sábado, 27 de abril de 2019

La vejez no es una carga

Tres enseñanzas de un caso real. 


El cuidado que necesita el anciano promedio, es aún más demandante cuando su salud física o mental se ha deteriorado. Muchos cuidadores colapsan por el estrés, el dolor y el agotamiento que puede significar velar por un anciano enfermo y con algún grado de invalidez. 


¿Qué es lo que más te fastidia de los ancianos?, ¿Qué te preocupa de la vejez?, ¿Qué haces cuando un anciano pide tonterías? 

No obstante, en una familia que conozco, aunque el padre sufría Demencia Senil del tipo Alzhéimer y otras dolencias propias de la edad, hasta el último minuto de vida gozaron su presencia. 


¿Cómo pudo ser que el anciano enfermo no haya significado una inmensa carga de dolor para sus hijos? 

Algunos factores como la unidad familiar, el buen nivel cultural y el respaldo económico, pueden explicar parcialmente la situación, pero el factor que hizo la diferencia fue la actitud comprensiva y lúdica de sus hijos. 

Veamos algunos ejemplos: 


1. Si el anciano, estando en su casa, decía que quería irse ya a dormir a su casa, como si fuera en otro lugar, en vez de confrontarlo y “hacerle ver” que esa era su casa, cualquiera de los hijos optaba por ayudarle a poner el abrigo, entregarle el paraguas, salir con él de la casa, caminar un minuto por la calle, volver a la casa y entrar, para que él se sintiera nuevamente en casa. 


2. Como le encantaba comer en restaurantes, pero le irritaba tener que esperar que le sirvieran y cuando comía regaba mucho en la mesa y en el piso, la familia optó por hacer el pedido por teléfono, reservando una mesa en horario de muy poco público, y a la hora acordada, cuando la comida ya estaba lista para servir, llegaban con un mantel y un tapete de plástico para que su padre pudiera disfrutar de la comida, sin preocuparse por dejar sucio su puesto. 


3. Como también disfrutaba mucho el viajar por carretera y eso se le ocurría a cualquier hora del día o de la noche, simplemente lo ayudaban a subirse al carro y el hijo que fuera a conducir, lo llevaba a dar un paseo por las avenidas más despejadas o por algunas calles de muy poco tráfico, por una o dos horas. 

En estos tres ejemplos, podemos ver que la familia supo transformar la admiración y el amor por el padre que había sido, en comprensión y aceptación por el padre tal y como era en esta etapa terminal de su vida. 


La empatía no se quedó simplemente a nivel de un sentimiento favorable hacia el padre, sino que fue el ingrediente fundamental para relacionarse efectivamente con él: 
  • Validando el mundo subjetivo de su padre: entenderlo, darle la razón, “llevarle la corriente” y ser capaces de hacer compatible la “realidad” vivida por ellos con la “realidad” vivida por su padre. 
  • Dándole gusto, adaptándose con una actitud lúdica, al espíritu “infantil” del anciano, y tomando las cosas con serenidad y por “el lado positivo”. 
  • Acompañándolo a hacer lo que quería hacer, en algunos casos actuando, en el sentido teatral del término y en otros, haciendo los ajustes necesarios para que él pudiera “salirse con la suya” y disfrutar lo que tanto le gustaba. 

Sabemos que hay un costo significativo en el cuidado que debemos a los ancianos, pero lo que esta familia nos enseña es que nuestra actitud puede convertir lo que es una pesada y dolorosa carga, para algunos, en la mejor oportunidad para hacer feliz a un ser maravilloso viviendo los últimos días de su vida. 

Esta familia nos ayuda a descubrir que más allá del anciano demente, siempre hay un ser humano con dignidad, a quien se le debe gratitud y justicia… Así son todos los viejos y así debemos verlos. 

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domingo, 21 de abril de 2019

Ambientes para la autenticidad

Claves para la autenticidad. 


Image by Samuel Bolarinwa from Pixabay

Una youtuber vegana que es pillada comiendo pescado, noticias falsas que se difunden rápidamente, promesas políticas que manipulan a los electores… ¿Qué tienen en común y cómo afectan nuestro proyecto de vida? 


¿Cuáles son tus gustos, preferencias e inclinaciones?, ¿En qué situaciones te sientes más auténtico?, ¿Cómo cuidas tu autenticidad? 

A la youtuber, a las falsas noticias y a las promesas vanas del candidato, les falta autenticidad: el mensaje está distorsionado y el comportamiento de quien lo origina no refleja sus verdaderos pensamientos, sentimientos o acciones. 

Pero lo más grave podría suceder con nosotros mismos, si actuamos como si tales mensajes fueran indudablemente válidos y como si tales personas fueran dignas de nuestra absoluta confianza. Si esto sucediera, dejaríamos de lado nuestra originalidad, creatividad, reflexión y capacidad crítica, que son necesarias para guiarnos por nuestro propio proyecto de vida. 

Image by Gerd Altmann from Pixabay

La falta de autenticidad y la alienación en algunos aspectos de nuestra vida, apalancada por el poder y la dinámica de las redes sociales, la falta de iniciativa como estudiantes o empleados, el rechazo a valores, hábitos, prácticas o tratamientos, que son necesarios para preservar la salud, el planeta y la sociedad, pueden ser el resultado de procesos de socialización deficientes. 


Hay una socialización deficiente cuando algún proceso falla; por ejemplo, cuando la motivación intrínseca del individuo es socavada, desatendida o rechazada o cuando no internalizamos, es decir, no nos apropiamos, de aquello que es conveniente para nosotros mismos. 

Nuestra sociedad y nuestro planeta son viables con la condición de que nosotros mismos reflejemos nuestras virtudes, cualidades y potencial en cada una de nuestras acciones, es decir, con la condición de que nuestra conducta sea auténtica. 


Aunque la autenticidad pareciera una decisión individual, hay que reconocer que también depende de las circunstancias y de los distintos ambientes en los que actuamos: familia, colegio, empresa, partido, iglesia, equipo, por ejemplo. 


Los ambientes que promueven la autenticidad (Ryan y Deci, 2000) son aquellos que: 

1. Estimulan las realizaciones basadas en la motivación intrínseca de sus miembros 

2. Facilitan la internalización y la integración de las regulaciones externas 

3. Apoyan la adquisición y el desarrollo de competencias 

4. Propician la autonomía de los individuos o equipos de trabajo 

5. Impulsan la construcción de relaciones positivas y gratificantes 


De hecho, hay estudios que demuestran la relación de la satisfacción experimentada en los diferentes roles de la vida (hijo, pareja, padre o madre, estudiante, trabajador, vecino, etc.) con el grado en que tales roles apoyan la autenticidad y el funcionamiento autónomo (Sheldon, 1997). 

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sábado, 13 de abril de 2019

Reglas y grados de motivación

La importancia de interiorizar las reglas.


Vivimos en un mundo lleno de reglas: no puedes hacer esto o aquello; sigue las instrucciones; cumple con los procedimientos; desarrolla los hábitos de la efectividad; haz tantas series con tantas repeticiones; haz tales cosas para ser feliz… 


¿Qué es lo que más te gusta hacer?, ¿Cuáles reglas sigues?, ¿Qué actividades realizas sin tener en cuenta reglas?

Las reglas constituyen un componente importante de nuestra vida: muchas de las cosas que hacemos o dejamos de hacer, revelan reglas que hemos adoptado voluntariamente o involuntariamente. 

Las reglas pueden expresarse en forma de preceptos religiosos, morales o éticos; principios ideológicos, políticos, económicos; instructivos, procedimientos, métodos o políticas; creencias, costumbres, ideas, preferencias, gustos; de muchas maneras pero, al fin y al cabo, reglas. 

Nuestra aceptación de las reglas o normas puede variar entre dos extremos: el rechazo radical o la autorregulación. Estos extremos pueden estar conectados por diferentes grados de seguimiento o cumplimiento, es decir, interiorización de las reglas, por parte de las personas (Ryan y Deci, 2000): 

Regulación externa

La regla externa controla nuestra conducta y se asocia, generalmente, a la promesa de una recompensa o a la advertencia de un castigo. 


Regulación introyectada

La regla es adoptada por nosotros, para evitar la culpa o la ansiedad o para demostrar nuestra capacidad y evitar el fracaso, pero no la reconocemos como algo propio. 


Regulación identificada

La regla es aceptada como personalmente importante, por el valor social del comportamiento o para la obtención de metas. 


Regulación integrada

La regla es hecha propia, aceptada de manera íntima y con un sentimiento de elección personal, porque la percibimos compatible con nuestra identidad y congruente con nuestros valores y necesidades. 


Los grados de interiorización de las reglas están asociados con los diferentes grados de la conducta motivada. Por ejemplo, la conducta automotivada está asociada a la regulación integrada. 

También, su interiorización puede estar influida por las interacciones de algunos factores del contexto externo con nuestras necesidades psicológicas. Veamos: 

  • Ambientes flexibles, enfocados en subrayar los motivos para las reglas y su aplicación, en fortalecer el criterio personal y en facilitar que las personas descubramos diferentes maneras de observar y aplicar las reglas, interactúan con nuestra necesidad de autonomía. 
  • El significado social de las reglas, el apoyo para sentirnos relacionados, la experiencia de sentirnos perteneciendo y conectados con otros, interactúan con nuestra necesidad de relación. Por ejemplo, Ryan, Stiller, y Lynch (1994) mostraron que los niños que habían interiorizado más la regulación para mostrar conductas positivas relacionadas con el ambiente escolar, eran los que se sentían firmemente conectados con sus padres y maestros y cuidados por estos. 
  • El grado de complejidad del comportamiento reglado, la posibilidad de desarrollo y aprendizaje de las conductas necesarias, la obtención de resultados satisfactorios con el cumplimiento de la regla y la posibilidad de sentirnos más eficaces, interactúan con nuestra necesidad de competencia. 


En resumen, la educación, la administración y la política podrán ser más eficaces en la regulación de las personas, en la medida de que logren crear ambientes positivos que contribuyan a la satisfacción de nuestras necesidades de autonomía, relación y competencia. 


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sábado, 6 de abril de 2019

¿Pura suerte o poder de la atracción?

La manera como explicamos lo que nos pasa. 



¿Una miradita al horóscopo por si acaso? Tal vez nos anuncie algo bueno o nos advierta a tiempo de un peligro. 

¿O más bien invocamos la “ley de la atracción” y esperamos que todo el universo confabule con nosotros para todo lo bueno que queremos en nuestra vida? 


¿Qué tan influenciable eres?, ¿Te consideras una persona segura?, ¿Qué tanta responsabilidad demuestras por tus acciones o resultados? 

Creer que los astros influyen en nuestro destino individual, que un “experto” puede guiarnos al respecto o que podemos convocar todas las fuerzas universales para que actúen a nuestro favor, es pensamiento mágico que aún subsiste, a pesar de los avances científicos y tecnológicos. 


Aunque tengan mucho en común, son creencias que se ubican en extremos bien opuestos: una cosa es creer que nuestro proyecto de vida está regido externamente por los astros y otra cosa, muy diferente, es creer que tenemos un supuesto poder interior para atraer toda la buena fortuna a nuestra vida. 


La diferencia tiene que ver con lo que algunos psicólogos han denominado “locus de control” (atribuimos nuestro comportamiento al control que ejercen diferentes factores sobre nosotros) o “locus de causalidad” (atribuimos diferentes causas a nuestros resultados). 


Rotter y Murly (1965) propusieron el concepto de “locus de control” para explicar por qué los factores sociales que modelan nuestra motivación y nuestra capacidad para aprender, funcionan de manera diferente entre las personas. 

Más adelante, Deci y Ryan (1985) recogieron el concepto de “locus de causalidad” para indicar las causas o motivos relacionados con diferencias individuales en la adopción de reglas de comportamiento. 


Podemos explicar nuestro comportamiento, o el de los demás, subrayando los factores que regulan y “dan forma” a nuestras respuestas o acciones (en este caso, el concepto más afín es “locus de control”) o podemos poner el énfasis en factores que las originan o generan (“locus de causalidad” sería el constructo más cercano). 

En ambos casos, la expresión “locus” indica un “lugar” o dimensión relacionada con el control de nuestro comportamiento o el origen de nuestra regulación o resultados, así: 
 

  • “Locus externo”: el mundo, la sociedad, la economía, los demás, los premios o castigos, la suerte. 

  • “Locus interno”: la conciencia, el pensamiento, la razón, la voluntad, la motivación personal, el libre albedrío. 

Las explicaciones que demos acerca de nuestro comportamiento pueden ser muy distintas si nos referimos a los factores que lo controlan (“locus de control”), que lo causan (“locus de causalidad”), desde afuera (“locus externo”) o desde adentro (“locus interno”). 

Aunque estos conceptos han sido objeto de bastante controversia entre los docentes e investigadores, es posible que nos preguntemos acerca de su importancia práctica. 


Nuestros resultados, nuestros logros personales, nuestras relaciones interpersonales y, también, nuestro papel social o político, pueden variar enormemente si predomina en nosotros un “locus externo” o, más bien, un “locus interno”. 


En el primero de los casos, estaremos más dispuestos a entregar la responsabilidad de nuestra vida, de nuestra carrera y de nuestra felicidad (o infelicidad) a factores externos y, por lo tanto, ajenos a nuestro control o voluntad. En el segundo caso, nos inclinaremos más a ser los artífices de nuestro propio rumbo y constructores de nuestra vida. 

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