sábado, 27 de abril de 2019

La vejez no es una carga

Tres enseñanzas de un caso real. 


El cuidado que necesita el anciano promedio, es aún más demandante cuando su salud física o mental se ha deteriorado. Muchos cuidadores colapsan por el estrés, el dolor y el agotamiento que puede significar velar por un anciano enfermo y con algún grado de invalidez. 


¿Qué es lo que más te fastidia de los ancianos?, ¿Qué te preocupa de la vejez?, ¿Qué haces cuando un anciano pide tonterías? 

No obstante, en una familia que conozco, aunque el padre sufría Demencia Senil del tipo Alzhéimer y otras dolencias propias de la edad, hasta el último minuto de vida gozaron su presencia. 


¿Cómo pudo ser que el anciano enfermo no haya significado una inmensa carga de dolor para sus hijos? 

Algunos factores como la unidad familiar, el buen nivel cultural y el respaldo económico, pueden explicar parcialmente la situación, pero el factor que hizo la diferencia fue la actitud comprensiva y lúdica de sus hijos. 

Veamos algunos ejemplos: 


1. Si el anciano, estando en su casa, decía que quería irse ya a dormir a su casa, como si fuera en otro lugar, en vez de confrontarlo y “hacerle ver” que esa era su casa, cualquiera de los hijos optaba por ayudarle a poner el abrigo, entregarle el paraguas, salir con él de la casa, caminar un minuto por la calle, volver a la casa y entrar, para que él se sintiera nuevamente en casa. 


2. Como le encantaba comer en restaurantes, pero le irritaba tener que esperar que le sirvieran y cuando comía regaba mucho en la mesa y en el piso, la familia optó por hacer el pedido por teléfono, reservando una mesa en horario de muy poco público, y a la hora acordada, cuando la comida ya estaba lista para servir, llegaban con un mantel y un tapete de plástico para que su padre pudiera disfrutar de la comida, sin preocuparse por dejar sucio su puesto. 


3. Como también disfrutaba mucho el viajar por carretera y eso se le ocurría a cualquier hora del día o de la noche, simplemente lo ayudaban a subirse al carro y el hijo que fuera a conducir, lo llevaba a dar un paseo por las avenidas más despejadas o por algunas calles de muy poco tráfico, por una o dos horas. 

En estos tres ejemplos, podemos ver que la familia supo transformar la admiración y el amor por el padre que había sido, en comprensión y aceptación por el padre tal y como era en esta etapa terminal de su vida. 


La empatía no se quedó simplemente a nivel de un sentimiento favorable hacia el padre, sino que fue el ingrediente fundamental para relacionarse efectivamente con él: 
  • Validando el mundo subjetivo de su padre: entenderlo, darle la razón, “llevarle la corriente” y ser capaces de hacer compatible la “realidad” vivida por ellos con la “realidad” vivida por su padre. 
  • Dándole gusto, adaptándose con una actitud lúdica, al espíritu “infantil” del anciano, y tomando las cosas con serenidad y por “el lado positivo”. 
  • Acompañándolo a hacer lo que quería hacer, en algunos casos actuando, en el sentido teatral del término y en otros, haciendo los ajustes necesarios para que él pudiera “salirse con la suya” y disfrutar lo que tanto le gustaba. 

Sabemos que hay un costo significativo en el cuidado que debemos a los ancianos, pero lo que esta familia nos enseña es que nuestra actitud puede convertir lo que es una pesada y dolorosa carga, para algunos, en la mejor oportunidad para hacer feliz a un ser maravilloso viviendo los últimos días de su vida. 

Esta familia nos ayuda a descubrir que más allá del anciano demente, siempre hay un ser humano con dignidad, a quien se le debe gratitud y justicia… Así son todos los viejos y así debemos verlos. 

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domingo, 21 de abril de 2019

Ambientes para la autenticidad

Claves para la autenticidad. 


Image by Samuel Bolarinwa from Pixabay

Una youtuber vegana que es pillada comiendo pescado, noticias falsas que se difunden rápidamente, promesas políticas que manipulan a los electores… ¿Qué tienen en común y cómo afectan nuestro proyecto de vida? 


¿Cuáles son tus gustos, preferencias e inclinaciones?, ¿En qué situaciones te sientes más auténtico?, ¿Cómo cuidas tu autenticidad? 

A la youtuber, a las falsas noticias y a las promesas vanas del candidato, les falta autenticidad: el mensaje está distorsionado y el comportamiento de quien lo origina no refleja sus verdaderos pensamientos, sentimientos o acciones. 

Pero lo más grave podría suceder con nosotros mismos, si actuamos como si tales mensajes fueran indudablemente válidos y como si tales personas fueran dignas de nuestra absoluta confianza. Si esto sucediera, dejaríamos de lado nuestra originalidad, creatividad, reflexión y capacidad crítica, que son necesarias para guiarnos por nuestro propio proyecto de vida. 

Image by Gerd Altmann from Pixabay

La falta de autenticidad y la alienación en algunos aspectos de nuestra vida, apalancada por el poder y la dinámica de las redes sociales, la falta de iniciativa como estudiantes o empleados, el rechazo a valores, hábitos, prácticas o tratamientos, que son necesarios para preservar la salud, el planeta y la sociedad, pueden ser el resultado de procesos de socialización deficientes. 


Hay una socialización deficiente cuando algún proceso falla; por ejemplo, cuando la motivación intrínseca del individuo es socavada, desatendida o rechazada o cuando no internalizamos, es decir, no nos apropiamos, de aquello que es conveniente para nosotros mismos. 

Nuestra sociedad y nuestro planeta son viables con la condición de que nosotros mismos reflejemos nuestras virtudes, cualidades y potencial en cada una de nuestras acciones, es decir, con la condición de que nuestra conducta sea auténtica. 


Aunque la autenticidad pareciera una decisión individual, hay que reconocer que también depende de las circunstancias y de los distintos ambientes en los que actuamos: familia, colegio, empresa, partido, iglesia, equipo, por ejemplo. 


Los ambientes que promueven la autenticidad (Ryan y Deci, 2000) son aquellos que: 

1. Estimulan las realizaciones basadas en la motivación intrínseca de sus miembros 

2. Facilitan la internalización y la integración de las regulaciones externas 

3. Apoyan la adquisición y el desarrollo de competencias 

4. Propician la autonomía de los individuos o equipos de trabajo 

5. Impulsan la construcción de relaciones positivas y gratificantes 


De hecho, hay estudios que demuestran la relación de la satisfacción experimentada en los diferentes roles de la vida (hijo, pareja, padre o madre, estudiante, trabajador, vecino, etc.) con el grado en que tales roles apoyan la autenticidad y el funcionamiento autónomo (Sheldon, 1997). 

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sábado, 13 de abril de 2019

Reglas y grados de motivación

La importancia de interiorizar las reglas.


Vivimos en un mundo lleno de reglas: no puedes hacer esto o aquello; sigue las instrucciones; cumple con los procedimientos; desarrolla los hábitos de la efectividad; haz tantas series con tantas repeticiones; haz tales cosas para ser feliz… 


¿Qué es lo que más te gusta hacer?, ¿Cuáles reglas sigues?, ¿Qué actividades realizas sin tener en cuenta reglas?

Las reglas constituyen un componente importante de nuestra vida: muchas de las cosas que hacemos o dejamos de hacer, revelan reglas que hemos adoptado voluntariamente o involuntariamente. 

Las reglas pueden expresarse en forma de preceptos religiosos, morales o éticos; principios ideológicos, políticos, económicos; instructivos, procedimientos, métodos o políticas; creencias, costumbres, ideas, preferencias, gustos; de muchas maneras pero, al fin y al cabo, reglas. 

Nuestra aceptación de las reglas o normas puede variar entre dos extremos: el rechazo radical o la autorregulación. Estos extremos pueden estar conectados por diferentes grados de seguimiento o cumplimiento, es decir, interiorización de las reglas, por parte de las personas (Ryan y Deci, 2000): 

Regulación externa

La regla externa controla nuestra conducta y se asocia, generalmente, a la promesa de una recompensa o a la advertencia de un castigo. 


Regulación introyectada

La regla es adoptada por nosotros, para evitar la culpa o la ansiedad o para demostrar nuestra capacidad y evitar el fracaso, pero no la reconocemos como algo propio. 


Regulación identificada

La regla es aceptada como personalmente importante, por el valor social del comportamiento o para la obtención de metas. 


Regulación integrada

La regla es hecha propia, aceptada de manera íntima y con un sentimiento de elección personal, porque la percibimos compatible con nuestra identidad y congruente con nuestros valores y necesidades. 


Los grados de interiorización de las reglas están asociados con los diferentes grados de la conducta motivada. Por ejemplo, la conducta automotivada está asociada a la regulación integrada. 

También, su interiorización puede estar influida por las interacciones de algunos factores del contexto externo con nuestras necesidades psicológicas. Veamos: 

  • Ambientes flexibles, enfocados en subrayar los motivos para las reglas y su aplicación, en fortalecer el criterio personal y en facilitar que las personas descubramos diferentes maneras de observar y aplicar las reglas, interactúan con nuestra necesidad de autonomía. 
  • El significado social de las reglas, el apoyo para sentirnos relacionados, la experiencia de sentirnos perteneciendo y conectados con otros, interactúan con nuestra necesidad de relación. Por ejemplo, Ryan, Stiller, y Lynch (1994) mostraron que los niños que habían interiorizado más la regulación para mostrar conductas positivas relacionadas con el ambiente escolar, eran los que se sentían firmemente conectados con sus padres y maestros y cuidados por estos. 
  • El grado de complejidad del comportamiento reglado, la posibilidad de desarrollo y aprendizaje de las conductas necesarias, la obtención de resultados satisfactorios con el cumplimiento de la regla y la posibilidad de sentirnos más eficaces, interactúan con nuestra necesidad de competencia. 


En resumen, la educación, la administración y la política podrán ser más eficaces en la regulación de las personas, en la medida de que logren crear ambientes positivos que contribuyan a la satisfacción de nuestras necesidades de autonomía, relación y competencia. 


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sábado, 6 de abril de 2019

¿Pura suerte o poder de la atracción?

La manera como explicamos lo que nos pasa. 



¿Una miradita al horóscopo por si acaso? Tal vez nos anuncie algo bueno o nos advierta a tiempo de un peligro. 

¿O más bien invocamos la “ley de la atracción” y esperamos que todo el universo confabule con nosotros para todo lo bueno que queremos en nuestra vida? 


¿Qué tan influenciable eres?, ¿Te consideras una persona segura?, ¿Qué tanta responsabilidad demuestras por tus acciones o resultados? 

Creer que los astros influyen en nuestro destino individual, que un “experto” puede guiarnos al respecto o que podemos convocar todas las fuerzas universales para que actúen a nuestro favor, es pensamiento mágico que aún subsiste, a pesar de los avances científicos y tecnológicos. 


Aunque tengan mucho en común, son creencias que se ubican en extremos bien opuestos: una cosa es creer que nuestro proyecto de vida está regido externamente por los astros y otra cosa, muy diferente, es creer que tenemos un supuesto poder interior para atraer toda la buena fortuna a nuestra vida. 


La diferencia tiene que ver con lo que algunos psicólogos han denominado “locus de control” (atribuimos nuestro comportamiento al control que ejercen diferentes factores sobre nosotros) o “locus de causalidad” (atribuimos diferentes causas a nuestros resultados). 


Rotter y Murly (1965) propusieron el concepto de “locus de control” para explicar por qué los factores sociales que modelan nuestra motivación y nuestra capacidad para aprender, funcionan de manera diferente entre las personas. 

Más adelante, Deci y Ryan (1985) recogieron el concepto de “locus de causalidad” para indicar las causas o motivos relacionados con diferencias individuales en la adopción de reglas de comportamiento. 


Podemos explicar nuestro comportamiento, o el de los demás, subrayando los factores que regulan y “dan forma” a nuestras respuestas o acciones (en este caso, el concepto más afín es “locus de control”) o podemos poner el énfasis en factores que las originan o generan (“locus de causalidad” sería el constructo más cercano). 

En ambos casos, la expresión “locus” indica un “lugar” o dimensión relacionada con el control de nuestro comportamiento o el origen de nuestra regulación o resultados, así: 
 

  • “Locus externo”: el mundo, la sociedad, la economía, los demás, los premios o castigos, la suerte. 

  • “Locus interno”: la conciencia, el pensamiento, la razón, la voluntad, la motivación personal, el libre albedrío. 

Las explicaciones que demos acerca de nuestro comportamiento pueden ser muy distintas si nos referimos a los factores que lo controlan (“locus de control”), que lo causan (“locus de causalidad”), desde afuera (“locus externo”) o desde adentro (“locus interno”). 

Aunque estos conceptos han sido objeto de bastante controversia entre los docentes e investigadores, es posible que nos preguntemos acerca de su importancia práctica. 


Nuestros resultados, nuestros logros personales, nuestras relaciones interpersonales y, también, nuestro papel social o político, pueden variar enormemente si predomina en nosotros un “locus externo” o, más bien, un “locus interno”. 


En el primero de los casos, estaremos más dispuestos a entregar la responsabilidad de nuestra vida, de nuestra carrera y de nuestra felicidad (o infelicidad) a factores externos y, por lo tanto, ajenos a nuestro control o voluntad. En el segundo caso, nos inclinaremos más a ser los artífices de nuestro propio rumbo y constructores de nuestra vida. 

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sábado, 30 de marzo de 2019

La interiorización de las reglas

Un reto para educadores, administradores, religiosos y políticos. 


Una persona que atropella a otros cuando ingresa al transporte masivo, las amigas que conversan o comentan en voz alta la película que estamos viendo, el fanático que riega su cerveza en nuestra espalda, el conductor que se hurga la nariz o el oído en la parada del semáforo, el ciclista que se cree dueño del andén, el comensal que habla porquerías cuando queremos disfrutar en nuestro restaurante favorito, son exasperantes y las calificamos como “mala educación” porque perturban la convivencia. 

¿Qué esperas de una persona bien educada?, ¿Cuáles normas hay en tu familia?, ¿Cuáles son las principales normas en tu vida personal? 


Somos más sensibles a percibir la “mala educación” de los demás que la nuestra, pero con seguridad, nuestros familiares y amigos también han observado conductas criticables en nosotros, por “bien educados” que nos creamos. 

La armonía, compatibilidad y convivencia entre las personas depende, muchas veces, de la observancia de reglas sociales acerca del comportamiento aceptable o deseable y de los que están prohibidos o no son bien recibidos. 


La calificación de un comportamiento como de “buena” o “mala” educación, aceptable o rechazable, se basa en un discurso social que establece reglas y expectativas, premios y castigos. 

Las instituciones más asociadas con la regulación social son la familia, la educación, la administración organizacional, la religión y los tres poderes políticos (ejecutivo, legislativo y judicial). Su denominador común es la regulación, es decir, el propósito de que las personas adoptemos reglas en las más diversas situaciones de nuestro diario vivir. 


Por supuesto que hay diversos estilos de regulación: desde los más autoritarios hasta los más persuasivos, desde los más impositivos hasta los más condescendientes. 

Dependiendo del estilo de regulación, y de otros factores sociales, quien asume la función regulatoria (sea padre o madre, docente, gerente, religioso o funcionario público) tendrá más o menos éxito en hacer que otros adopten las conductas regladas. 


Las reglas, como sucede con la digestión de los alimentos, pueden ser mal o bien masticadas, mal o bien digeridas y mal o bien asimiladas por nosotros, lo cual depende del contenido y el sentido de la regla, del estilo y la personalidad del regulador, y del proceso personal de cada uno de nosotros. 

Los estudios liderados por Deci y Ryan (2000) sugieren que los reguladores podrán ser más eficaces en la medida de que logren crear ambientes positivos que contribuyan a la satisfacción de nuestras necesidades de autonomía, relación y competencia. 

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sábado, 23 de marzo de 2019

Influencers en nuestra vida

Obedecer [aún] está de moda. 


Kylie Jenner, Selena Gómez y Cristiano Ronaldo ganan mucho dinero por sus publicaciones en las redes sociales, gracias a los millones de seguidores que tienen. 


¿Quiénes influencian tu vida?, ¿En qué asuntos te dejas influir?, ¿Cómo manejas esas influencias? 

Tener millones de seguidores en Facebook, YouTube, Instagram o Twitter, los convierte a ellos y a muchos otros, en influenciadores (influencers) en los sectores entretenimiento, turismo, gastronomía, belleza, tecnología, etc. 

“Un influencer es una persona que cuenta con cierta credibilidad sobre un tema concreto, y por su presencia e influencia en redes sociales puede llegar a convertirse en un prescriptor interesante para una marca.” (40defiebre.com) 


Que alguien se convierta en prescriptor de una marca o de un estilo de vida, no es algo nuevo; de hecho, la autoridad que reconocemos a nuestros padres, o a ciertos líderes o gobernantes para prescribir comportamientos, es un factor importante en la cohesión familiar y social. 

Cuando reconocemos la autoridad de alguien, bien porque la ostenta legalmente o le otorgamos cierto liderazgo para influenciar nuestras decisiones y acciones, estamos estableciendo una versión moderna del milenario vínculo de obediencia. 


La obediencia involucra dos momentos y puede definirse operativamente (Isaacs, 1988) como “aceptar decisiones de quien tiene autoridad” (primer momento) y “realizar lo decidido” (segundo momento). 

Nuestra obediencia a las prescripciones de nuestros padres, figuras de autoridad o influenciadores, puede ir desde el sometimiento irracional de nuestra voluntad a las decisiones de otro, hasta una sana apropiación de la experiencia y el conocimiento ajenos. En este sentido, la obediencia puede revelar una limitación personal o una verdadera fortaleza. 


Sin embargo, lo que hace de la obediencia una virtud social es el conjunto de atributos que están ligados a la “verdadera obediencia”: que las decisiones se acepten como propias, la prontitud para realizar los decidido, el empeño para interpretar fielmente la intención de la otra persona y su relación con otros valores. 


Es decir, podemos actuar solo “como si estuviéramos obedeciendo” (de manera exterior) o podemos “obedecer de modo auténtico, voluntario e inteligente” (con verdadero compromiso personal). 

Si acostumbramos obedecer solo de manera exterior es muy posible que estemos fortaleciendo un patrón de comportamiento basado en la obediencia pasiva y la regulación externa de nuestra vida; esta manera de vivir la obediencia está relacionada con lo que podemos llamar la conducta no motivada o, incluso, con la desmotivación (Deci y Ryan, 2000). 

En cambio, si obedecemos a otros en los términos de una virtud social (apropiación, prontitud, empeño y fidelidad), siempre y cuando el asunto no involucre ilegalidad o injusticia, estaremos más cerca de la auténtica motivación (Deci y Ryan, 2000). 


Revisemos a quiénes estamos obedeciendo, cómo lo estamos haciendo y en qué asunto estamos aceptando y ejecutando las decisiones de otros; dependiendo de las respuestas que podamos descubrir, podemos darnos cuenta si estamos cultivando nuestra propia motivación, o no. 

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sábado, 16 de marzo de 2019

Vitalidad, nuestra propia fuente de vida

Capacidad para vivir saludablemente.


Hay momentos en el día que nos sentimos con más energía y llenos de vitalidad; para algunos, puede ser las mañanas, para otros, las noches. Así como nuestra sensación de vitalidad cambia durante el día, también cambia con las circunstancias y con la edad. 


¿Qué revela la vitalidad de nosotros mismos?, ¿Cuándo te sientes más vivo?, ¿Como cuidas y cultivas tu vitalidad? 

Somos seres vivos; estamos constituidos por procesos biológicos que, a nivel molecular, tienen la capacidad de reproducirse y mantenerse de manera constante para preservar nuestra vida. Es el revolucionario concepto de autopoiesis (Maturana y Varela, 1973) de los sistemas vivos. 


La autopoiesis, o vitalidad, se manifiesta como una tendencia al crecimiento, al desarrollo y a la salud, de los seres vivos; como seres humanos no somos la excepción y nuestra vida también es una expresión de vitalidad autopoyética y de esa natural tendencia a vivir en cualquier contexto donde estemos. 

Hay muchos ejemplos de vitalidad: el niño pequeño que quiere estar jugando constantemente y que no quiere dormirse cuando estamos ya rendidos por el sueño, el adolescente que se recupera rápidamente de una cirugía o de una convalescencia, los jóvenes que son capaces de concluir una larga jornada de estudios en una noche de fiesta, hasta la madrugada, los atletas y deportistas en general que muestran gran flexibilidad, fuerza y velocidad en la competencia, las personas cuando se entregan diligentemente a la realización de sus deberes, de su trabajo o del cuidado de otros, los ancianos que sorprenden con su energía y entusiasmo, a pesar de la disminución de su fuerza física. 


Desde el punto de vista psicológico, la vitalidad se relaciona con una vivencia de “interés, excitación y confianza, lo cual a su vez se manifiesta (…) en una elevación de la vitalidad” (Nix, Ryan, Manly, & Deci, 1999). Por eso, es inevitable que asociemos la vitalidad como unos de los rasgos característicos de las personas automotivadas. 

Hay una clara relación entre conducta automotivada y autopoiesis vital. 

En resumen, la vitalidad hace parte de la naturaleza del ser humano, en cuanto somos seres vivos, una tendencia al crecimiento y al desarrollo; es una característica de nuestra capacidad para vivir plenamente y fluir saludablemente por las circunstancias de nuestra vida, aún en los peores momentos. 

Cuidemos y cultivemos, entonces, nuestra vitalidad. 


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sábado, 9 de marzo de 2019

Atrévete a vivir con creatividad

Todos podemos ser muy creativos. 


Los niños pequeños tienen una forma “única” de hacer sus dibujos, contar ocurrencias o imaginar mundos distintos; tú también tienes una forma “única” de pensar, hablar, sentir o relacionarte. 


¿Cómo es tu creatividad?, ¿En qué ocasiones eres creativo?, ¿Cómo cultivas tu creatividad? 

La transformación de servicios tradicionales en nuevas industrias, muchas veces, soportada en plataformas compartidas por proveedores y clientes: el taxi en Uber, la hotelería en Airbnb, la mensajería local en Rappi, es un ejemplo de creatividad humana. 

De manera general, la creatividad puede definirse como cualquier proceso adaptativo al entorno, caracterizado por la originalidad en la realización de algunas actividades o la producción de determinados resultados (Consuegra, 2010). 

Con frecuencia, no somos originales en nuestras actividades o resultados, cuando estudiamos, trabajamos, hacemos ejercicio, cultivamos un arte o participamos en la sociedad. Pero todas las personas podemos actuar con creatividad porque, más que una característica de personalidad, la creatividad es un proceso de pensamiento que puede aplicarse a determinados campos de nuestra vida. 

Entendida como un proceso de pensamiento, la creatividad consiste en establecer nuevas relaciones entre los conceptos o los objetos, que genera cambios significativos y transformaciones (Galimberti, 2002). 

Por ejemplo: 

El propietario de un automóvil particular está acostumbrado a transportar familiares, amigos y conocidos, pero alguien descubrió una relación entre los usuarios de transporte público y el automóvil estacionado en el garaje. 

Muchas personas suelen brindar alojamiento temporal a sus familiares o amigos, pero alguien descubrió una relación entre los viajeros con escaso presupuesto y una habitación disponible en tu vivienda. 

Algunos restaurantes despachan sus comidas a domicilio, pero alguien descubrió una relación entre los negocios que no atienden domicilios y jóvenes desempleados dispuestos a movilizarse en bicicleta. 

En este sentido, todos tenemos la capacidad y la posibilidad de encontrar nuevas relaciones entre los conceptos o los objetos que manejamos en el estudio, trabajo o tiempo libre, porque la creatividad es una tendencia natural en el ser humano y una expresión del vivir. 

De hecho, cada nuevo día tenemos la posibilidad de repetir las actividades, decisiones o relaciones de los días anteriores o la de empezar nuevas actividades, tomar decisiones distintas o cultivar otras relaciones. 

Tal vez, en el pasado, se insistió en la creatividad como un estilo de pensamiento privilegiado o una característica de personalidad de unos pocos; la verdad es que determinadas condiciones educativas o sociales pueden sofocar la natural creatividad de los seres humanos o pueden potenciarla. 

En el caso de los padres de familia, educadores, empresarios o dirigentes, es importante reconocer que la creatividad prospera y se libera en ambientes de autonomía, donde el individuo puede satisfacer sus necesidades psicológicas y tiene la oportunidad de realizar actividades que le interesan y motivan (Deci & Ryan, 1991). 

En cambio, los ambientes excesivamente controladores, dificultan el procesamiento conceptual y creativo en el aprendizaje (Sheldon, Ryan, Rawsthorne, & Ilardi, 1997). 

En conclusión, podemos decir que necesitamos tener una actitud positiva hacia nuestra propia creatividad, de manera que potenciemos la realización de nuestras tareas diarias y aprovechemos oportunidades que nos ofrece el diario vivir; igualmente, para que fomentemos en nuestros hijos, estudiantes o colaboradores, ese enorme capital humano llamado creatividad. 

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domingo, 3 de marzo de 2019

Ese poderoso factor llamado voluntad

La voluntad es una fuerza que se puede desarrollar. 



¿Recuerdas el día que llegaste hasta la cima y te sentiste pleno? Esa cima pudo haber sido la de una pequeña colina en una excursión de fin de semana o un pico nevado en tus vacaciones, aprobar un examen, entregar a tiempo una tarea, superar una entrevista laboral, terminar un proyecto, cumplir una promesa, alcanzar un objetivo, concluir  una dieta, desarrollar una habilidad, lograr una certificación, etc. Llegaste y te sentiste en la cima.

¿Cómo ha influido tu voluntad en tus logros?, ¿En qué necesitas poner más voluntad?, ¿Cómo cambiaría tu vida si tuvieras más voluntad? 

Hay un componente común en todas nuestras experiencias de “llegar hasta la cima”: el ejercicio de nuestra voluntad. 


La voluntad se relaciona con nuestra capacidad de elegir y dirigir nuestras propias acciones, incluso enfrentando obstáculos nuestros o del entorno. En este sentido, en cada una de nuestras decisiones o acciones, se reflejan diferentes grados o intensidades de nuestra voluntad. 

El trabajo que hacemos para “llegar hasta la cima” desarrolla nuestras aptitudes y competencias, así como fortalece nuestra personalidad y le da sentido a segmentos de nuestro vivir. 


Cuando aplicamos toda nuestra voluntad a un objetivo, nos ponemos más cerca de lograrlo porque la voluntad actúa como una fuerza, esto es, como verdadera fuente de energía para realizar lo que nos proponemos. Con verdadera voluntad, los retos se hacen más fáciles o, por lo menos, más probables de ser resueltos. 


El ejercicio de nuestra voluntad nos brinda un sentimiento de autonomía, porque implica integrar nuestras intenciones, motivos y acciones, para “llegar hasta la cima”. 

Por ejemplo, hacer nuestras tareas oportunamente y no a última hora -sean trabajos académicos, pago de servicios públicos, facturas o créditos personales, informes laborales, etc.-, implica que integremos lo que queremos (ser oportunos), con nuestros motivos (estar tranquilos, hacer las cosas bien, sentirnos responsables) y nuestras acciones (hacer nuestras tareas, pagar, entregar los informes). 

Nuestra capacidad para integrar nuestras intenciones, motivos y acciones, es lo que nos permite “llegar hasta la cima” y sentirnos como personas autónomas, con las siguientes ventajas: 

  • Experimentamos lo que hacemos como algo más interesante y agradable. 
  • Resolvemos necesidades específicamente relacionadas con lo que hacemos. 
  • Fortalecemos nuestros intereses y nuestros valores. 
  • Consolidamos nuestro sentido de identidad y conciencia de nosotros mismos. 
  • Sentimos un afecto positivo, alegre y esperanzador. 

La voluntad consciente y oportunamente ejercida en nuestras decisiones o acciones, nos brinda ese sentido de autonomía que no nos pueden brindar los demás, porque es una experiencia que depende sólo de nosotros. Podemos encontrar en nuestro entorno cierta libertad para elegir y actuar, pero la experiencia íntima de autonomía depende de cómo actuemos nuestra voluntad. 


En algunos casos, la voluntad de nuestras decisiones o acciones será lo único que haga la diferencia respecto de otros y en nuestra propia vida. 

¡Nuestra voluntad nos hace más humanos! 

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