sábado, 26 de octubre de 2019

Cinco tipos de motivación que debes conocer

La motivación es empoderamiento. 

(Al final, hay un video de esta publicación)

Si fuéramos actores profesionales, protagonistas de una película o una obra de teatro, estaríamos acostumbrados a que trabajar con otros actores y en distintos ambientes. 


Sin embargo, si nuestra vida fuera como una película o una obra de teatro, algunos actores desconocerían nuestro libreto y la ambientación podría no estar acorde. 

¿Cómo te motivas?, ¿Cómo motivas a otros?, ¿Cuáles son los motivos que tienes en cuenta? 

Habría algunas escenas en las que los otros actores y la ambientación nos ayudarían a hacer nuestro papel, pero también nos encontraríamos en varias escenas con el reto de modificar nuestro libreto para responder a lo que los demás hicieran o a lo que encontráramos en la situación. 


Es decir, nuestra actuación podría estar motivada por nuestro personaje, a veces, pero también por lo que otros actores hicieran o dejaran de hacer. No sería fácil sacar adelante nuestra historia, pero tendríamos que hacerlo. 

En otras palabras, nuestra actuación sólo en algunas ocasiones podría estar claramente determinada por nosotros mismos, con base en nuestro personaje y nuestro libreto, pero no siempre sería así. 


Igualmente, tendríamos que aprovechar los motivos de “adentro” -el libreto y nuestras propias emociones- o de “afuera” -lo que otros dijeran o hicieran- para hacer un buen papel. 

Así es, más o menos, la vida: a pesar de que queremos actuar con autodeterminación, en muchas ocasiones nuestra conducta puede ser determinada por los demás y por motivos ajenos a nosotros mismos. 


La diferencia entre la conducta no-autodeterminada con la conducta autodeterminada, muchas veces está dada por los motivos y la regulación que nos mueven a actuar. 

La línea que une estos dos tipos de conducta, también representa dos tipos de motivación: externa (extrínseca) e interna (intrínseca), con diferentes grados de motivación en función de los procesos individuales y las condiciones sociales: 

Motivación externa: es extrínseca porque la causa de la conducta es percibida completamente como externa, afuera del individuo, y predomina el sentido de la obediencia a una figura significativa, con la expectativa de obtener recompensas externas o evitar castigos de terceros. 

Motivación introyectada: es extrínseca porque la causa de la conducta es percibida parcialmente como externa y predomina la invitación al autocontrol o al “asumir tu responsabilidad”, con la expectativa de obtener recompensas externas o evitar castigos de terceros. 


Motivación identificada: es algo intrínseca porque la causa de la conducta es percibida parcialmente como interna, como si proviniera “en parte” del propio individuo, y predomina el criterio personal y la percepción del valor o importancia de la conducta específica. 

Motivación integrada: es intrínseca porque la causa de la conducta es percibida como interna, originada en el propio individuo, y predomina el sentido de integridad y congruencia de la conducta con su identidad consciente. 


Motivación intrínseca: la causa de la conducta es percibida enteramente como interna, proviniendo del propio individuo, y predomina el interés personal, el gozo y la satisfacción inherente en la realización de la actividad. 

La motivación externa e introyectada corresponden a la conducta no-autodeterminada, mientras que la motivación identificada, integrada e intrínseca, son grados de conducta autodeterminada. 


La consecuencia práctica de comprender que la motivación es un continuo entre dos extremos, es que los padres de familia, educadores, administradores y gobernantes, podemos ser más efectivos si no nos quedamos simplemente en “motivar” el autocontrol y el sentido de responsabilidad, sino que vamos más allá. 

Es decir, si creamos las condiciones favorables para que el individuo viva el valor de la conducta respecto de su propia identidad. 


Sólo así estaremos trabajando por la autodeterminación que es el empoderamiento auténtico de las personas. Ésta debe ser la meta de cualquier programa de motivación. 


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sábado, 19 de octubre de 2019

Cómo se puede motivar “desde afuera”

El poder de la regulación externa. 

(Al final, hay un video de esta publicación)

Cuando estamos aprendiendo cualquier técnica, por ejemplo, para sumar, dibujar o tejer en lana correctamente, recibimos modelos y reglas que debemos tener en cuenta y repetir. Es decir, nuestro aprendizaje se refiere a la regulación específica del “arte” de sumar, dibujar o tejer. 


¿Quiénes han sido ejemplo para ti?, ¿Cuáles han sido sus mejores enseñanzas?, ¿Cuáles reglas sociales te parecen importantes? 

Se dice que “nadie motiva a nadie” en un intento de afirmar que “debemos motivarnos a nosotros mismos”. No obstante, hay que reconocer que nuestro aprendizaje, incluso nuestra conducta en general, puede referirse a modelos externos: 
  • “La suma es este resultado” 
  • “Copia este dibujo” 
  • “Éste es el suéter que vamos a tejer” 

O puede referirse a reglas: 
  • “Comienzas sumando las cifras de la derecha” 
  • “Ten en cuenta las proporciones de la figura humana” 
  • “Coge las agujas de esta manera” 


La regulación también es un concepto central en lo biológico (nuestro cuerpo tiende hacia el equilibrio homeostático), lo cognitivo (intentamos resolver las contradicciones en nuestro modo de pensar) y lo social (tendemos a adoptar costumbres, modas y tendencias de nuestro grupo de referencia). 

En general, nuestro aprendizaje siempre implica la adopción de modelos y la repetición de acciones que son importantes o valiosas, es decir, procesos de regulación de nuestra conducta. La regulación, entonces, consiste en la prescripción y/o adopción de conductas y valores. 


Cuando la prescripción de conductas y valores, proviene de terceros, es decir, instituciones (familia, escuela, empresa, sociedad) o personas (padres de familia, maestros, entrenadores, supervisores, jefes), hablamos de regulación externa. 

La regulación externa, en este sentido, es un factor importante en la formación y educación de los menores, así como en todas las instancias de la vida en sociedad. 


Quienes tienen responsabilidades en la socialización o educación de personas, muchas veces recurren a las amenazas o recompensas para ejercer cierta presión a favor de las conductas deseadas. 

Las personas, desde la infancia y durante la adultez, adoptamos modelos y reglas de las conductas deseadas por nuestros “formadores”, cuando se trata de personas significativas o relevantes para nosotros y cuando nos sentimos competentes por o para hacerlo (Ryan y Deci, 2000). 


Es decir, a través de nuestra vida, las personas recibimos mucha regulación externa cuya función principal es lograr el control de nuestra conducta. En principio, esto no es malo ni bueno; todo depende de cómo adoptemos la regulación externa y de lo que hagamos con ello. 

Desde este punto de vista, los modelos y reglas que otros nos presentan y que adoptamos, se convierten en motivos que guían nuestra actuación. De ahí que la regulación externa, con sus modelos y reglas de conductas, particularmente cuando es adoptada por nosotros, claramente influye en nuestra motivación. 


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sábado, 12 de octubre de 2019

El camino hacia nuestro bienestar psicológico

Cuidado con el papel que juegan nuestras aspiraciones y metas. 



La historia se repite con frecuencia: alguien que lo tiene todo, renuncia a todo para estar cerca de su familia y vivir con tranquilidad. 

¿Qué te hace sentir bien?, ¿Qué te hace sentir mal?, ¿Qué puedes hacer para sentirte mejor? 

Bienestar psicológico


Cuando gozamos de bienestar psicológico: 
  • Tenemos confianza en nuestra capacidad para afrontar los momentos difíciles 
  • Nos aceptamos y amamos como somos 
  • Desarrollamos nuestras competencias y habilidades 
  • Manejamos adecuadamente nuestras emociones 
  • Nos relacionamos eficazmente con los demás 
  • Disfrutamos nuestra vida 
  • Experimentamos un sentido de autodeterminación 

El bienestar psicológico es uno de los aspectos de la salud en general y se convierte en uno de las vivencias más apreciadas en nuestra vida, máxime cuando atravesamos circunstancias difíciles. 

Es variable


Como la mayoría de las experiencias humanas, nuestro bienestar psicológico varía a través del tiempo; incluso, en un momento podemos sentirnos muy bien y al poco tiempo muy mal; también nos puede pasar que en algunos aspectos de nuestra vida estemos bien y en otros no lo estemos. 

Dicho en otras palabras, experimentamos diferentes niveles de bienestar psicológico en cada uno de los momentos y las dimensiones de nuestra vida. 

Depende de la satisfacción de nuestras necesidades


Estos niveles variables de bienestar psicológico dependen, en gran medida, de la satisfacción de nuestras necesidades psicológicas básicas, es decir, la satisfacción o no de nuestras necesidades de competencia, afiliación y autonomía. 

Obviamente, también puede haber diferentes grados de satisfacción de nuestras necesidades psicológicas: en algunas etapas de nuestra vida podremos estar más satisfechos con nuestras relaciones de amistad; en otras, con el desarrollo de nuestras competencias y, en otras, con nuestra propia autonomía. 


El grado de satisfacción de cada una de nuestras necesidades psicológicas básicas dependerá de lo que efectivamente hagamos o dejemos de hacer, es decir, de nuestras propias acciones y omisiones. 

La importancia de nuestras aspiraciones


Nuestra conducta está dirigida, en gran medida, por nuestros deseos y metas. Sin embargo, a veces albergamos aspiraciones que no satisfacen apropiadamente nuestras necesidades psicológicas básicas -relación, competencia y autonomía-, poniendo en peligro nuestro propio bienestar psicológico. 


Por ejemplo, conocemos el caso de muchas personas que habiendo aspirado a cargos de poder o autoridad, terminan por renunciar a ellos cuando sufren infartos, estrés, ansiedad, depresión o el un vacío existencial. 

Como en la caza, en el deporte del tiro al blanco o en la fotografía, es muy importante elegir apropiadamente nuestros objetivos.

Aspiraciones extrínsecas 


Estar a la moda, darle gusto a otra persona, ser aceptados en un círculo social, ganarnos un premio, ser ricos, ser famosos, tener poder, evitar un castigo, son ejemplos de objetivos externos o motivación extrínseca, con muy poca capacidad para satisfacer eficazmente nuestras necesidades psicológicas básicas. 

Aspiraciones intrínsecas


Aprender, desarrollar nuestras habilidades y destrezas, fortalecer nuestros recursos internos y talentos, ser mejores personas, establecer lazos de amistad, respeto y lealtad, disfrutar lo que hacemos, aportarle algo a la comunidad, son objetivos intrínsecos, o motivación intrínseca, con alto impacto en la satisfacción de nuestras necesidades psicológicas y, por consiguiente, en nuestra satisfacción. 


Quienes somos educadores, en los diferentes contextos de la vida, tenemos el deber de generar espacios donde tengan prelación las expectativas, aspiraciones y objetivos intrínsecos.

Así, los niños, jóvenes o adultos a quienes pretendemos ayudar, se enfocarán en actividades que podrán satisfacer sus necesidades psicológicas básicas y evitarán perderse en acciones que favorezcan sólo a terceros o que sean manipuladoras, engañadoras o consumistas. 


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sábado, 5 de octubre de 2019

Autoevaluación: ¿Cómo motivas a otros?

Estrategias para fortalecer la motivación intrínseca. 


¿Qué haces para motivar a alguien que amas o aprecias? 


Cuando alguien cercano a nuestra vida parece que está aburrido o desinteresado, su actitud puede preocuparnos y afectarnos. 

Pensemos, por ejemplo, en un buen amigo, un hijo, un estudiante, un empleado o un compañero de equipo… Si está “apagado” o “desconectado”, es natural que queramos ayudarlo; a veces, tal ayuda se orienta a motivarlo. 

¿Cómo te motivas?, ¿Cómo motivas a otros?, ¿Cuáles son tus recursos internos para mantener tu motivación? 

En una publicación reciente, dijimos que la motivación intrínseca es esa fuerza interior y el gozo que experimentamos cuando una actividad es “realizada por la satisfacción inherente que ocasiona la actividad por sí misma” (Deci y Ryan, 2000).


Elige las acciones que pueden ser más útiles para motivar, “revivir” o “conectar” a alguien frente a una actividad: 

1. Señalarle con paciencia la conducta inadecuada que está teniendo 

2. Ofrecerle o recordarle que puede ganarse un premio o una recompensa tangible 

3. Advertirle con cariño una consecuencia negativa, una amenaza o algo que debe temer 

4. Imponerle con firmeza un plazo para que cambie 

5. Definirle una meta, un logro o un resultado verificable que debe alcanzar 

6. Establecer una fecha límite, que sea razonable, para que alcance una meta o cumpla con algo 

7. Explicarle motivos, resultados o razones que debe tener en cuenta y acoger 

8. Indicarle que está siendo evaluado y que hay notas o calificaciones 

9. Preguntarle qué es lo que quiere hacer o cómo puede aportar 

10. Señalarle aspectos positivos de su comportamiento o actitud actual 

11. Mostrarle logros recientes o aportes importantes que haya hecho 

12. Dar a conocer a otros las “cosas positivas” que tiene o ha alcanzado 

13. Subrayar sus capacidades para realizar las tareas o actividades 

14. Identificar opciones o alternativas entre las cuales puede elegir actividades o compromisos 

15. Involucrarlo en la organización o planeación de la actividad que debe realizar 

Si elegiste algunas de las primeras acciones (1 a 8), podrías lograr el efecto contrario, es decir, disminuir lo poco de motivación intrínseca para la actividad que debe realizar y que puede quedarle en ese momento. 


Si observas con detenimiento, aunque todas las acciones son bien intencionadas, las primeras ocho funcionan como factores externos o ajenos a la conducta que esa persona debe mostrar o la actividad que debe realizar. 

Si elegiste algunas de las últimas acciones (9 a 15), es posible que logres ayudar a esa persona acrecentando su motivación intrínseca para que pueda disfrutar algunas actividades que se requieren. 


Estas últimas siete acciones se refieren a temas relacionados con su competencia, su capacidad para hacer determinadas cosas, y su autonomía, su derecho a elegir por sí mismo. 

Los estudios han mostrado una relación importante en el hecho de fortalecer las competencias de la persona, favorecer un “locus interno de causalidad” -esa sensación de que “yo” causo o elijo mi conducta- (deCharms, 1968) y generar espacios suficientes para que pueda actuar con autonomía (Fisher 1968, Ryan 1982), con el fortalecimiento de la motivación intrínseca. 


Igualmente, la investigación empírica ha llevado a concluir que “las recompensas tangibles (…) las amenazas, las fechas de cumplimiento, las directivas, las presiones de las evaluaciones y las metas impuestas reducen la motivación intrínseca (Deci & Ryan, 1985). 


De manera, que la próxima vez que quieras ayudar a alguien que parece apático o ajeno a alguna actividad no seas simplista ni superficial: no recurras a la palmadita en el hombro, al sentido del “deber” o a un incentivo externo. 


En lugar de ello, conecta a esa persona con sus capacidades, habilidades o talentos y su derecho a escoger las actividades que quiere realizar; si esto último no es posible o hay restricciones significativas, por lo menos, ayúdale a encontrar modos propios, y más gratificantes, de hacer lo que toca. 


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