu respuesta, permitiéndote definir quién estás siendo o quieres ser ahora, o si es tu conciencia la que te invita a responder ante las demandas de tu vida, identificando quién debes ser ahora, siempre estarás dando un paso significativo para hacerte más dueño de tu vida, para vivir TU proyecto de vida.

Eso sí, cuando tengas la respuesta de quién quieres o debes ser ahora, vuelve a preguntarte si se trata de una respuesta generada por ti mismo, auténticamente tuya, o si ha sido elaborada o modelada con uno de los cinco moldes preestablecidos y no la sientes como tuya de verdad.

Tu reto es ser auténtico, único e infinito en posibilidades. No dejes que nadie ni nada te engañe con falsas o miopes respuestas.

Ahora, responde rápidamente: ¿Quién quieres o debes ser?. Más adelante podrás elaborar tu respuesta.

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martes, 19 de diciembre de 2017

La historia del hámster perdido

Cuando tienes que decirte: “Hay que seguir buscando”.


Hay pérdidas en nuestra vida que son para bien; hay otras que son para mal. Debemos distinguir cuándo simplemente hay que dejar que se vaya lo perdido y cuándo es conveniente recuperarlo. 


¿Qué hiciste al darte cuenta de algo que se te perdió?, ¿Cómo reaccionaste la última vez que encontraste algo?, ¿Cómo distingues entre lo que vale la pena buscar y lo que no?

Mi hijo se levantó ayer por la mañana para revisar cómo estaba el hámster que había aceptado cuidar por las vacaciones de Navidad.

No lo encontró en la jaula, ni en el baño donde la había dejado, ni por ningún lado. Yo le ayudé a buscarlo pero no lo encontramos; mi esposa hizo lo mismo en la tarde, pero parecía imposible encontrar un animalito tan diminuto.

En la noche, mi esposa lo vio por casualidad cuando fue a apagar la luz de la cocina, después de buscarlo por la sala y el comedor; inmediatamente nos llamó a todos. Mi hijo se levantó al escucharla y lo cogió; se había escondido debajo de unas rejillas que usamos para poner frutas y otras cosas. 

En realidad nos habíamos preparado para seguir buscándolo todos los días hasta que apareciera, a pesar del desánimo que da el hecho de buscarlo, supongamos, durante una hora por todos los sitios que a uno se le ocurre, y no encontrarlo. Nos dijimos varias veces: “Hay que seguir buscando” y “Tendrá que aparecer en algún momento”.


Bueno, hasta aquí la anécdota del hámster y de acá en adelante mi reflexión: Nuestra vida muchas veces consiste en seguir buscando lo que hemos perdido de manera pasajera aún cuando el desánimo nos invada. 


Hay tanto que podemos perder


A veces, perdemos cosas materiales que necesitamos para estudiar, para trabajar o para vivir; nos toca recuperarlas o volverlas a conseguir.

Otras veces, perdemos seres queridos, amigos o personas muy significativas; si han muerto nos toca dejarlos ir, pero si se han distanciado tal vez podamos hacer algo para darles opción de que regresen a nuestra vida. No hay certeza, pero puede ocurrir.

En otros momentos, perdemos estados emocionales positivos o valiosos; perdemos nuestra tranquilidad, nuestro entusiasmo, nuestra alegría, nuestra confianza, nuestro optimismo o, incluso, nuestra seguridad. Así como los perdemos, podemos recuperarlos.

Las pérdidas en nuestra vida tienen diferentes significados, dependiendo de lo que hayamos perdido y de las circunstancias.

Perder algo puede tener significados diferentes


"Déjalo ir"

Hay pérdidas que son irrecuperables porque así es la vida: los objetos únicos o con un significado afectivo que los hacía únicos, lo que fuimos en el pasado, el cuerpo que tuvimos, los que murieron, los que nos dejaron y no quieren regresar, los hijos que crecieron…, son pérdidas para siempre y así conviene que sea, porque nos recuerdan que la vida es pasajera, es dinámica y fluye constantemente.

Ante esas pérdidas irrecuperables, lo único que podemos hacer es aprender y aceptar.

"Esa no es tu talla"

Hay otras pérdidas que sí podemos recuperar pero que no valen tanto como para intentarlo. Son las pérdidas de todo aquello que significa simplemente apego, costumbre, comodidad o zona de confort.

Cuando dependemos de cosas o comportamientos determinados para sentirnos en paz o alegres, la vida nos arrebata esas cosas para recordarnos que debemos aprender, crecer y evolucionar. No nos conviene hacernos los sordos con la vida y tratar de recuperar aquello que ya no es de nuestra talla.

"Encuéntralo de nuevo"

Finalmente, hay pérdidas que son recuperables y que, además, debemos asumirlas como retos para buscar y encontrar de nuevo lo perdido. En la vida de cada uno de nosotros, también hay hámsteres que debemos buscar hasta encontrar.

Esta clase de pérdidas recuperables, generalmente tiene que ver con nuestros propios valores y con nuestras emociones y pensamientos más auténticos.

Por ejemplo, si en determinado momento hemos perdido nuestra honestidad, nuestra bondad, nuestra sinceridad, lo mejor que podemos hacer es perdonarnos, reparar el mal que hayamos hecho y volver a vivir nuestros valores. Vivimos para nuestro bien y el bien de los demás.

O si nos sentimos tristes, ansiosos, deprimidos, preocupados o cansados, lo mejor que podemos hacer es hacer un alto en nuestro camino, relajarnos, descansar o buscar ayuda para volver a vivir con optimismo y alegría nuestra vida. Vivimos para sonreír cada día con el sol brillando en nuestros días o la luna iluminando nuestras noches.

Si pensamos que somos débiles, feos, malos, menos que los demás, llamados al fracaso, perdedores, lo mejor que podemos hacer es romper todos esos pensamientos negativos, identificar los pensamientos opuestos y cultivarlos cada día. Vivimos para seguir el camino más inteligente y conveniente para nuestra vida y la vida de quienes amamos.

Por ejemplo, construye emociones positivas o remplaza tus pensamientos negativos por estos otros: “Me hago más fuerte…”, “Hay belleza en mí cuando…”, “Soy bueno para…”, “Soy distinto y tan valioso como los demás”, “Soy capaz de lograr esto que me propongo…”.

Distingue qué es lo que debes recuperar


Siempre que descubras que estás pensando, sintiendo o actuando de manera distinta o contraria a tus valores, toma conciencia de esa situación, identifica si se trata de un progreso en tu vida o una pérdida y, en caso de que se trate de un retroceso, busca la manera de recuperar lo perdido porque tienes el deber de hacerlo y, tal vez, signifique tu felicidad. 

No importa cuánto esfuerzo debas invertir ni cuánto te demores, pero siempre sigue buscando…, en algún momento tendrá que aparecer lo que perdiste.

No te desanimes y sigue buscando hasta encontrar lo tuyo.

En cambio, si tus nuevos pensamientos, sentimientos o acciones corresponden a un crecimiento o avance en tu vida, no te apegues ni retengas los anteriores, son del pasado, ya no son tuyos, así que déjalos ir por tu bien.

¿Qué vale la pena que hoy recuperes?

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