domingo, 26 de abril de 2020

Un día de guerra en el año 2050

Lecciones del futuro para proteger nuestra autonomía. 


(Al final, hay un video de esta publicación)

Cualquier parecido con la realidad no es mera coincidencia. 

¿En qué cosas eres autónomo?, ¿Cómo se ha afectado tu autonomía?, ¿Qué puedes hacer para preservarla o recuperarla? 

Año 2050. Diminutas máquinas autorreplicantes están invadiendo el mundo, a gran velocidad, constituyéndose en la peor amenaza para la humanidad. 

No se sabe de dónde provienen pero sí hay evidencia de que estas microscópicas máquinas inteligentes fabrican copias de sí mismas, usando materias primas del ambiente, especialmente de los “cementerios” de residuos químicos peligrosos dispersos por todo el planeta. 

Al parecer, son máquinas portadoras de una peligrosa toxina que asfixia a todos los ciudadanos, por igual, y provoca daños neurológicos, entre los sobrevivientes. 

Ante semejante peligro, la Junta de Gobierno Global envía a las seis Autoridades Regionales de todo el mundo, la orden taxativa de 
“que los Estados Miembros refuercen las actividades de vigilancia para detectar de forma temprana los casos sospechosos (…)”.  

Como respaldo a lo decretado y con el argumento de “salvar vidas”, el Gran Fondo Económico Mundial destina una cuantiosa suma para: 
“Crear sistemas para la vigilancia comunitaria (…) en tiempo real y a través de enfoques proactivos de participación ciudadana basados en evidencias”. 

En lenguaje directo, La Junta de Gobierno Global con los recursos económicos a su disposición, ordena restringir, aún más, las libertades individuales y reportar todo movimiento, ubicación y contacto interpersonal, en tiempo real. 

Inmediatamente, los seis gobernantes Regionales, tres mujeres y tres hombres en un sistema paritario, dan las instrucciones a sus equipos de gobierno para que integren todos los potentes recursos de inteligencia artificial en un único sistema de información planetario. 

El mundo parece unirse nuevamente para enfrentar la gran amenaza. 

Todos los gobiernos locales, algunos actuando con celeridad y otros con pasmosa lentitud, establecen drásticas medidas de bioseguridad y estructuran severos protocolos, en respuesta a las instrucciones de su Autoridad Regional. 

Consecuentemente, amparados en la emergencia de seguridad sanitaria a nivel global, cada gobierno local asigna nuevas responsabilidades a sus ciudadanos e implementa sistemas de monitoreo individualizados para la totalidad de la población. 

Por ejemplo, el gobierno local en nuestra Región, indica que por la necesidad del urgente Sistema de Control Individual, todas las industrias y servicios deben implementar los siguientes controles: 

Primero, “(…) establecer mecanismos de seguimiento y monitoreo y autocontrol de esta actividad en todos los sitios de trabajo”. 

Segundo, “(…) identificar las condiciones de salud (…) (estado de salud, hábitos y estilo de vida, factores de riesgo asociados a la susceptibilidad (…), así como las condiciones de los sitios de trabajo a través de visitas de inspección periódicas”. 

Tercero, “Establecer un sistema de verificación para el control en el momento de la notificación positiva (…) en el que (…) registren todas las personas y lugares visitados dentro y fuera de la operación, indicando: Fecha, lugar, nombre de personas o número de personas con las que se ha tenido contacto, (…)”. 

Y cuarto: “Establecer el canal de información (…) para que informe cualquier sospecha de síntoma o contacto estrecho con personas confirmadas (...)”. 

En resumen, ningún ciudadano escapa a la facultad de control, inspección y vigilancia que tiene nuestro gobierno local. 

Igualmente, en función del Plan de Comunicaciones, el gobierno local ordena: 

“(…) divulgar las medidas contenidas en esta circular y la información sobre generalidades y directrices dadas (…)”. 

“Brindar mensajes continuos a todos los trabajadores y demás personal (…). Se deben utilizar medios de comunicación internos, mensajes por alto parlantes, protectores de pantalla de los computadores, aplicaciones digitales (…). 

“Realizar charlas informativas periódicas (…) respecto de la implementación de medidas de prevención (…), uso adecuado de elementos de protección personal e identificación de síntomas (…)”. 

En resumen, la comunicación entre los ciudadanos es puesta al servicio de los intereses colectivos, interpretados por el gobierno local por instrucciones de la Autoridad Regional con órdenes de la Junta de Gobierno Global. 

El mundo parece haberse unido nuevamente para enfrentar la gran amenaza sanitaria de las diminutas máquinas autorreplicantes afectando los derechos civiles. 

Hoy en pleno 2050, la seguridad global justifica el recorte de los derechos a la autonomía individual y la privacidad de los datos personales. ¿Pero qué podemos aprender de otras experiencias traumáticas en la historia de la humanidad? 

Sin duda, la pandemia que vivió el planeta entre los años 2020 y 2023, nos dejó una lección valiosa: La seguridad colectiva no debe deteriorar la autonomía y la privacidad de las personas, si se tiene en cuentas las siguientes condiciones: 

Primera, la inteligencia artificial es puesta al servicio de los ciudadanos, bajo la modalidad de App´s o herramientas Opt-in, de suscripción voluntaria, con garantía de privacidad de los datos personales. 

Segunda, los protocolos y las herramientas de control, basadas en inteligencia artificial, se diseñan de acuerdo con los valores de las personas objetivo. 

Tercera, los gobiernos locales comunican los valores que quieren proteger, en términos individuales, y las razones que sustentan las estrictas medidas de vigilancia. 

Y cuarta, los ciudadanos comprendemos las razones para la restricción temporal de nuestras libertades y derechos y avalamos los valores que motivan esas medidas sanitarias. 

En este sentido, nuestra historia en la década de los veinte, nos muestra que un diseño inteligente de los sistemas de control, que esté alineado con los valores más preciados de la ciudadanía, respaldado por un proceso de comunicación abierto y transparente sobre las medidas y las razones para el control generalizado, no afecta necesariamente el relativo bienestar psicológico para afrontar ataques como éste. 

Hoy, año 2050, podemos seguir prosperando, si ajustamos nuestro propio sentido de autonomía personal a las circunstancias sociales, generadas por esta amenaza biológica, y logramos que nuestra conducta individual contribuya a la seguridad de todos. 

En síntesis, no podemos seguir interpretando la autonomía como el derecho a “hacer lo que quiero” sino como un sentido de voluntad y elección en lo que hacemos o dejamos de hacer, porque comprendemos el bien común que persiguen las medidas impuestas y reconocemos que están de acuerdo con nuestros valores más preciados. 

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Inspirado en 

Calvo Rafael A, Deterding Sebastian, Ryan Richard M. Health surveillance during covid-19 pandemic BMJ 2020; 369 :m1373 en http://www.bmj.com/content/369/bmj.m1373.abstract

Textos entre comillas hacen parte de: 

Un documento de la Organización Panamericana de la Salud en https://www.paho.org/sites/default/files/2020-02/2020-feb-28-phe-actualizacion-epi-covid19.pdf


Resolución 000666 de 2020 que puede ser consultada en https://id.presidencia.gov.co/Documents/200424-Resolucion-666-MinSalud.pdf

sábado, 18 de abril de 2020

Cinco ventanas más para estar bien

Abramos las diez ventanas para nuestro bienestar. 


(Al final, hay un video de esta publicación) 

El orden en nuestra vivienda, el aire libre (así sea por la ventana), la apreciación de lo bello, la gratitud y el buen humor nos pueden brindar bienestar, aún en los momentos más difíciles. Pero, ¡hay más! 

¿Cómo te ayudas a estar bien?, ¿Y a los demás?, ¿Qué debes hacer para estar mejor? 

En la publicación anterior, ya compartí cinco propuestas para nuestro bienestar. En esta publicación vamos a explorar las cinco más poderosas:

6. Novedad: una apuesta por el cambio 


“Haz algo nuevo cada día. Pruébate en algo que no hayas intentado antes: yoga, pintar, tejer, dibujar, cocinar o escribir. 
No dejes que la monotonía del encierro se imponga sobre tu vida. Reconoce que cada nuevo día está hecho para ser vivido como es: un nuevo día, vivido con nuevas actitudes, retos y comportamientos. 
Disfruta los nuevos lanzamientos de series, películas, documentales. 
Descarga nuevas aplicaciones para aprender, practicar algo y relacionarte con las personas que tú quieres”. 

(Jaime) 

7. Esperanza: una apuesta por la luz 


“Tengamos una actitud positiva y optimista hacia todo lo que está haciendo la humanidad para salir adelante. 
Los esfuerzos de millones de personas para mantener el funcionamiento de la sociedad, para cuidar y proteger a los más necesitados, para desarrollar vacunas y tratamientos efectivos, para brindar herramientas de aprendizaje y colaboración que sean útiles para niños, jóvenes y adultos, etc. 
Estamos atravesando un peligro que, en muchos caso, está sacando lo mejor de nosotros mismos y de nuestros congéneres”. 

(Patty) 

8. Beneficiencia: una apuesta por la bondad 


“Hacer el bien los unos a los otros, no es un mandato divino sino el secreto para cultivar nuestro bienestar cuidando el bienestar de los demás. Es un gana-gana, como se dice hoy en las técnicas de negociación. 
El prójimo son todas las personas cercanas, próximas, a tu vida: tus familiares, tus vecinos, las personas que llegan a tu puerta y las que se cruzan en tu camino. 
La distancia social debe dar cabida a un reencuentro de los corazones: hagamos todo el bien que podamos en estos días para que al superar la pandemia, nuestras actitudes construyan un mundo mejor para todos”. 

(José Juan) 

9. Moralidad: una apuesta por la excelencia 


“Lo que podemos hacer por nuestro bienestar y el de otros, es responder a la principal tarea que tenemos todos los seres humanos: ser la mejor versión de nosotros mismos. 
Los antiguos griegos lo llamaron la virtud, los japoneses nos lo recordaron como la excelencia y nuestros mejores nos lo enseñaron como ser mejores cada día. 
No es un asunto individual porque en eso estamos todas las personas; no lo logramos por separado, porque así nos lo está diciendo los grandes problemas de la sociedad: vencer la desigualdad es un asunto de todos, desacelerar el cambio climático requiere la participación de todos y superar la pandemia no excluye a ninguno. 
Hacernos mejores es cultivar hábitos buenos, para hacer de ésta una mejor sociedad. Y eso lo sabe cada quien de acuerdo con sus responsabilidades”. 

(Tony) 

10. Espiritualidad: una apuesta por la trascendencia 


“Lo esencial es invisible a los ojos; lo más importante de nuestra existencia no siempre es evidente: es un camino que debemos transitar con valentía. 
Comienza y termina con todas las formas de amor generoso e incondicional, porque el amor es lo único capaz de llevarnos a una dimensión más amplia que la que nos muestran los sentidos o la sociedad de consumo. 
Este camino se transita en la intimidad, con meditación, examen de conciencia, oración y buenas obras”. 
(Martha Cecilia)

Son tiempos de gran incertidumbre pero, así como lo hacemos cuando llegamos a una casa que ha estado deshabitada por mucho tiempo, abramos las ventanas para que nuestro hoy y el mañana de todos, se ventilen y se iluminen de una manera diferente. 

El distanciamiento físico es nuestra mejor oportunidad para abrir las ventanas de nuestra vivienda y de nuestro corazón. 

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Inspirado en Martínez Martí, María Luisa. (2006). El estudio científico de las fortalezas trascendentales desde la Psicología Positiva. Clínica y Salud, 17(3), 245-258. Recuperado en 11 de abril de 2020, de http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1130-52742006000300003&lng=es&tlng=es


Y en Martela, F., Ryan, R.M. Distinguishing between basic psychological needs and basic wellness enhancers: the case of beneficence as a candidate psychological need. Motiv Emot 44, 116–133 (2020). https://doi.org/10.1007/s11031-019-09800-x


sábado, 11 de abril de 2020

Cinco estrategias de bienestar en la crisis

¿Cómo podemos cuidar nuestro propio bienestar y el de los demás?


(Al final, hay un video de esta publicación)

Fue la pregunta que le hice a mis contactos. 

¿Qué estás haciendo por ti?, ¿Por los demás?, ¿Qué podrías hacer para estar mejor? 

Recibí decenas de propuestas. Algunas, ya muy conocidas como cierre de fronteras, confinamiento, distanciamiento social, uso de tapabocas y lavado frecuente de las manos, para mantener a raya el Covid-19. Otras, apelaban a lo mejor del ser humano para superar la pandemia. 

De éstas últimas, seleccioné diez respuestas interesantes; las primeras cinco, para esta publicación: 

1. Orden: una apuesta por la armonía 


“Limpiar las cosas y, particularmente, las superficies que más utilizamos, es una media básica de higiene; ordenar, uno a uno, todos los espacios de nuestro hogar, para nuestra tranquilidad; arreglar, regalar o botar lo que no usamos, para cuidar el medio ambiente. 
Nuestro mundo se ha reducido a las cuatro paredes que habitamos y, por ello, es necesario que lo hagamos agradable y protector”. 

(Alejandra) 

2. Aire libre: una apuesta por lo natural 


“Salir al antejardín o al patio de atrás y caminar descalzos sobre la tierra o sobre el pasto. 
Asomarnos al balcón o, simplemente, abrir la ventana. 
Mirar al cielo, a lo lejos, y respirar profundamente varias veces. 
Poner a germinar fríjoles, alverjas o semillas de naranja; cuidar las plantas que tengamos. 
Comer frutas y verduras”. 

(María Victoria) 

3. Belleza: una apuesta por la admiración 



“Descubramos todo lo bello que hay a nuestro alrededor; puede haber mucha belleza en libros y revistas que no hemos vuelto a ver en años; puede haber belleza en pequeños objetos de decoración o regalos que hemos conservado. 
Miremos el amanecer o el atardecer para descubrir sus colores mágicos. 
Descubramos la belleza de los paisajes, de los monumentos famosos, de las ciudades exóticas y de los museos, con recorridos virtuales. 
Los documentales sobre viajes, conciertos o exposiciones de artistas, nos permiten alcanzar lo bello desde nuestras casas”. 
(Miguel)


4. Gratitud: una apuesta por la aceptación 


“Del mismo modo como sonreímos y extendemos las manos para recibir un obsequio, son tiempos para abrir nuestro corazón y recibir las cosas buenas que la vida nos sigue brindando. 
Despertar cada mañana, tener algo para comer, tener un lugar donde vivir, poder estudiar o trabajar en casa, poder hablar con alguien o con quien compartir nuestro café, tener tiempo para ser nosotros mismos, son algunas cosas que aún podemos agradecer. 
Agradecer, de una manera sincera, al portero del edificio, a la empleada que hace el aseo de las zonas comunes, al domiciliario que nos trae la compra, al policía que recorre las calles, al conductor del transporte público, a los campesinos que cultivan lo que comemos, a médicos y enfermeras… En fin, a tantas personas que velan por nuestro bienestar. 
Incluso, las estrictas medidas de confinamiento y distancia social, son motivos de agradecimiento”. 

(Franklin) 

5. Humor: una apuesta por la serenidad 


“Yo recomiendo ver películas entretenidas o comedias, preferiblemente de esas que nos hacen reir a carcajadas. 
Los libros de chistes, las adivinanzas, ya tan olvidadas, o las tiras cómicas, son publicaciones que podemos retomar. 
Los memes, las caricaturas y todas las formas ingeniosas de ver los males que estamos afrontando, pueden ayudarnos a tener calma. 
Hay que hacerle contrapeso al mido, la ansiedad y el fantasma de la depresión. Hagamos más llevadera nuestra vida, encontrando motivos de alegría en lo absurdo o incongruente, viendo la adversidad de manera más benigna y provocando la risa en nosotros mismos o en quienes nos acompañan”. 

(Catalina) 


Nuestra vida siempre pende de un hilo y nada nos garantiza que estaremos entre los sobrevivientes de esta pandemia. Pero mientras vivamos, cinco amigos nos recuerdan que hay mucho que podemos hacer por nuestro propio bienestar y el de los demás. 



La solución también está en nuestras manos… ¡Ojalá, bien lavadas! 

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Inspirado en Martínez Martí, María Luisa. (2006). El estudio científico de las fortalezas trascendentales desde la Psicología Positiva. Clínica y Salud, 17(3), 245-258. Recuperado en 11 de abril de 2020, de http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1130-52742006000300003&lng=es&tlng=es

Y en Martela, F., Ryan, R.M. Distinguishing between basic psychological needs and basic wellness enhancers: the case of beneficence as a candidate psychological need. Motiv Emot 44, 116–133 (2020). https://doi.org/10.1007/s11031-019-09800-x

domingo, 5 de abril de 2020

Entre el malestar y el bienestar en la crisis

Cuatro historias en la pandemia.


(Al final, hay un video de esta publicación) 

Katherine escuchó las noticias de la pandemia, mientras desayunaba en el balcón de su casa que da al campo de golf de su condominio campestre. “¡Qué tragedia tan terrible estamos viviendo!”, pensó. 

¿Cuáles son tus necesidades?, ¿Cuáles son tus condiciones sociales?, ¿Qué haces por tu bienestar? 

Sin embargo, la vida de Katherine sigue siendo más o menos la misma. Como hace parte de la familia propietaria del grupo financiero más poderoso del país, sólo ha tenido que hacer dos o tres ajustes en su estilo de vida para adaptarse a la cuarentena. 

Para Katherine, sus necesidades vitales siempre han estado resueltas y, hasta ahora, parece que seguirá siendo así. Por su situación muy privilegiada, no hay carencias en su vida que le causen malestar, que puedan concretarse en una enfermedad o que amenacen su seguridad de manera inminente, salvo la amenaza global de la pandemia. 

Por otra parte, Katherine experimenta el bienestar que resulta de poder aportar su propio sello personal al trabajo de los demás, de contar con las competencias que necesita para resolver los asuntos empresariales y de mantenerse en contacto con las personas más significativas en su vida. 

En cambio, para su vecina Johanna, las cosas cambiaron radicalmente hace seis días cuando fue diagnosticada con el Covid-19. La debilidad en todo el cuerpo, la dificultad para respirar, la fiebre y la constante tos, no sólo le causan mucho malestar sino que también le afectan el sueño y le hacen temer un desenlace fatal, aunque su médico todavía no ha considerado la hospitalización. 

Independientemente del curso de su enfermedad, Johanna ha venido sintiendo que está a merced del virus, que no tiene la capacidad para enfrentarlo y que el aislamiento la “está volviendo loca”. Su autonomía, sus logros y sus buenas relaciones profesionales, que siempre le habían brindado esa sensación general de bienestar, no evitan su miedo, tristeza y angustia. 

Ayer, mientras Katherine regaba las flores de su antejardín, el médico que atiende a su vecina pasó por el frente y ella aprovechó para preguntarle por Johanna; en la conversación, pensando que tal vez pudiera ayudarla, le ofreció prestado un respirador para la apnea que había comprado hace tres años. Él le contestó que era un equipo muy diferente a los respiradores que se utilizan en las UCI, pero que podría darle un poco de tranquilidad a Johanna y ayudarla a descansar. 

Lo que más la impactó fue toda la carga física y emocional que Luis Carlos está sobrellevando. Turnos de más de doce horas en un hospital de primer nivel y muy pocas horas de sueño han desmoronado, en las últimas semanas, todas las certezas que tenía sobre su capacidad para mantenerse saludable y proteger a su familia. 

Luis Carlos también le comentó que en el hospital, así como él, todo el personal de salud se siente desbordado por las circunstancias e impotente frente a tantos pacientes por atender. 

Las circunstancias del trabajo de Luis Carlos y los riesgos para su salud, le están generando mucho malestar. No obstante, como ama su profesión, tiene una profunda vocación por servir y rige su vida por el principio de hacer el bien a todos, siente que ese desafiante trabajo también es fuente de bienestar para su vida. “Algo paradójico, pero te diría que ser médico es lo peor y lo mejor que me ha pasado”, dijo al despedirse de Katherine. 

En la tarde, Teresa, la empleada doméstica de Johanna, pasó a recoger el respirador y así fue como Katherine se enteró de sus dificultades familiares. Al esposo, lo liquidaron a comienzos de mes y ella no está segura de que pueda seguir trabajando para Johanna porque en su casa le dicen que no se siga exponiendo a un contagio. 

Teresa sabe que su familia ahora depende exclusivamente de su pequeño sueldo, pero comparte claramente el temor de su familia por el riesgo de enfermar, a pesar de los cuidados que está teniendo. “Una no puede ver donde están esos bichos y en cualquier momento me pueden atacar”, le dijo a Katherine. 

Teresa ya sabe lo que es perder, de la noche a la mañana, la mitad del ingreso familiar y no contar con ahorros ni recursos que lo compensen. También se siente desmoralizada por los saqueos de dos tiendas comunales en su barrio, la indisciplina social de muchos y los malos pronósticos de la situación. 

Katherine se conmovió y le dijo que pasara más tarde a recoger algunas cosas de mercado que ella le quería regalar para que llevara a su casa. “¡Cómo le cambia la vida a muchas personas!”, pensó para sus adentros. 

A pesar de estar relacionados en cierta manera, Katherine, Johanna, Luis Carlos y Teresa, están experimentando efectos muy distintos de la pandemia. 

La satisfacción de nuestras necesidades depende, en gran medida, de cómo nos afectan las condiciones ambientales y esto depende, también, tanto de nuestros recursos internos como de las condiciones sociales. El sentimiento de hacer el bien a los demás, puede potenciar nuestra sensación de bienestar

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Basado en 
Martela, F., Ryan, R.M. Distinguishing between basic psychological needs and basic wellness enhancers: the case of beneficence as a candidate psychological need. Motiv Emot 44, 116–133 (2020). https://doi.org/10.1007/s11031-019-09800-x


sábado, 28 de marzo de 2020

Cómo cuidarte con el trabajo en casa

Por tu propio bien.


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En los últimos años se nos ha insistido en que no hay que llevar el trabajo a la casa, pero la pandemia cambió nuestra manera de trabajar. 

¿Qué está pasando con tu trabajo en casa?, ¿Qué cosas no están funcionando bien hasta ahora?, ¿Qué puedes hacer para trabajar mejor? 

Por estos días de distanciamiento social, para evitar el contacto físico con clientes, colegas o proveedores tuvimos que llevarnos todo el trabajo a casa… Incluso, las gestiones laborales o personales que hacemos en diferentes lugares de la ciudad. 

Ahora nos toca ser capaces de continuar con nuestra vida personal y familiar, mientras hacemos bien nuestro trabajo, logramos oportunamente los objetivos desde casa, aportamos nuestro propio sello personal al trabajo de los demás y estamos en contacto con los interesados en nuestras funciones, productos o resultados. 

Hace tres semanas, a Luis Alberto también le tocó llevarse sus dos trabajos a casa: el de continuar siendo su propio jefe en un emprendimiento personal y el de responder por las tareas a cargo en un proyecto de una prestigiosa firma. 

Con esos dos trabajos, Luis Alberto se ha sentido muy bien; ha aprendido mucho, ha desarrollado sus competencias, tiene muchos retos y oportunidades de logro, ha cultivado sus relaciones sociales y ha hecho buenos amigos. 

Pero en los primeros días de trabajar en casa, Luis Alberto sintió que no tenía algunos recursos y elementos habituales para hacer bien su trabajo, que no fue tenido en cuenta en algunas decisiones del gerente del proyecto y que la comunicación con clientes, proveedores o colegas no estaba siendo muy efectiva. 

“Te estoy viendo muy estresado y eso no es bueno para tu salud, con mayor razón en este momento”, le dijo su esposa una mañana. 

Luis Alberto le contó rápidamente sus dificultades y ella le contestó: “Tienes que organizarte por tu propio bien; eso te lo va a agradecer tu propia salud”

Ese día, Luis Alberto hizo una lista de cosas por hacer para poder trabajar en casa, cuidando su equilibrio, tranquilidad y bienestar. Mientras lo hacía, pensó “Ahora soy responsable de tener las condiciones más favorables para trabajar desde acá; al fin y al cabo son mis propias necesidades”

Cogió tres hojas de papel y en cada una escribió una frase: 

En la primera, escribió: “Para poder sentirme efectivo en mi trabajo, hacer mis tareas y cumplir con mis objetivos, voy a:” 

En la segunda, escribió: “Para poder trabajar a mi propio ritmo y poner mi sello personal en todo lo que haga, voy a:” 

Y en la tercera, escribió: “Para mantener una relación positiva con la gente de mi trabajo y aprovechar sus aportes, voy a:” 

Luis Alberto escribió algunas cosas como: organizar mi sitio de trabajo de otra manera, ponerme un horario de trabajo con pausas activas, mandar traer de la oficina algunas cosas, llamar todos los días al gerente del proyecto, llamar a mis clientes y preguntarles si están satisfechos con los productos, descargar la aplicación de chat en mi PC, comunicarme con mis compañeros por video llamada, pedir la opinión de mis colegas, Escribió cada frase en la hoja donde correspondía, de acuerdo con los tres propósitos que se había planteado. 

Este fin de semana, Luis Alberto me contó que haber hecho esas tres listas fue muy conveniente porque ahora siente que sus dos trabajos están avanzando razonablemente, para lo que se puede esperar en las actuales circunstancias, y que él está experimentando un sentido de renovada competencia, autonomía y relación desde casa. 

“Mi forma de trabajar se está ampliando”, fue su frase textual. 

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Basado en "Meeting Your Needs While Working From Home", visto en 

lunes, 23 de marzo de 2020

Yo me quedo en casa

De la obligación a la motivación.


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Disfrutar la magia de los parques de Disneyland en familia, donde las niñas se sienten princesas y los adolescentes experimentan el vértigo en las montañas rusas, ha sido una de las vacaciones soñadas para muchos.

¿Cómo asimilas la obligación de quedarte en casa?, ¿cómo te motivas en estos días?, ¿cómo motivas a los demás?

La familia García López había planeado, con seis meses de anticipación, hacer el viaje de dos horas desde Tijuana hasta los parques de Disneyland, en California, para celebrar el quinto cumpleaños de Valerie, ese 2009.

José Luis, Psicólogo, trabajaba en una refinería del nororiente de México; estaba casado con María Guadalupe, pedagog. A finales de 1992, tuvieron a Francisco, Margarita nació en 1997 y, por último, Valerie, en el 2002.

Para la Semana Santa del 2009, José Luis había pedido tres días compensados por haber trabajado durante una emergencia meses atrás; él volaría tres horas desde Cadereyta hasta Tijuana, donde su familia lo estaría esperando con todo listo para viajar a esas vacaciones soñadas.

La frustración


Lo que no esperaban los García López, es que tres días antes se detectaran los primeros casos de la gripa A-H1N1 en México y que, simultáneamente, los parques de Disneyland anunciaran un cierre temporal para prevenir el contagio de esa enfermedad que ya empezaba a dar señales de pandemia. De manera que José Luis le dijo a María Guadalupe que la cosa se estaba poniendo complicada, cuando la llamó desde el aeropuerto de Cadereyta, antes de abordar.

Cuando llegó a Tijuana, María Guadalupe ya había confirmado el cierre de los parques, que las autoridades fronterizas habían implementado controles adicionales para evitar el ingreso de enfermos a su territorio y que el alcalde había invitado a todos a quedarse en casa.

“Tocó quedarse en casa” fue el baldado de agua fría que cayó sobre toda la familia ese sábado.

“Tranquilos que vamos a hacer todo lo posible para ir tan pronto podamos, tal vez en las próximas vacaciones o a finales de este año”, fue la frase de esperanza que se dijo esa mañana de sábado. El momento, fue muy difícil para todos y cada uno reaccionó de diferente manera por el frustrado viaje.

El más molesto con la situación fue Francisco porque no estaba de acuerdo con no viajar, al menos, a otra parte; Margarita prefirió callar, para disimular su profunda tristeza y Valerie lloró varias veces por no poder abrazar a Blancanieves, Cenicienta, Ariel, Mulán ni Pocahontas.

José Luis y María Guadalupe sintieron que su corazón se les partía de dolor pero sabían que, quedándose en casa, estaban haciendo lo mejor para el bien de la familia. El sábado en la noche, estuvieron hablando de sus hijos y de qué podían hacer para motivarlos a pasar una semana agradable.

Entre el domingo y el lunes las cosas no estaban saliendo bien. Francisco le echaba la culpa a todo el mundo por su encierro, Margarita decía que se sentía aburrida y Valerie perdió su Barbie; María Guadalupe comenzó a sentirse desbordada por los llamados de todos y José Luis tampoco encontró su merecido descanso.

El martes, durante el desayuno, Francisco dijo: “yo les dije que era mejor haber ido a cualquier parte…”; “…que quedarnos aquí”, pensó María Guadalupe; “no hemos hecho nada”, comentó Margarita y “yo no tengo con quien jugar”, se quejó Valerie. Los esposos se miraron y comprendieron que tenían que hacer algo urgente.

La motivación


Por su trabajo, ambos eran expertos en motivación y sabían que las conductas de prevención se basan en la manera como las personas interiorizan las normas y los motivos. “Vamos a aplicar un programa de motivación con nuestros hijos o esto se nos vuelve invivible”, acordaron.

“Lo primero que tenemos que hacer es facilitar que cada uno de ellos, comprenda esta quedada en casa como algo buenos para sus intereses individuales y pasatiempos”, dijo Francisco.

“Y que cada uno se sienta aceptado en nuestra familia, a pesar de que estén molestos o nerviosos”, agregó María Guadalupe.

“En el caso de Francisco, creo que lo mejor es que aproveche estas vacaciones para hacer esos ejercicios que aprendió en el gimnasio. A propósito, ¿al fin le compramos las pesas?”, preguntó José Luis. “Sí, precisamente llegaron la semana pasada, pero no se las he dado”, contestó María Guadalupe.

Y continuó diciendo: “Con Margarita, la cosa tal vez es más fácil; ella ha querido aprender a tejer lana con dos agujas; mi mamá me regaló unas que ya no usaba mucho y se las podemos dar”

“¿Y cómo motivamos a Valerie?”, preguntó José Luis. “Voy a sacarle toda la colección de muñecas y esa casita que le regalamos cuando tenía tres años. Todavía podrá meterse a jugar con las Barbies que es lo que tanto le gusta”.

“Este es un buen comienzo: que los niños comprendan que estar en casa es una oportunidad para hacer lo que más les gusta… ¡Motivación intrínseca pura!”, exclamó José Luis.

Francisco recibió con gusto las pesas, se cambió y se puso a entrenar. En menos de dos horas, Margarita ya había alistado las agujas y lana de diferentes colores; vió tres videos por Youtube. Y Valerie recibió las muñecas y la casita con mucha emoción, como si fuera un regalo nuevo. En fin, parecía que la motivación de los tres brotaba desde muy adentro.

En la tarde, José Luis le preguntó a su esposa: “Corazón, ¿cómo crees que debemos motivarlos cuando no estén haciendo ejercicio, tejiendo o jugando?”.

La ruta de la autodeterminación


“Mira, como el objetivo es motivarlos para estar en casa y que se sientan bien, nos toca seguir la ruta de la autodeterminación”. Para ambos esa ruta era clara y consistía en motivar a cada uno de sus hijos, aprovechando sus propios motivos o reglas, en cuanto fuera posible.

Resumamos rápidamente lo que ellos resolvieron:

Paso 1:


“Todos los días, estando en casa encontrarán momentos para hacer lo que más disfrutan; lo importante es que lo hagan cuando quieran y el tiempo que quieran”, fue la manera como describieron el primer paso de la ruta: motivación intrínseca, donde predomina el interés personal, el gozo y la satisfacción inherente en la realización de la actividad o la aceptación de las restricciones.

Paso 2:


“Vamos a ayudarles a interpretar de manera positiva el hecho de quedarse en casa: Francisco que lo vea como la oportunidad para entrenarse y otra forma de cuidarse; Margarita, que es tan creativa, como oportunidad para desarrollar ese talento y Valerie, como oportunidad para jugar más tiempo e hacerlo también con nosotros”, así aplicaron el segundo paso motivación integrada, donde predomina el sentido de integridad y congruencia de la conducta con la identidad consciente.

Paso 3:


“Vamos a guiarlos para que puedan descubrir otras razones importantes o valiosas, para ellos mismos, de quedarse en casa”, fue la descripción del tercer paso motivación identificada, donde predomina el criterio personal y la percepción del valor o importancia de la conducta específica. 

Paso 4:


“Cuando sea necesario, vamos a recordarle que deben quedarse tranquilos en casa; que esa es nuestra obligación en estos días y que si lo hacen, vamos a encontrar la oportunidad de viajar a Disney”, como una definición del cuarto paso motivación introyectada, donde predomina la invitación al autocontrol o al “asumir tu responsabilidad”, con la expectativa de obtener recompensas externas o evitar castigos de terceros.

Paso 5:


“Finalmente, podemos recurrir a la autoridad del alcalde y a la nuestra, para dejarles muy en claro que todos tenemos que respetar la norma de quedarnos en casa”; así formularon el quinto paso motivación externa, donde predomina el sentido de la obediencia a una figura significativa, también con la expectativa de obtener recompensas externas o evitar castigos de terceros.

Lo cierto es que el resto de la semana fue muy distinta; se respiró un ambiente más relajado y hubo una actitud más positiva en todos. Francisco se ofreció a cortar el césped, Margarita también estuvo pintando con acuarelas, José Luis se encargó de jugar con Valerie y María Guadalupe pudo leer el libro que tenía sobre la mesita de noche.

En fin, cada uno se motivó de manera distinta y el domingo, estuvieron de acuerdo en que haberse quedado en casa no había sido tan malo como parecía al principio, colaboraron con los oficios en casa, jugaron en familia y se sintieron más unidos.


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(Los personajes y los hechos originales de esta narración han sido modificados para preservar la identidad de las personas y contribuir al propósito educativo) 

domingo, 15 de marzo de 2020

¿La música cómo contribuye a nuestro bienestar?

Disfrutar la música nutre tus necesidades psicológicas. 

(Al final, hay un video de esta publicación)


Esta es la historia de cinco amigos que estuvieron en la Academia Infantil de Música hace unos 20 años. 

¿Cuáles fueron las canciones que aprendiste de pequeño?, ¿Cuáles eran los ritmos musicales que te gustaban?, ¿Cuál es tu historia con la música? 

Luciana, fue la más pequeña del grupo; aunque tenía sólo 5 años de edad, su mamá quería que aprendiera a tocar guitarra acústica desde pequeña. 

Isabella, tenía 7 años, cuando fue matriculada por su padre, integrante de una orquesta profesional, para que aprendiera el violín. 

Santiago, que también tenía 7 años, llegó a la Academia sin mucho entusiasmo y por eso la profesora le recomendó la flauta porque “parecía más sencilla de tocar”

Juan José, de 6 años, siempre había mostrado interés por la guitarra eléctrica. 

Y Sofía que, con sus 8 años, cargaba para todas partes su acordeón…, porque su mamá siempre se lo recordaba. 

Resulta que las clases eran 3 días a la semana y, como duraban 2 horas, siempre había un recreo para descansar y comer algo. 

Aunque los cinco niños venían de colegios distintos y sus clases eran en grupos diferentes, por casualidades de la vida, se fueron haciendo amigos durante el recreo y esa amistad se fortaleció en su segundo y tercer año en la Academia, entre risas, juegos y bromas, que aliviaban ese ambiente de disciplina y exigencia en las clases. 

La Academia de Música tuvo que cerrar y estos cinco amigos hicieron el pacto de seguir cultivando la música y reencontrarse 20 años después. 

Pues bien, a medida de que los años transcurrían, los amigos fueron cogiendo caminos diferentes y muy pronto se perdieron la pista. 

El año pasado, Luciana se puso en la tarea de explorar redes sociales para localizar a sus cuatro amigos y preguntarles si todavía querían encontrarse de nuevo. 

No vamos a entrar en detalles, pero Luciana se citó con sus amigos para tomar un café. 

Ese domingo, fueron llegando uno a uno, con curiosidad por ver cómo se veía cada uno y que estaban haciendo en su vida. 

La maravillosa sonrisa de Luciana, que le dio la bienvenida a todos, la cara de sorpresa de Isabella, la emoción de Santiago, la alegría de Juan José y la expresividad de Sofía, pronto inundaron el salón y los demás clientes supieron que algo muy especial estaba ocurriendo en esa mesa. 

Su encuentro ya era suficiente para probar que ese pacto infantil había sido hecho con la fortaleza de una amistad sincera y la intuición de que valdría la pena reencontrarse al cabo de un tiempo. 

Transcurridos los primeros saludos y las preguntas de reconocimiento, Isabella les recordó a todos que se habían comprometido a seguir cultivando la música. 

“Yo me hice musicoterapeuta y creo, sinceramente, que estoy ayudando a las personas a encontrar sosiego y resolver sus problemas, a través de la música”, dijo Isabella para impulsar el tema. 

Juan José compartió. “Yo estudié Administración de Empresas y en mi tiempo libre tengo una banda donde sigo tocando la guitarra eléctrica”

“Soy Ingeniera de Sistemas, con Maestría en inteligencia Artificial”, dijo Sofía y continuó: “Dejé ese bendito acordeón, ya no toco ningún instrumento pero voy todos los miércoles al concierto de la Biblioteca Central”

“¿Y tú qué haces Luciana?”, preguntó Isabella. “Pues les cuento que soy profesora de música en un colegio”

Santiago se unió a la conversación diciendo que él había entrado a la filarmónica donde tocaba saxofón y, algunas veces, la flauta traversa y la trompeta. 

Bueno, la charla de los amigos fluyó de un tema a otro, con el alegre desorden y la empatía de niños; fue cómo si en todo este tiempo, no se hubiera perdido ese lazo auténtico. 

“En últimas, lo que interesa es que todos estamos bien”, comentó Luciana. “Ya ven que todo no fue sufrimiento en esa academia”, dijo Santiago y todos rieron. 

Isabella agregó: “Me estoy dando cuenta que la música ha contribuido a nuestro bienestar, de diferentes maneras” y explicó: 

“Tú, Luciana, nos mostraste lo bien que te hace sentir la música, el cariño que le tienes y el valor que le das en la formación de tus estudiantes; nos mostraste cuán importante es para ti esa capacidad que has desarrollado y la posibilidad de construir tu propio proyecto de vida”. 

“Tú Santiago, nos has hecho sentir que la música es una fuerza poderosa que puede unir a muchas personas y una muestra es que, ahí en la filarmónica, encontraste al amor de tu vida. 

“Sofía: tú nos comentaste que la música te recupera en los momentos de estrés y que te da una sensación muy íntima de autonomía en la vida, levantándote el ánimo y ayudándote a superar los momentos más difíciles”. 

“Y tal vez, así como Juan José nos ha compartido, la música nos está ayudando a nuestro bienestar porque nos está acompañando en la realización de nuestros sueños y propósitos, es decir, en nuestro propio camino de autonomía”. 

Isabella terminó diciendo: “En mi caso yo estoy convencida de que la música me hace sentir muy bien; todo esto de estar investigando la manera como puedo usarla para las terapias y estar facilitando la mejora de mis clientes, me hace extremadamente feliz”

Ese domingo, el reencuentro de los amigos terminó con un nuevo pacto: se comprometieron a crear una escuela-tienda musical para niños y jóvenes que ofreciera oportunidades interesantes y desafiantes para iniciarse en la música y cultivarla, fomentando la libertad de los estudiantes para elegir los instrumentos, los ritmos y la intensidad de su formación, la conciencia del progreso en sus aprendizajes y dominio de la música, y en la construcción de relaciones de amistad y aceptación mutuas. Es decir, una academia centrada en apoyar las necesidades básicas de autonomía, competencia y relación de los estudiantes, como un camino para ayudarles a su bienestar. 

Seguramente, esos cinco amigos ya están cumpliendo su nuevo pacto, haciendo de la música un factor de bienestar. 

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